Con un título cargado de simbolismo —“Sin industria no hay Nación”— la Unión Industrial Argentina (UIA) respondió este martes -sin mencionarlo de manera explícita, pero de forma inequívoca- a las críticas que el presidente Javier Milei lanzó a empresarios del sector el domingo en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso.
En un comunicado difundido tras la reunión de su Comité Ejecutivo con representantes industriales del Norte del país, la entidad planteó que “es importante señalar que el empresario argentino no diseñó el marco económico previo ni es responsable de las distorsiones estructurales acumuladas durante décadas”. Y agregó una definición política central: “En esta etapa de transformación, queremos ser claros: el respeto es condición básica del desarrollo. Respeto hacia quienes producen, invierten y generan empleo en todo el país”.
La UIA subrayó que la industria produce el 19% del PBI, aporta el 27% de la recaudación nacional y genera 1,2 millones de empleos directos —3,6 millones si se contabilizan los indirectos—. Detrás de esos números, afirmó, hay “capital social construido por empresarios y trabajadores”, y un entramado productivo que cumple un rol estratégico por su capacidad de agregar valor y generar divisas.
En ese marco, la entidad advirtió que la transición hacia el nuevo esquema económico “implica un proceso de adaptación profundo que no es homogéneo ni inmediato”. Según la UIA, muchas empresas —especialmente pymes— atraviesan una situación crítica, marcada por bajo nivel de actividad, alta presión fiscal, dificultades para financiarse y caída del empleo.
El documento reconoce “los avances logrados por el gobierno nacional en materia de equilibrio fiscal” y la baja de la inflación, así como la decisión de encarar reformas estructurales e impulsar la integración internacional. Pero al mismo tiempo advierte que la transición hacia un nuevo esquema económico “implica un proceso de adaptación profundo que no es homogéneo ni inmediato”, con pymes atravesando una situación compleja por bajo nivel de actividad, presión fiscal y dificultades de financiamiento.
El tono del comunicado de la entidad fabril representa la primera respuesta institucional de peso luego del discurso presidencial, en el que Milei cuestionó con dureza a sectores industriales a los que acusó de haber sido beneficiarios de un esquema de privilegios.
“¿O acaso les parece normal pagar la tonelada de tubo de acero US$4000 cuando se paga US$1400?”, lanzó el Presidente en el Congreso, en alusión a la disputa que abrió hace semanas con el presidente de Techint Paolo Rocca -el empresario de mayor peso en la UIA-, a quien calificó como “Don Chatarrín de los tubitos caros”. También apuntó contra el sector del neumático (luego del cierre de Fate, que pertenece a Javier Madanes Quintanilla) y el textil: “¿O acaso les parece bien pagar los neumáticos tres o cuatro veces más caros?” y “¿acaso les parece bien pagar una remera básica 50 dólares cuando la importada cuesta 5?”.
En ese tramo de su exposición, Milei sostuvo que hubo empresarios “prebendarios” que compraron privilegios a políticos corruptos y defendió la apertura comercial como un imperativo moral, económico y social. La protección, afirmó, implicó “robar” a los consumidores al obligarlos a pagar precios más altos.
La respuesta de la UIA no confronta directamente con la estrategia oficial de desregulación y apertura, pero marca un límite político. Al reivindicar que los empresarios no son responsables del “marco económico previo”, la central fabril busca despegar al sector productivo de las “distorsiones” acumuladas en décadas de alta inflación, presión tributaria y volatilidad cambiaria.
“El respeto es el punto de partida para reconstruir la confianza que la Argentina necesita, tanto puertas adentro como frente al mundo”, señaló la entidad, que reafirmó su “vocación de trabajar junto al Gobierno, los trabajadores y toda la sociedad para construir una economía productiva, moderna e integrada al mundo”.
En ese equilibrio delicado se mueve hoy la principal organización empresaria del país: respalda la estabilización macroeconómica y las reformas estructurales, pero advierte sobre los costos sectoriales de una apertura acelerada y reclama condiciones de competitividad equivalentes a las internacionales.
El 18 de febrero, la UIA había lamentado el cierre de la histórica fábrica de neumáticos Fate —de Madanes Quintanilla— y el despido de 920 trabajadores en la planta de Virreyes, en un conflicto que aún no encuentra una solución definitiva. En ese contexto, la entidad advirtió que la industria perdió cerca de 65.000 empleos desde el inicio de la gestión de Milei, lo que equivale a una caída del 5,4% del empleo formal del sector. El más afectado fue el rubro textil.
Según datos del Indec, el índice de producción industrial manufacturero todavía se ubica 8,4% por debajo del nivel registrado en noviembre de 2023 —antes del cambio de gobierno— en la serie desestacionalizada. Las caídas más pronunciadas se concentran en textiles (-47,7%), vehículos automotores (-37,7%), productos de metal (-28,9%) y minerales no metálicos (-26,7%). En contraste, refinación de petróleo (+15,2%) y alimentos y bebidas (+2,8%) aparecen como los únicos rubros que lograron expandirse durante la actual administración.
La baja utilización de las plantas industriales también da cuenta del freno en la actividad. En diciembre, la utilización de la capacidad instalada se ubicó en 53,8%, por debajo del 56,7% de igual mes de 2024 y el nivel más bajo para ese mes desde que comenzó la serie en 2016. Incluso quedó por debajo del registro de diciembre de 2020, en plena salida de la pandemia. Para encontrar un dato inferior hay que retroceder a marzo de 2024 (53,2%), uno de los momentos más críticos del ajuste inicial de la gestión de Milei.
La frase “Sin industria no hay Nación”, lema de la casa fabril, remite a una advertencia formulada en 1892 por el entonces presidente Carlos Pellegrini, quien sostuvo que “solo vendiendo pasto no se construye una Nación”. La cita no es casual: mientras el Gobierno suele reivindicar el modelo agroexportador de fines del siglo XIX como ejemplo de crecimiento, la central fabril busca recordar que incluso en esa etapa del país existía la preocupación por desarrollar una base industrial que agregara valor a la producción primaria.
El cruce refleja un debate de fondo en la economía argentina. Para Milei, la apertura busca corregir décadas de protección que, según su visión, encarecieron bienes para los consumidores. Para una parte del sector industrial, el desafío es adaptarse a esa competencia sin que la transición erosione el empleo y la estructura productiva.