Los puntos inciertos del plan de Trump para Venezuela y el “pecado supremo” que condenó a Machado

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WASHINGTON.- El temerario operativo para capturar al autócrata venezolano Nicolás Maduro en su propia casa fue un éxito táctico asombroso del gobierno de Donald Trump, pero en Caracas el humo empieza a dispersarse y lo que aparece es la incertidumbre y la complejidad que enfrentará Washington en los próximos meses para “conducir” Venezuela, según las triunfales palabras del presidente norteamericano.

Para empezar, los que ocupan el poder en Caracas son los aliados de Maduro, y algunos siguen arengando contra el “imperialismo” de Estados Unidos. Además, los líderes de la oposición elegidos democráticamente siguen efectivamente en el exilio y fueron relegados sin ningún miramiento por el gobierno de Trump. Y la Casa Blanca sigue dando a entender que está lista para lanzar otras operaciones militares, no solo contra Venezuela, sino contra otros países de la región a los que ve como enemigos, entre ellos, Colombia y Cuba.

El presidente norteamericano, Donald Trump, supervisa operaciones militares de Estados Unidos en Venezuela, en Palm Beach, Florida, el 3 de enero de 2026Molly Riley – The White House

Marco Rubio, secretario de Estado y un veterano halcón sobre Venezuela que ahora es la cara visible de la política de Trump para ese país, se irritó visiblemente cuando le preguntaron repetidamente que explicara cómo piensa Estados Unidos controlar Venezuela sin recurrir a una invasión y reconstrucción nacional como las que llevaron a un atolladero en Irak y Afganistán.

“Lo que estamos ‘conduciendo’ es la dirección que esto tomará de ahora en adelante”, declaró Rubio el domingo en un programa de la cadena ABC News, y agregó que Estados Unidos seguirá presionando con restricciones al comercio del petróleo venezolano.

El presidente norteamericano, Donald Trump, durante una rueda de prensa en Mar-a-Lago, el sábado 3 de enero de 2026, en Palm Beach, FloridaAlex Brandon – AP

El objetivo, dijo Rubio, sería impedir que Venezuela haga cosas en contra de los intereses de Estados Unidos. “¿Dejarán de mandar droga? ¿Harán cambios? ¿Expulsarán a los iraníes? ¿Se detendrá el patrón migratorio?”, se preguntó Rubio.

Pero a bordo del Air Force One, el domingo por la noche, Trump dijo otra cosa. “Lo que queremos es arreglar lo del petróleo, arreglar el país, recuperar el país y después celebrar elecciones”, les dijo Trump a los periodistas durante su vuelo de regreso a Washington desde Florida. El presidente también dijo que una acción militar en Colombia le “sonaba bien” y que pensaba que Cuba estaba “a punto de caer” sin necesidad de intervención norteamericana.

No se sabe cómo hará Estados Unidos para manejar en la práctica la compleja negociación que hace falta en Venezuela. El sábado Trump dijo que había un grupo de trabajo de asesores de alto nivel que estaba profundamente involucrado en la planificación del futuro de Venezuela, pero sin dar precisiones sobre sus funciones y responsabilidades.

Rubio está personalmente enfocado en el programa, pero concentra tantos cargos en el gobierno que es poco probable que tenga tiempo de ocuparse de la gestión diaria de Venezuela, según varios funcionarios de la Casa Blanca.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habla con periodistas a bordo del Air Force One durante su regreso a Washington, el 4 de enero de 2026JIM WATSON – AFP

Tras haber desmantelado gran parte de la infraestructura de política exterior de Estados Unidos, para manejar asuntos cruciales como su plan de paz en Gaza, las negociaciones entre Ucrania y Rusia, y ahora Venezuela, actualmente Trump depende de un pequeño número de funcionarios y socios comerciales de confianza.

El staff del Consejo de Seguridad Nacional fue desmantelado y el gobierno sigue sin nombrar a un subsecretario de Estado para el Hemisferio Occidental. Según una persona al tanto de las conversaciones, tras la salida de Maduro la Casa Blanca está evaluando darle rol más destacado en la supervisión de las operaciones en Venezuela a Stephen Miller, vicejefe de Gabinete de Trump y asesor de seguridad nacional.

Nicolás Maduro es visto esposado tras aterrizar en un helipuerto de Manhattan, el 5 de enero de 2026, en la ciudad de Nueva YorkXNY/Star Max – GC Images

Miller es el artífice de la política anti–inmigratoria y fronteriza de la Casa Blanca y desempeñó un papel central en los esfuerzos por derrocar a Maduro. También fue uno de los pocos altos funcionarios del gobierno que acompañaron al presidente durante la conferencia de prensa del sábado en Mar-a-Lago.

Mientras tanto, en Venezuela, las fuerzas armadas reconocieron como presidenta interina a Delcy Rodríguez, vicepresidenta de Maduro hasta su captura.

Después de la operación Delta Force para capturar al presidente venezolano y a su esposa, Rodríguez habló con Rubio, una conversación que Trump describió como “amistosa”, y el domingo por la noche la ahora presidenta interina hizo declaraciones cautamente conciliadoras dirigidas a Trump.

