VALPARAÍSO.– El conservador José Antonio Kast asumió el miércoles como nuevo presidente de Chile, con una agenda de desregulación, recorte del gasto público y la promesa de constituir un gobierno “de emergencia” y mano dura para restaurar la seguridad y el orden en el país.
Los medios locales desplegaron una amplia cobertura de los preparativos para la ceremonia de traspaso de mando en el Congreso, ubicado en el puerto de Valparaíso a 110 kilómetros de Santiago, donde el abogado y político de ascendencia alemana recibió el poder de manos del progresista Gabriel Boric.
Kast se impuso en las elecciones del año pasado a la candidata oficialista Jeannette Jara por casi el 60% de los votos, con un electorado atraído por sus promesas de luchar contra el crimen organizado, el aumento de la delincuencia y la crisis migratoria.
Su llegada al sillón presidencial marca el giro más acentuado hacia la derecha en Chile desde el regreso a la democracia tras la dictadura militar del general Augusto Pinochet (1973–1990), y pone fin a la tendencia de gobiernos de centroderecha y centroizquierda que se han alternado en el poder desde entonces.
A diferencia de las otras dos ocasiones en la que disputó la presidencia en 2017 y 2021 –cuando fue derrotado en el balotaje por el mandatario saliente– en los comicios del año pasado Kast dejó a un lado su oposición al aborto, a la ideología de género y al matrimonio igualitario y centró su discurso en los temas de contingencia.
“Esperamos junto a un gran equipo… ir recuperando la institucionalidad para que cada chileno sienta más paz y orden“, reafirmó Kast en las vísperas de su investidura.
Inspirado en las políticas del presidente norteamericano, Donald Trump, y del salvadoreño, Nayib Bukele, ha abogado por una política de tolerancia cero con el crimen organizado y los migrantes indocumentados, prometiendo desde incursiones militares contra los narcos hasta la expulsión masiva de extranjeros y el refuerzo de las fronteras con muros y vallas.
Poco antes de la juramentación, Kast habló con periodistas sobre un ataque que dejó en riesgo vital a un carabinero en Puerto Varas, al sur del país.
“Que nadie se equivoque, sin ambigüedad, con toda la fuerza, con todo el carácter que corresponde a un Gobierno, a un Estado de Derecho esto va a cambiar”, afirmó el flamante mandatario.
En el plano económico Kast ha propuesto una drástica reducción del gasto público, con recortes de hasta 6000 millones de dólares, disminución de impuestos y una reforma del aparato estatal para reducir los ministerios desde los 25 actuales a 12.
El conservador fue electo en medio del giro a la derecha que barre a América Latina y tras el regreso de Trump a la Casa Blanca.
El presidente de la Argentina, Javier Milei, el rey Felipe VI de España y el mandatario ecuatoriano, Daniel Noboa, estuvieron entre los invitados al cambio de mando, así como Chistopher Landau, subsecretario de Estado estadounidense, y la premio Nobel venezolana María Corina Machado, entre otros.
El presidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva suspendió su asistencia a última hora por temas de agenda, pero invitó al nuevo mandatario chileno a visitar Brasil, como parte de una relación que debe anteponer las relaciones de Estado por sobre las divergencias ideológicas.
La invitación será formalizada a través de una carta escrita por el mandatario brasileño, la cual será presentada por el ministro de Relaciones Exteriores, Mauro Vieira, en representación del país.
Una eventual visita a Brasilia daría continuidad al diálogo entre Lula y Kast iniciado en enero cuando ambos mantuvieron una conversación privada al margen de una cumbre de mandatarios y empresarios latinoamericanos celebrada en Panamá.
También sorprendió la ausencia del presidente salvadoreño, una de las figuras más cercanas al flamante presidente chileno en el escenario regional.
Por problemas de agenda, la reunión bilateral entre Milei y Kast contemplada para esta mañana previa a la investidura, fue cancelada.
Tras la juramentación, Kast se trasladó para encabezar un recorrido por el centro de la capital chilena y pronunciar un discurso desde el palacio presidencial de La Moneda, previsto para las 21.00 hora local (mismo horario que en la Argentina).
“Obvio que hay varios temas pendientes, pero lo único que nos importa ahora es volver a caminar tranquilos en la calle. Hasta eso nos han robado”, dijo la profesora jubilada María Teresa Castro, de 61 años.
