Trump tensó las relaciones con sus aliados desde que asumió y ahora está pagando el costo en Irán

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PARÍS.– En una de sus célebres ilustraciones, el semanario británico The Economist representó a Donald Trump lanzando con la mano un avioncito que, como un búmeran, da inmediatamente la vuelta y está por estrellársele en la nuca. Una vez más, las imágenes tuvieron más fuerza que las palabras.

La ilustración de Justin Metz en The Economist (Getty images)

Apenas un año después de asumir su segundo mandato presidencial, el jefe de la Casa Blanca se encuentra atrapado en una situación que, por el momento, no parece ser capaz de resolver. Y, como es su costumbre, convencido de que solo le basta ordenar para que el resto del mundo obedezca, parece incapaz de darse cuenta de que todo, en este mundo, termina por pagarse.

En este caso, Trump exige a sus “aliados” europeos y de la OTAN que lo ayuden a ganar la guerra que declaró a Irán junto a Israel, sin consultar a nadie y aparentemente sin medir las consecuencias. Y su indignación ha llegado esta semana al éxtasis, al toparse con el rotundo “no” del resto del mundo occidental.

La OTAN enfrenta un futuro “muy malo” si no ayuda a despejar el estrecho de Ormuz, dijo Trump esta semana al diario Financial Times, aparentemente olvidando que Estados Unidos fundó la organización y la ha liderado desde su creación en 1949. También dijo que no estaba pidiendo sino “ordenando” a siete países que lo ayuden, sin especificar a cuáles. “Estoy exigiendo que estos países entren y protejan su propio territorio, porque es su territorio. Es el lugar de donde obtienen su energía”, agregó, ignorando que la región no es territorio de los miembros de la OTAN y que, si bien es verdad que todos están sufriendo las consecuencias de ese bloqueo, el ataque lo ordenó él.

“Trump no piensa estratégicamente. Tampoco piensa históricamente, geográficamente o siquiera racionalmente. No conecta las acciones que toma un día con eventos que ocurren semanas después. No piensa en cómo su comportamiento en un lugar cambiará el comportamiento de otras personas en otros lugares. No considera las implicaciones más amplias de sus decisiones. No asume la responsabilidad cuando estas decisiones salen mal. En cambio, actúa por capricho e impulso, y cuando cambia de opinión —cuando siente nuevos caprichos y nuevos impulsos— simplemente miente sobre lo que dijo o hizo antes”, analiza Samantha de Bendern, investigadora asociada del Instituto Real de Relaciones Internacionales de Londres.

Banderas ondean al viento frente a la sede de la OTAN en BruselasVirginia Mayo – AP

Para Bendern, en la cabeza de Trump, esas amenazas están justificadas: tiene un problema ahora mismo, y quiere que otros países lo resuelvan.

“No parece recordar ni importarle lo que dijo el mes pasado o el año pasado, ni sabe cómo sus decisiones anteriores moldearon la opinión pública en otros países o dañaron sus intereses. El problema es que el resto del mundo, y en particular sus líderes, sí lo recuerdan y les importa”, agrega.

“Después de insultar a Europa, lanzar una guerra contra Irán sin informar a sus aliados e incluso lanzar amenazas sobre Groenlandia, Donald Trump ahora nos llama cobardes. Esto no es liderazgo, es desprecio. Los aliados no son marginados ni presionados. Se les consulta y se les confía. Europa no será arrastrada a decisiones unilaterales ni a teatrillos geopolíticos. Creemos en la cooperación, la estabilidad y el respeto mutuo. La asociación significa diálogo, no dominación. Somos aliados, no vasallos”, reaccionó esta semana uno de los líderes de los países nórdicos en Bruselas, que pidió no ser nombrado.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se reúne con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, en un aparte de la cumbre anual del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, el miércoles 21 de enero de 2026. Evan Vucci – AP

