PARÍS.- Francia, Gran Bretaña y una decena de países expresaron este viernes su disposición a lanzar una misión multinacional para garantizar la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz, cuya “reapertura total” e “incondicional” reclamaron más allá del anuncio iraní. Sin embargo, se encontraron con el rechazo de Donald Trump, que dijo que ya no necesitaba la ayuda de los aliados europeos.
Por iniciativa de Londres y París, medio centenar de países discutían en la capital francesa —y por videoconferencia— cómo garantizar la seguridad en este paso crucial para el comercio mundial de hidrocarburos, cuando Irán anunció su reapertura mientras dure la tregua. El anuncio no disipó las tensiones entre los aliados occidentales ni frenó las críticas de Washington.
“Todos pedimos una reapertura del estrecho total, inmediata, incondicional, por todas las partes”, aseguró el presidente francés, Emmanuel Macron, en conferencia de prensa en el Palacio del Elíseo junto a los jefes de gobierno de Gran Bretaña, Keir Starmer; Alemania, Friedrich Merz, e Itaila, Giorgia Meloni. Los cuatro líderes presentaron un frente unido para exigir el libre paso y anticiparon los detalles de una misión naval conjunta que podría desplegarse en cuanto las condiciones lo permitan.
Pero justo cuando concluían las conversaciones en París, Trump salió al cruce con un mensaje que sorprendió incluso a sus propios aliados. “Ahora que la situación en el estrecho de Ormuz ha concluido, recibí una llamada de la OTAN preguntando si necesitaríamos ayuda. LES DIJE QUE SE MANTUVIERAN AL MARGEN, A MENOS QUE SOLO QUIERAN CARGAR SUS BARCOS DE PETRÓLEO”, publicó en su red Truth Social.
Semanas atrás, Trump había criticado duramente a los aliados de la OTAN por no contribuir a hacer cumplir el bloqueo en el estrecho. Su giro de 180 grados dejó en evidencia las profundas tensiones que atraviesan la relación transatlántica en un momento de alta sensibilidad geopolítica. Aunque la alianza atlántica no estaba invitada a la cumbre organizada por Macron y Starmer, muchos de sus países miembros sí participaron. Estados Unidos, Israel e Irán fueron excluidos por ser partes en conflicto.
Gran Bretaña, Francia y otros países sostienen que unirse al bloqueo equivaldría a entrar directamente en la guerra, pero que estarían dispuestos a ayudar a mantener abierto el estrecho una vez que se lograra un alto el fuego duradero o terminara el conflicto. La importancia estratégica del paso marítimo es difícil de exagerar: por el estrecho de Ormuz transita alrededor de una quinta parte del petróleo y el gas natural licuado del mundo, y cualquier interrupción prolongada tiene consecuencias inmediatas en los mercados energéticos globales.
Macron también alertó sobre las intenciones de Irán respecto del control del estrecho: “Todos nos oponemos a cualquier restricción, a cualquier cosa que equivalga, en efecto, a un intento de privatizar el estrecho, y obviamente a cualquier sistema de peaje.” El mandatario francés señaló que parte de los recursos navales actualmente desplegados en el Mediterráneo oriental y el Mar Rojo podrían reasignarse a la futura misión sin necesidad de movilizaciones adicionales.
Starmer, por su parte, anunció que más de una decena de países ya se ofrecieron a contribuir en la operación, que Francia y Gran Bretaña liderarán “tan pronto las condiciones lo permitan”. El primer ministro británico subrayó que se tratará de una misión “estrictamente pacífica y defensiva”, orientada a garantizar la navegación comercial y apoyar las tareas de desminado en el estrecho. Una nueva reunión sobre planificación militar está prevista para la semana próxima en Londres, donde se anunciarán más detalles sobre la composición y el mandato de la fuerza.
Alemania podría aportar capacidades de desminado e inteligencia marítima, según indicó Merz, aunque aclaró que necesitaría el respaldo del Parlamento y una “base jurídica sólida”, como una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU. “Si fuera posible, también desearía que participaran los Estados Unidos de América; creemos que esto sería deseable”, agregó el canciller alemán, abriendo la puerta a una eventual incorporación de Washington pese al rechazo inicial de Trump. Italia, en tanto, confirmó su disposición a sumarse a la misión, pero condicionó su participación a “un cese de las hostilidades, en coordinación con todos los actores, regionales e internacionales”, según declaró Meloni.
Macron, por su parte, celebró el anuncio de Teherán de mantener abierto el estrecho durante la tregua, pero dejó en claro que Europa no daría el tema por cerrado. Aseguró que cualquier futura misión contaría con coordinación con Estados Unidos e Israel, así como con los armadores y las aseguradoras, sectores directamente afectados por la incertidumbre en la región.
La cumbre parisina era también una oportunidad para que Europa exhibiera sus capacidades y su voluntad de asumir un rol más activo en la seguridad regional, tras haber quedado al margen de los esfuerzos diplomáticos de Washington para poner fin a la guerra. Los dirigentes europeos advirtieron que, si el bloqueo continuaba, los consumidores podrían sufrir las consecuencias en forma de inflación más alta, escasez de alimentos y cancelaciones de vuelos ante la falta de combustible para aviones. La presión sobre los gobiernos del continente para actuar era, por lo tanto, tanto estratégica como doméstica.
Agencias AFP, AP y Reuters