En un contexto de apertura económica, el secretario de Coordinación de Producción, Pablo Lavigne, sostuvo que el principal desafío para las empresas argentinas ya no pasa por sobrevivir a la inestabilidad macroeconómica, sino por ganar competitividad en una economía más integrada al mundo. Rechazó la idea de otorgar protecciones permanentes y aseguró que la clave para atraer inversiones sigue siendo la estabilidad.
Durante una charla en el Santa Fe Business Forum, Lavigne planteó que el cambio más profundo que atraviesa la economía argentina es el paso de un esquema marcado por la inflación, la escasez y las distorsiones de precios a otro donde las empresas deben concentrarse en producir, vender y competir.
“Al inicio de la gestión, el responsable financiero de una empresa tenía más influencia sobre la rentabilidad que el encargado de producción o de ventas. Todo giraba alrededor de qué hacer con los pesos y cómo protegerse de la inflación. Hoy esa discusión cambió”, afirmó.
Según explicó, durante años muchas empresas operaron en una economía donde la demanda superaba ampliamente a la oferta, lo que permitía vender prácticamente cualquier producto disponible. “Importaba tres carajos [sic] si a vos te gustaba el pantalón bordó, negro o celeste. Lo que había se vendía porque no había nada. Pasaba lo mismo con los autos. Ahora la discusión es cómo exportar, cómo producir mejor, cómo ser más eficiente y cómo integrarse a cadenas globales”, señaló.
Competir en una economía más abierta
Consultado sobre los reclamos empresariales vinculados a la presión impositiva, los costos logísticos y el financiamiento, Lavigne reconoció que existen dificultades, pero sostuvo que así y todo hay récord de exportación y que la competitividad requiere un esfuerzo permanente.
“El capitalismo es incomodidad. En ninguna economía del mundo todas las empresas se sienten completamente cómodas. La innovación y el crecimiento surgen justamente de estar desafiados constantemente”, señaló.
El funcionario sostuvo que, con respecto al pedido de gradualidad, hay un consumidor que está obligado a pagar más caro de lo que le da el bolsillo. “¿El 50% de pobres que heredamos en 2023 tiene que esperar a que hagamos una transición (para obtener productos de mejor calidad a mejor precio)?”, se preguntó. “La discusión no tiene siempre una sola arista”, agregó.
Destacó que desde la Secretaría de Producción mantienen contacto permanente con empresas y cámaras para identificar obstáculos específicos y simplificar regulaciones cuando sea posible. Pero también dijo que es imposible pensar que el Estado puede estar detrás de las 500.000 empresas que existen, viendo cuál llega y cuál no. A contramano de un “Estado soviético”, dijo que cada empresa debe tomar sus decisiones. “Nosotros, como funcionarios en general, la corremos siempre de atrás, porque el que desarrolla los mercados va mucho más rápido”, afirmó.
De todas maneras, dijo que su teléfono es un “commodity” y que desde la secretaría están dispuestos a escuchar y tratar de resolver problemas, pero que “no hay una frazada que tape a todos por igual”.
A la hora del diagnóstico de la situación del país, afirmó que el Gobierno monitorea distintos indicadores: “Si la economía crece, si las exportaciones aumentan y se diversifican, si se invierte en la Argentina, si el precio de la electricidad en términos comparables o el del gas disminuye, si las empresas que están exportando pueden entrar a otro mercado, si se crea empleo privado o no privado, si baja la tasa de desempleo. Se trata de un set que permite tener un buen diagnóstico”, enumeró.
Impuestos y financiamiento
Respecto de los pedidos de alivio impositivo para las pequeñas y medianas empresas, Lavigne afirmó: “Estamos intentando que el crédito vuelva a fluir un poco más”. También se van a continuar con los acuerdos comerciales con distintos bloques, agregó.
“El impuesto al cheque tiene una hoja de ruta de salida, porque es un horrible impuesto. Pero cuando asumimos, el 60% de las exportaciones pagaba retenciones y hoy pagan menos del seis”, indicó.
También remarcó que la prioridad es consolidar las condiciones macroeconómicas que permitan una recuperación sostenida del crédito. A su juicio, el bajo nivel de financiamiento que exhibe la Argentina es un problema estructural derivado de décadas de inestabilidad. “La tasa de crédito de la Argentina es la más baja de América Latina”, aseguró. “Es un problema macro, no micro”, dijo.
“La solución al problema del crédito es la estabilidad macroeconómica. No hay otro camino. Los créditos hipotecarios, por ejemplo, solo existen de manera sostenible cuando hay estabilidad a largo plazo”, explicó.
China y el debate sobre la protección comercial
Uno de los temas que surgió durante la conversación fue el avance de los productos chinos y la presión que ejercen sobre distintas industrias locales. Lavigne diferenció la situación argentina de las políticas comerciales adoptadas recientemente por Estados Unidos y Europa. Recordó que la Argentina partía de niveles de protección “muy elevados” y consideró que “no es realista” pretender competir con Asia en todos los segmentos de producción masiva.
“La pregunta es a quién beneficia seguir levantando barreras. Si uno intenta cerrar todo el comercio, termina comerciando solo. Hay sectores donde competir con China a gran escala simplemente no es viable”, sostuvo. A su entender, la estrategia debe enfocarse en aquellos sectores donde el país tiene ventajas competitivas, más que en intentar proteger indiscriminadamente a todas las actividades.
Entre los sectores con mayor potencial, el funcionario destacó la energía, la minería, la economía del conocimiento y distintas ramas industriales vinculadas a esos desarrollos. También señaló que grandes proyectos energéticos y mineros generan un efecto multiplicador sobre el resto de la actividad económica.
El principal reclamo empresario
Más allá de las demandas sectoriales, Lavigne remarcó que el pedido más repetido entre los empresarios es la continuidad de las reglas de juego. “Lo que más nos piden es estabilidad. No volver a empezar cada seis meses. Necesitan saber que las condiciones económicas se van a mantener durante una década o más”, afirmó.
Según el funcionario, la baja gradual de impuestos también forma parte de esa agenda de competitividad, aunque apuntó que existen tributos provinciales y municipales que todavía tienen un peso significativo sobre algunas actividades.
Frente a empresarios e inversores extranjeros, destacó que la Argentina atraviesa un momento favorable para captar capitales por la combinación de recursos naturales, estabilidad macroeconómica y costos todavía relativamente competitivos. “Todavía somos baratos”, dijo, y señaló: “La Argentina tiene lo que el mundo demanda: alimentos, minerales y energía. Además, sigue siendo un país que tiene muchísimo por desarrollar”.
Lavigne consideró que, dependiendo del sector, algunos proyectos ya corren el riesgo de llegar tarde frente al fuerte avance de inversiones en regiones como Vaca Muerta. “Tenemos más de dos años de estabilidad y no debemos darla por garantizada. Para cualquier empresario o inversor, ese sigue siendo el factor más importante”, concluyó, y remarcó que “somos un país de paz”, como una ventaja competitiva que no hay que desestimar.