Pero, ¿qué es lo que recuerdan los aliados de Estados Unidos para que Donald Trump ahora se encuentre en el lugar de cazador cazado? Recuerdan que, durante 14 meses, el presidente estadounidense impuso aranceles, se burló de sus preocupaciones de seguridad y los insultó repetidamente. Ya en enero de 2020, Trump dijo a varios funcionarios europeos que “si Europa está bajo ataque, nunca vendremos a ayudarlos ni a apoyarlos.” En febrero de 2025, le dijo al presidente ucraniano Volodimir Zelensky que tampoco tenía derecho a esperar apoyo, porque “no tenía las cartas”. Trump ridiculizó a Canadá como el “Estado N° 51 de Estados Unidos” y no se cansó de calificar, tanto al primer ministro canadiense actual Mark Carney, como al anterior, Justin Trudeau, de “gobernadores”. Afirmó, incorrectamente, que las tropas aliadas en Afganistán “se quedaron un poco detrás de las líneas del frente,” ofendiendo profundamente a las familias de soldados que murieron luchando, después que la OTAN invocara el Artículo 5 del tratado de la organización en nombre de Estados Unidos, la única vez que lo hizo. Llamó a los británicos “nuestro aliado otrora grande,” después que se negaron a participar en el asalto inicial a Irán. Y cuando el primer ministro Keir Starmer, calificado por Trump de “no ser precisamente un Winston Churchill”, propuso enviar algunos portaaviones al Golfo Pérsico a principios de este mes, ridiculizó la idea en las redes sociales: “¡No necesitamos gente que se una a guerras después que ya las ganamos!”

Trump señaló al primer ministro Starmer que no necesitan de su ayuda en un conflicto que Estados Unidos ya ganóCaptura Truth Social Donald Trump

A veces, ese discurso asimilable al de un niño caprichoso de 12 años, se convirtió en algo peor. Antes de iniciar su segundo mandato, Trump comenzó a insinuar que no descartaba usar la fuerza para anexar Groenlandia, territorio de Dinamarca, un aliado cercano de la OTAN. Para enero de 2026, sus comentarios públicos y privados persuadieron a los daneses de prepararse para una invasión estadounidense. Los líderes daneses tuvieron que pensar si sus militares derribarían aviones estadounidenses, matarían soldados norteamericanos y serían asesinados por ellos, un ejercicio tan desgarrador que algunos aún no se han recuperado. En Copenhague, una aplicación danesa dice a los usuarios qué productos vienen de Estados Unidos, para que no los compren. Desde entonces es la aplicación más popular del país.

Pero el daño económico no es un troll. Durante 2025, Trump impuso aranceles a la Unión Europea, Gran Bretaña, Japón y Corea del Sur, a menudo de manera aleatoria —o caprichosa— y sin pensar en el impacto. Subió los aranceles a Suiza porque no le gustaba el presidente de ese país, luego los bajó después de que una delegación empresarial suiza le llevara regalos, incluyendo una barra de oro y un reloj Rolex. Amenazó con imponer aranceles del 100 % a Canadá, si Ottawa se atrevía a hacer un acuerdo comercial con China. Sin preocuparse por posibles conflictos de interés, negoció acuerdos comerciales con Vietnam, mientras su hijo Eric Trump iniciaba un proyecto de campo de golf de 1500 millones de dólares en ese país.

Los europeos podrían haber tolerado la invectiva e incluso el daño comercial si no fuera por la amenaza real que Trump ahora representa para su seguridad.

Durante 14 meses, ha alentado la agresión rusa a pesar de hablar de paz. Dejó de enviar ayuda militar y financiera a Ucrania, dando así a Vladimir Putin una renovada esperanza de victoria. Su enviado, el promotor inmobiliario Steve Witkoff, comenzó a negociar abiertamente acuerdos comerciales entre Estados Unidos y Rusia, aunque la guerra sigue su curso y los rusos jamás aceptaron un alto el fuego.