Boric, quien en 2022 se convirtió en el presidente más joven de la historia de Chile, dejó el cargo con un bajísimo nivel de aprobación y como el peor evaluado desde 1990, según una encuesta publicada por la firma Cadem esta semana. Asimismo, más de la mitad de los consultados (53%) consideró que su gobierno fue el peor desde el retorno de la democracia.
“Nos prometió muchas cosas y después fueron cuatro años de desilusión”, aseveró la asistente de bodega Yamila Martínez, de 31 años.
En las inmediaciones del Congreso, se registraron diversas manifestaciones tanto en contra como a favor del nuevo mandatario, bajo un fuerte refuerzo policial.
“Poli amigo, el pueblo está contigo”, decían a coro simpatizantes de Kast portando banderas y pancartas en las que se leía “Viva Chile” y “Presidente del cambio”. A pocos metros, un grupo de detractores prometía “resistencia” al nuevo gobierno, vociferando que “el pueblo unido jamás será vencido”.
En otra zona de la ciudad, manifestantes marcharon en contra de Kast al paso que protestaron también contra el “imperialismo” norteamericano y quemaron un muñeco que emulaba a Trump.
En su primer discurso como presidente electo en diciembre Kast adoptó una postura más moderada y conciliatoria, aunque en las últimas semanas subió el tono contra la administración saliente. Las repetidas críticas culminaron en la suspensión de las reuniones y actividades contempladas en el proceso de transición, algo inédito en las últimas tres décadas.
La conducta fue vista por la oposición y críticos como una señal de alerta sobre la capacidad de diálogo y negociación del nuevo gobierno, que se enfrentará a un Congreso fragmentado y del que necesitará apoyo para sacar adelante sus proyectos.
Mientras, movimientos sociales han manifestado preocupación ante la falta de claridad sobre cuál será la postura de la entrante administración acerca de propuestas que siguen estancadas en el Parlamento como la ampliación del aborto legal, la ley de eutanasia y proyectos de derechos laborales.
“Tengo miedo de lo que va a pasar con los proyectos sociales que se han avanzado hasta el momento”, afirmó la asistente social Celeste Sanzhueza, de 21 años. “Siento que va a cambiar mucho Chile a partir de ahora”.
De 60 años y padre de nueve hijos, Kast es un abogado conservador sin reservas: rechaza el aborto incluso en casos de violación, la píldora anticonceptiva de emergencia, el divorcio, el matrimonio homosexual y la eutanasia.
Lleva 30 años en política y sus logros como diputado se limitan a la aprobación de leyes que permitieron colocar estatuas, vender lentes para la presbicia sin receta médica y regular loterías.
Admirador de la última dictadura militar chilena, que dejó 3200 muertos y desaparecidos y decenas de miles de torturados y presos políticos, Kast se ganó el favor de los chilenos con su promesa de atacar de frente la criminalidad y deportar a casi 340.000 migrantes irregulares, en su mayoría venezolanos.
“Este gobierno generó caos, desorden e inseguridad. Y nosotros vamos a ir a la inversa”, aseguró Kast en campaña.
Su discurso atrae a chilenos como Luis Lapierre, un operador de telecomunicaciones de 59 años de Santiago.
“Cuando se oscurece, todo cierra porque te pueden asaltar. Kast va a poner mano dura porque necesitamos mano dura”, dijo a la AFP.
Aunque los asesinatos y secuestros aumentaron y han llegado al país bandas extranjeras como el Tren de Aragua, Chile es todavía uno de los países más seguros de la región. La tasa de homicidios fue de 5,4 por cada 100.000 habitantes en 2025, una de las más bajas de Latinoamérica.
Sin embargo, durante la campaña, Kast presentó a Chile casi como un Estado fallido dominado por el narco, repitiendo que el país “se cae a pedazos”.
El presidente chileno ya designó algunos de sus ministros incluso antes de tomar el cargo, entre ellos, una activista antiaborto como ministra de la Mujer. Asimismo, dos de sus futuros ministros fueron abogados de Pinochet.
Es un equipo “con muy poca experiencia en negociación y manejo político” que “le puede generar problemas con el Congreso”, comentó el politólogo Alejandro Olivares, analista de la Universidad de Chile.
Hasta el momento, Kast mantiene silencio respecto a si apoyará a la expresidenta de izquierda Michelle Bachelet (2006-2010 y 2014-2018) en su candidatura a la secretaría general de la ONU.
Agencias AP, AFP, ANSA y Reuters