Aunque según varios funcionarios en Venezuela ya no hay tropas norteamericanas, uno de ellos aclara que en el Caribe hay una docena de buques de guerra, decenas de aviones de combate, drones, aeronaves de vigilancia y unos 15.000 soldados “a la espera”, en caso de que el presidente ordene un segundo ataque.

Según un dirigente empresarial venezolano, el gobierno de Trump está siendo pragmático al trabajar para lograr una transición política “ordenada”. El empresario dice que en los últimos meses los funcionarios norteamericanos parecían particularmente interesados ​​en saber más sobre Rodríguez, a quien describe como una líder pragmática que ha formado un equipo para aportar nuevas ideas al Estado socialista fundado por el expresidente Hugo Chávez.

Un simpatizante del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el 5 de enero de 2026 en Nueva YorkBRYAN R. SMITH – AFP

Su desafiante discurso del sábado, según el empresario, fue probablemente un mensaje dirigido a su propio pueblo y no debería interpretarse necesariamente como una falta de voluntad de colaborar con el gobierno de Trump.

Al detener solo a Maduro y a su esposa y permitir que la mayor parte del gobierno venezolano permanezca en el poder, al menos por ahora Estados Unidos parece estar eligiendo un camino que le evita la necesidad de tener una presencia militar constante en Venezuela y enfrentar consecuencias legales.

Esto no fue una invasión. No fue una operación militar prolongada. Fue una operación muy precisa de apenas un par de horas”, declaró Rubio el domingo en un programa de la cadena NBC.

El día anterior, Trump había desestimado las posibilidades de la oposición venezolana de ponerse al frente del gobierno, incluyendo a la ganadora del Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, y de Edmundo González Urrutia, que en las elecciones del año pasado obtuvo más de dos tercios de los votos, un resultado que Maduro se negó a aceptar.

“Le costaría mucho ser la líder”, dijo Trump el sábado cuando le preguntaron sobre Machado, y agregó que “no cuenta con el apoyo y el respeto necesarios en su país”.

Un simpatizante del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, frente a manifestantes que critican la acción norteamericana, el 5 de enero de 2026 en Nueva YorkTIMOTHY A. CLARY – AFP

Según una persona cercana al equipo de Machado, que el mes pasado escapó clandestinamente de Venezuela con la ayuda de Estados Unidos para asistir a la ceremonia del Premio Nobel en Noruega, el círculo de la dirigente opositora quedó azorado por las declaraciones de Trump.

El domingo, Machado y sus partidarios arengaron una vez más a la diáspora venezolana a manifestarse en las calles, pero con los dos dirigentes opositores más importantes fuera del país —González se autoexilió en España tras las elecciones del año pasado y se desconoce el paradero de Machado—, poco pudieron hacer para movilizar una respuesta dentro de Venezuela. Un dirigente de la oposición venezolana que habló bajo condición de anonimato para referirse a discusiones internas dice que en el movimiento opositor las declaraciones de Trump fueron difíciles de digerir, pero que “en toda transición hay que aceptar tragos amargos”.

Mujeres caminan junto a un grafiti contra el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en Caracas, el 5 de enero de 2026JUAN BARRETO – AFP

El dirigente agrega que las próximas 48 horas pueden ser cruciales para esclarecer si Rodríguez pone en marcha una “transición suave”, reemplazando a ministros de línea dura, o más bien sigue el mismo gobierno de Maduro pero “bajo tutela gringa”.

Dos fuentes cercanas a la Casa Blanca aseguraron que el desplante de Trump hacia Machado, a pesar de los recientes esfuerzos de la dirigente para halagarlo y congraciarse con él, se debe a su decisión de aceptar el Premio Nobel de la Paz, un galardón que el presidente codiciaba abiertamente.

Aunque en su discurso Machado finalmente le dedicó el premio a Trump, haberlo aceptado fue un “pecado supremo”, según una de las personas.

Venezolanos festejan en el Obelisco la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela y la captura del expresidente Nicolás MaduroSantiago Oroz

“Si lo hubiera rechazado y hubiera dicho: ‘No puedo aceptarlo porque es de Donald Trump’, hoy sería la presidenta de Venezuela”, dice la fuente de la Casa Blanca.

Desde la Casa Blanca insisten en que los ricos yacimientos petrolíferos de Venezuela son un incentivo para que Rodríguez colabore con Washington y al mismo tiempo le dan a Estados Unidos un elemento de presión si la presidenta interina se niega a cooperar. Sin embargo, los expertos están desconcertados por la promesa de Trump de asumir el control de la industria petrolera venezolana, devolviéndole “activos” a empresas norteamericanas cuyos contratos fueron anulados hace décadas, cuando esa industria fue estatizada.

En Venezuela ya operan varias energéticas occidentales, entre ellas la norteamericana Chevron, la española Repsol, la francesa Maurel & Prom y la italiana Eni. Sin embargo, quien compra la mayor parte del petróleo venezolano y con gran descuento es China.

Traducción de Jaime Arrambide