WASHINGTON.- El intento de Irán de atacar una base militar conjunta de Estados Unidos y Gran Bretaña en el océano Índico, a unos 4000 kilómetros de distancia de Teherán, encendió una nueva señal de alarma en plena escalada en Medio Oriente: ¿hasta dónde puede proyectar su poder militar Teherán?
El viernes, fuerzas iraníes lanzaron dos misiles contra la base de Diego García, un enclave estratégico en el Índico utilizado por Washington y Londres. Según un funcionario estadounidense, uno de los proyectiles falló en pleno vuelo y el otro fue interceptado por un buque de guerra norteamericano. Más allá del fracaso operativo, el dato que sorprendió a los servicios de inteligencia fue la distancia del ataque, muy por encima de lo que habitualmente se le atribuía al arsenal iraní.
“Irán ha hecho de su programa de misiles una prioridad durante años”, explicó Tom Karako, director del Proyecto de Defensa de Misiles del Center for Strategic and International Studies. “No sorprende que ese trabajo haya derivado en capacidades mayores a las que se reconocían públicamente”.
“Irán ha convertido su programa de misiles en una prioridad máxima durante muchos años y ha exhibido planes de motores de combustible sólido”, explicó Tom Karako, director del Proyecto de Defensa de Misiles del Center for Strategic and International Studies. “No sorprende que ese trabajo sostenido haya derivado en capacidades más importantes que algunas de las estimaciones públicas más optimistas. Esta es una de las razones por las que Estados Unidos y nuestros aliados europeos han estado desplegando sistemas de defensa antimisiles desde hace bastante tiempo.”
Hasta ahora, Teherán había sostenido que limitaba el alcance de sus misiles a menos de 2000 kilómetros. Sin embargo, el intento sobre Diego García —aunque fallido— sugiere que podría estar experimentando con sistemas de mayor alcance o combinaciones tecnológicas no declaradas. Con ese nivel de alcance, Teherán podría llegar a las principales capitales europeas.
Algunos analistas creen que Irán pudo haber utilizado tecnología de su programa espacial para el lanzamiento. “Si tenés un programa espacial, tenés un programa de misiles balísticos”, señaló Steve Prest, comodoro retirado de la Marina Real británica. Esa posibilidad refuerza una preocupación de larga data en Occidente: la dualidad entre desarrollos civiles y militares en la industria aeroespacial iraní.
El episodio también dejó al descubierto las limitaciones del arsenal iraní. Cuanto mayor es la distancia, menor es la precisión y la fiabilidad de los misiles. El hecho de que uno haya fallado y el otro haya sido derribado refuerza la idea de que, si bien Irán podría estar ampliando su alcance teórico, todavía enfrenta serias dificultades para ejecutar ataques efectivos a larga distancia.
Aun así, el movimiento tiene implicancias estratégicas. Un alto funcionario militar occidental sostuvo que el objetivo podría no haber sido impactar el blanco, sino obligar a Estados Unidos a dispersar sus sistemas de defensa más allá del Medio Oriente. Es decir, ampliar el teatro de tensión y elevar los costos de protección.
El ataque se produjo además en un momento delicado. Gran Bretaña acababa de autorizar un uso ampliado de sus bases por parte de Estados Unidos, incluida Diego García, desde donde podrían lanzarse operaciones contra posiciones iraníes vinculadas a ataques en el estrecho de Ormuz. Londres, que no participa directamente en los bombardeos, calificó las acciones de Irán en la región como una amenaza para sus intereses y aliados.
El trasfondo del episodio es un debate abierto en Washington. Un informe reciente de la Agencia de Inteligencia de Defensa concluyó que Irán aún no posee misiles balísticos intercontinentales capaces de alcanzar territorio estadounidense y que podría tardar hasta una década en desarrollarlos. Esa evaluación fue respaldada esta semana por la directora de inteligencia nacional, Tulsi Gabbard.
Pero otras voces advierten que los plazos podrían ser mucho más cortos. El senador republicano Tom Cotton sostuvo que Irán podría desarrollar un misil intercontinental en apenas seis meses si combina su tecnología de lanzamiento espacial con sus sistemas de alcance medio. El director de la CIA, John Ratcliffe, coincidió en que el riesgo es real, aunque evitó fijar un horizonte temporal.
Agencia AP y diario The New York Times