El oleoducto que termina en Punta Colorada, una cosecha de maíz de 44 millones de toneladas y las plantas de litio que maduran en la Puna no tienen demasiado en común. Pero este año empujan todos el mismo número, uno que la Argentina viene rozando desde hace 15 años sin poder alcanzarlo.
Las exportaciones de bienes tocaron un techo en 2011, retrocedieron durante casi una década, se recuperaron en 2022 y volvieron a caer con la sequía. En ningún momento de esa historia el país logró venderle al mundo más de US$90.000 millones en un año.
La Argentina está a punto de cruzar por primera vez la barrera de los US$100.000 millones en exportaciones de bienes. La consultora LCG proyecta ventas externas por US$103.740 millones para 2026, un salto del 19% contra los US$87.111 millones del año pasado y un récord que deja atrás el máximo de 2022. Otras consultoras son más cautas y creen que el hito puede demorarse hasta el año próximo, pero coinciden en que el país entró en un escalón exportador que no conocía.
Los datos de julio lo anticipan. Las exportaciones sumaron US$8854 millones y el superávit comercial de los primeros siete meses trepó a US$16.080 millones, contra US$3370 millones en igual período de 2025. LCG proyecta un saldo superior a los US$20.000 millones para el año.
El crecimiento es transversal, pero con motores claros. Los productos primarios aportan cerca de un tercio de la suba, empujados por una cosecha récord de maíz —44 millones de toneladas contra 29,5 millones el año pasado— que más que compensa la caída del poroto de soja. El litio crece 154% y se acerca a los US$2000 millones. Y combustibles y energía explican otro cuarto de la suba: en julio, ese rubro casi duplicó sus ventas externas contra el mismo mes de 2025.
El petróleo es el caso más nítido. La producción alcanzó un récord de 916.200 barriles diarios en julio, y el sector pasó de un déficit comercial de US$4300 millones en 2022 a un superávit proyectado de US$8000 millones para este año. Es un vuelco de más de US$12.000 millones en divisas en apenas cuatro años.
La suba del precio internacional por la guerra en Medio Oriente llegó, además, en el momento justo, cuando el país destraba sus cuellos de botella de transporte. El oleoducto VMOS, de 437 kilómetros entre Vaca Muerta y Punta Colorada, sumará 550.000 barriles diarios de capacidad a partir de febrero próximo.
El cambio de perfil ya se ve en el ranking. Según la consultora Empiria, en el primer semestre el petróleo pasó a ser el segundo complejo exportador, detrás de la soja, cuando en 2023 estaba cuarto. También cambiaron los destinos. China, India y el sudeste asiático se llevan hoy un cuarto de las ventas argentinas, mientras el Mercosur y el resto de América Latina bajaron del 37% al 29% desde 2023.
Y si no se concreta este año, se concretará el próximo. La consultora 1816 sostiene que el rally de granos, con la soja a US$480 la tonelada, las proyecciones de un intenso fenómeno del Niño y el crecimiento de Vaca Muerta permiten ilusionarse con un 2027 inédito, bien por encima de los US$100.000 millones.
Por qué el récord todavía no alcanza
La economía argentina discutió durante medio siglo cómo conseguir dólares. Devaluaciones, retenciones, cepos, blanqueos y acuerdos con el Fondo fueron respuestas distintas a la misma pregunta. El récord exportador contesta en parte, pero abre otra pregunta. ¿Qué pasa con esos dólares una vez que entran?
El primer problema es el colchón. Las reservas brutas del Banco Central (BCRA) equivalen al 7,5% del PBI, contra un promedio regional del 14% y un 25% en el caso de Perú, según cálculos de Matías Rajnerman, economista del Banco Provincia. La Argentina genera divisas como nunca, pero acumula menos que sus vecinos.
En paralelo, la compra neta de dólares sin fines específicos del sector privado alcanzó en julio los US$3143 millones, el máximo desde la elección de 2025. Para 1816, ese número admite dos lecturas opuestas: puede ser síntoma de una caída en la demanda de pesos —algo malo— o simplemente el resultado de una mejora de la cuenta corriente que no vino acompañada de mayor apetito por activos locales, en cuyo caso no sería mala noticia.
El segundo problema es el reverso del primero. La economía no crece al ritmo que se esperaba y, por lo tanto, tampoco importa. “La Argentina hace 15 años que no crece. Vaca Muerta, más la minería que arranca en 2029, es toda oferta, pero falta la demanda, porque una economía cerrada que no crece tampoco importa más”, señaló Juan Battaglia, economista jefe de Cucchiara y Cía. Su cuenta es que si el PBI sube 3% con una elasticidad de importaciones de dos, las compras externas deberían crecer 6% anual, unos US$4500 millones, el equivalente a exportar más de 150.000 barriles diarios a US$75.
Battaglia rechaza de plano el diagnóstico de enfermedad holandesa que circula en el mercado. “Me parece un sinsentido, para no decir una pavada absoluta”, dijo, y apuntó contra la comparación con los grandes exportadores de recursos naturales. Las ventas externas argentinas de ese origen son de US$2500 por habitante, entre cuatro y cinco veces menos que las de Canadá o Australia, y más de 15 veces menos que las del Golfo o Noruega. La Argentina, además, es la séptima economía más cerrada del mundo, con un comercio equivalente al 30% del PBI, frente a un promedio del 64% entre los vecinos.
“Si la Argentina suma US$50.000 millones de exportaciones en seis o siete años, como estima el Gobierno, se acercaría a las exportaciones per cápita de Chile, con una canasta que ya no es solo agro, sino también cobre, gas y petróleo”, cerró Battaglia. “Ya perdimos la oportunidad de 2000, con el boom de los términos de intercambio. Esta es otra tan grande como esa, o mejor”.