Los depósitos bancarios, tanto en pesos como en dólares, tuvieron un desempeño flojo durante mayo.
En el primer caso, cayeron tanto las colocaciones en cajas de ahorro como las pactadas a plazo fijo, que representan al ahorrista más tradicional. Todo ello se dio en el marco de un ajuste monetario que no se detiene y que ese mes volvió a reflejarse en una contracción del 2,8% de la base monetaria (BM).
De este modo, acumuló en el año una caída del 8,6% en términos reales, aun cuando el Banco Central (BCRA) inyectó al mercado casi $3,7 billones al comprar US$2601 millones para reforzar sus reservas.
Sin embargo, nada de esa liquidez quedó circulando en la economía. El BCRA esterilizó parte de la expansión mediante operaciones de mercado abierto y repos, mientras que el resto fue absorbido por el Tesoro Nacional a través de nuevas emisiones de deuda.
Todo esto ocurrió mientras se mantuvo apagada la maquinaria de creación secundaria de dinero, ante una caída general del 0,2% en términos reales de los préstamos en pesos al sector privado.
“Los datos confirman que el anunciado proceso de remonetización de la economía sigue siendo la principal asignatura pendiente porque la demanda de dinero no termina de aparecer, al menos por ahora”, observaron en la Fundación Mediterránea, desde donde consideran que se trata del “eslabón pendiente de un esquema que, en el plano cambiario, viene exhibiendo resultados mejores a los previstos”.
La planilla monetaria oficial da cuenta, por caso, de una baja de $219.800 millones en los plazos fijos tradicionales, posiblemente afectados por el hecho de ofrecer una tasa de interés real negativa, es decir, una rentabilidad que implica resignar poder adquisitivo en pesos al momento de renovar la colocación. “La tasa ya viene siendo negativa desde hace algunos meses. Lo que cambió es que el dólar rebotó algo y eso siempre genera dudas entre parte de quienes realizan estas colocaciones”, explicaron a LA NACION desde una importante entidad bancaria privada, en alusión al aumento del 1,15% que registró la divisa al público durante mayo.
Esa caída ni siquiera pudo ser compensada por un nuevo repunte de $171.300 millones en el stock de plazos fijos indexados, que creció por sexto mes consecutivo, aunque a un ritmo considerablemente menor al observado en abril, cuando había aumentado en más de $650.000 millones.
También disminuyeron en $134.285 millones los depósitos en cajas de ahorro. Sin embargo, esto no derivó en una caída de los medios de pago, dado que simultáneamente crecieron en $419.500 millones los saldos depositados en cuentas corrientes, entre otras modalidades.
En dólares
Otro dato a seguir es el estancamiento que mostraron los depósitos en dólares, que cerraron un mes a la baja por primera vez en nueve meses (no caían desde agosto de 2025). Si bien se mantienen en niveles récord, registraron durante mayo una leve baja de US$31 millones, al pasar de US$38.883 millones a US$38.852 millones.
Las cifras parecen confirmar que el denominado “Plan Colchón”, con el que el Gobierno también confiaba monetizar la economía mediante la incorporación al circuito financiero de los dólares actualmente atesorados fuera del sistema, tampoco termina de despegar.
Se trata de una variable relevante para monitorear porque podría afectar en adelante la oferta de crédito en moneda extranjera. En lo que va del año, los préstamos en dólares al sector privado crecieron cerca de US$4500 millones, mientras que la principal fuente de fondeo del sistema —los depósitos en esa moneda— aumentó apenas unos US$2500 millones.
Ese descalce ayuda a explicar por qué cada vez más bancos recurren al mercado de capitales para captar dólares mediante emisiones de deuda. Ya lo hicieron Galicia, BBVA, ICBC y Banco Nación, entre otros. Incluso el Banco Provincia (Bapro) colocó esta semana una emisión por US$31,7 millones a un año de plazo, con una tasa del 4,25% anual.