El precio internacional del barril de petróleo volvió a ubicarse por encima de los US$100, lo que implica una suba de US$40 —o 67%— desde el pasado 6 de enero. En el mercado doméstico, ese encarecimiento del crudo también llegó al surtidor: desde hace unos días, el litro de nafta súper ya supera los $2000 en la Ciudad de Buenos Aires, donde los precios son más bajos que en el resto del país por la mayor competencia entre estaciones de servicio y una menor carga impositiva.
En las últimas tres semanas, la nafta y el gasoil acumularon subas del 19%, según un seguimiento realizado por LA NACION. El litro de nafta súper se ubica en torno a $2055 en Shell y $1999 en Axion, mientras que en YPF ronda los $1983 en las estaciones del corredor norte —avenida del Libertador y Alcorta—.
En lo que va del año, los combustibles acumulan una suba del 22%. Solo en el último mes, llenar un tanque de 50 litros de nafta súper en YPF pasó de costar $80.450 a casi $100.000 en la Ciudad de Buenos Aires.
El presidente y CEO de YPF, Horacio Marín, dijo ayer que era “FALSO” (sic) ese dato en la red social X. “En YPF tenemos un compromiso honesto y moral con nuestros clientes. La actualización de precios solo refleja el mayor costo de refinación por la compra de crudo no propio”, escribió.
Y agregó: “Es un ajuste transitorio y, a nivel internacional, uno de los más bajos: en otros países los incrementos han sido al menos tres veces mayores. Actuamos sin especulación y sin aprovechar la volatilidad del precio del crudo en este contexto de incertidumbre global”.
El contexto internacional explica, en parte, la magnitud del impacto. En Estados Unidos —el mayor productor de petróleo del mundo, con más de 13,5 millones de barriles diarios— los combustibles llegaron a encarecerse un 25%, lo que generó preocupación en la administración de Donald Trump ante el riesgo inflacionario previo a las elecciones legislativas de noviembre.
En respuesta, el gobierno republicano levantó las sanciones a la compra de petróleo ruso y suspendió por 30 días la centenaria ley Jones —que obliga a que las mercancías transportadas entre puertos estadounidenses sean llevadas en buques de construcción, bandera y propiedad americana—, lo cual habilitó a buques tanqueros extranjeros a abastecer refinerías de la Costa Este.
Brasil, por su parte, que produce 3,2 millones de barriles diarios, redujo los impuestos a los combustibles, aplicó derechos de exportación al diésel y prohibió la exportación de otros derivados.
En la Argentina, la producción de febrero alcanzó 874.000 barriles diarios, de los cuales 570.400 se destinaron al mercado interno y el resto se exportó. El Gobierno descarta por ahora una baja de impuestos a los combustibles, aunque podría no aplicar el aumento gradual ya pautado, según fuentes oficiales.
Desde el entorno oficial advirtieron que los mercados están atentos a las “reglas de juego” y que resulta clave “no intervenir ni tomar medidas que afecten al ecosistema de negocios”, aun en un escenario de alta volatilidad global derivada del conflicto en Medio Oriente.
El mercado local está dominado por cuatro grandes empresas: YPF concentra el 55% del despacho, seguida por Shell (19%), Axion (14%) y Puma Energy (5%). Dado el peso decisivo de la petrolera de control estatal, el resto del sector suele esperar su movimiento antes de actualizar precios. YPF no es solo una empresa: es el termómetro y el regulador informal del mercado.
El nudo del problema es el estrecho de Ormuz. Por ese paso de apenas 35 kilómetros —menos que la distancia entre Buenos Aires y Colonia— transitaban las exportaciones de Arabia Saudita (7,2 millones de barriles diarios), Emiratos Árabes Unidos (4,4 millones), Irak (3,6 millones), Kuwait (2,3 millones), Irán (2,1 millones), Qatar (1,2 millones) y Bahréin (200.000).
El director de la Agencia Internacional de Energía (AIE), Fatih Birol, además dijo que al menos 40 instalaciones energéticas en nueve países de Medio Oriente sufrieron daños “graves o muy graves” desde el inicio de la guerra con Irán.
Por los daños sufridos, las empresas y analistas internacionales estiman que la producción tardará tiempo en recuperar los niveles previos al conflicto.