El presidente ruso, Vladimir Putin, recibe en Moscú al enviado de Trump, Steve Witkoff Gavriil Grigorov – Pool Sputnik Kremlin

Witkoff se presenta ante los líderes europeos como una figura neutral, en algún punto entre la OTAN y Rusia, como si Estados Unidos no fuera el fundador y líder de la OTAN, y como si la seguridad europea no fuera de especial interés para Estados Unidos. Trump mismo sigue arremetiendo contra Zelensky y mintiendo sobre el apoyo estadounidense a Ucrania, que describe repetidamente como de 300.000 millones de dólares o más, cuando la cifra real está más cerca de 50.000 millones, en tres años. Al ritmo actual, a un costo estimado por algunos de 1000 millones de dólares diarios, Trump gastará esa cantidad en tres meses en Medio Oriente, después de empecinarse en iniciar una guerra, en vez de intentar detener una.

Y ahora, cuando la guerra que está “ganando todos los días” desde hace tres semanas, sin conseguir, sin embargo, que el detestable régimen de los mullahs iraníes se dé por vencido, “exige” que sus “aliados” de la OTAN, se lancen en una operación masiva para desbloquear el estrecho de Ormuz.

“No vamos a ceder al chantaje”, afirmó el canciller austríaco, Christian Stocker, el jueves, a su llegada a Bruselas para una cumbre de los Veintisiete. El presidente del Gobierno español Pedro Sánchez volvió a condenar una guerra “ilegal”. Muchos europeos, al igual que Emmanuel Macron, están preocupados por una “escalada imprudente” en una guerra que consideran que no es la suya.

“Visiblemente no hay nadie en su entorno que le recuerde a Trump que la OTAN no es un conjunto de legiones extranjeras a su disposición, sino una alianza defensiva contra el peligro venido del Este de Europa. Persisto en pensar que hay que tomar en serio a quien quedará para siempre como el peor presidente estadounidense y una inmensa mancha en la bandera estrellada. Los dirigentes europeos acaban de despertar para hacerle entender que no estábamos bajo órdenes. Pero algún día habrá que asegurar el estrecho de Ormuz. Pongamos nuestras condiciones para nuestra participación”, afirma el general Nicolas Richoux, excomandante de la 7ª. brigada blindada, agregado defensa en Berlín e historiador.

Tras el bombardeo nocturno de Israel a un campo gasífero iraní, y las represalias de Teherán en Qatar contra el mayor sitio de producción del mundo, Macron, que habló el jueves con Trump, exige “el regreso a la negociación, el regreso al diálogo y la desescalada”, así como una “moratoria” de los ataques a infraestructuras civiles. El británico Starmer, por su parte, ha “condenado con la mayor firmeza” estos ataques “impactantes”, que hicieron subir 35 % los precios del gas durante el día y podrían provocar una crisis energética duradera.

“Debemos buscar una salida a esta guerra en lugar de una escalada”, abogó la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas. “Los combates deben cesar”, urgió Friedrich Merz. El jueves por la noche, los líderes de la Unión Europea acordaron pedir una moratoria sobre los ataques a infraestructuras energéticas, al tiempo que llamaban a aprender las “lecciones” de 2015 para evitar una crisis migratoria.

Trump recibe en la Casa Blanca al canciller alemán, Friedrich Merz, el pasado 3 de marzoANDREW CABALLERO-REYNOLDS – AFP

Por ahora, tras mostrar su rechazo a dejarse arrastrar al conflicto a pesar de sí mismos, los europeos buscan qué papel pueden desempeñar en su resolución. Siempre preocupados por mantener el vínculo entre ellos y su imprevisible aliado estadounidense, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, se mostraba esta semana “confiado” en la posibilidad de encontrar una vía para desbloquear el estrecho de Ormuz.

Y en efecto, unos 20 países, entre ellos Francia, se declararon este sábado “listos para contribuir a los esfuerzos” necesarios para la reapertura del estrecho de Ormuz, bloqueado de facto por Irán desde el inicio de la guerra. ¿Cuáles habrán sido las exigencias presentadas a Trump para tomar esa decisión? Las próximas semanas nos lo dirán.