NUEVA YORK.– A principios de enero, en medio de protestas generalizadas y bajo la amenaza de un ataque de Estados Unidos, el ayatollah Ali Khamenei, líder supremo de Irán, le confió la dirección del país a su incondicional lugarteniente, Ali Larijani, máximo jefe de los servicios de seguridad.
Desde entonces, quien gobierna Irán en los hechos es Larijani, un veterano político de 67 años, excomandante de la Guardia Revolucionaria y actual jefe del Consejo Supremo de Seguridad Nacional.
El ascenso de Larijani marginó al presidente Masoud Pezeshkian, un cardiocirujano devenido en político, que ha tenido un año difícil en el cargo y que sigue repitiendo públicamente “Soy médico, no político” y que nadie debería esperar que resuelva la multitud de problemas que aquejan a Irán.
Este relato del ascenso de Larijani y de los debates y decisiones del régimen de los ayatollahs ante la amenaza de guerra del gobierno de Trump se basa en entrevistas con seis altos funcionarios iraníes —uno vinculado a la oficina de Khamenei, tres miembros de la Guardia Revolucionaria y dos exdiplomáticos iraníes— y en los informes de los medios de comunicación de Irán. Los funcionarios y miembros de la Guardia hablaron bajo condición de anonimato para poder referirse a discusiones internas del gobierno.
La lista de funciones que acumula Larijani viene aumentando de forma constante en los últimos meses. Tuvo a su cargo la letal represión de las recientes protestas que reclamaban el fin del régimen islámico, actualmente, mantiene a raya a los disidentes, manejo las relaciones con aliados poderosos, como Rusia, con actores regionales, como Catar y Omán, y hasta supervisa las negociaciones nucleares con Washington.
Pero Larijani también está elaborando un plan de contingencia para controlar el país en caso de que se desate una guerra con Estados Unidos, que sigue concentrando fuerzas en la región.
“En nuestro país estamos preparados”, le dijo Larijani a la cadena Al Jazeera durante su visita de este mes a Doha, la capital de Qatar. “Nos venimos preparando desde hace siete u ocho meses y somos mucho más fuertes que antes. Detectamos nuestras debilidades y las corregimos. No queremos una guerra y no la vamos a iniciar. Pero si nos la imponen, responderemos”.
Desde su escondite durante la guerra de 12 días con Israel, Khamenei nombró a tres candidatos como posibles sucesores. Esos tres nombres nunca trascendieron, pero casi con certeza Larijani no es uno de ellos, porque no es un clérigo chiita de alta jerarquía, requisito inexcusable para cualquier candidato.
Sin embargo, Larijani forma parte del círculo de confianza de Khmenei, donde también se sientan el mayor general Yahya Rahim Safavi, excomandante en jefe de la Guardia, el general de brigada Mohammad Bagher Ghalibaf, excomandante de la Guardia y actual presidente del Parlamento, a quien Khamenei designó como su delegado de facto para comandar las fuerzas militares durante la guerra, y el jefe Gabinete, el clérigo Ali Asghar Hejazi.
Irán parte de la base de que el ataque militar norteamericano es inevitable e inminente, por más que ambas partes sigan dialogando diplomáticamente y negociando un acuerdo nuclear, según los seis funcionarios y miembros de la Guardia, y agregan que todas las fuerzas armadas de Irán se encuentran en estado de alerta máxima y preparadas para resistir con ferocidad.
Las mismas fuentes confirman que su país está instalando lanzadores de misiles balísticos a lo largo de su frontera occidental con Irak, desde donde tiene a su alcance a Israel, y a lo largo de su costa sur en el Golfo Pérsico, desde donde tiene a su alcance las bases militares de Estados Unidos y otros objetivos en la región.
Además, hace varias semanas que Irán cierra periódicamente su espacio aéreo para realizar pruebas misilísticas, y también hizo maniobras militares en el Golfo Pérsico, para lo que tuvo que cerrar brevemente el Estrecho de Ormuz, punto clave de embotellamiento marítimo para el suministro global de energía y otros bienes.
Durante todo ese tiempo Khamenei mantuvo su actitud desafiante. “El ejército más poderoso del mundo puede recibir un revés tan grande que tal vez no logre ponerse de pie”, lanzó recientemente en un discurso. También amenazó con hundir los buques de guerra norteamericanos que se concentraron en aguas de la región.
En caso de guerra, en las calles de las principales ciudades de Irán se desplegarán las unidades de fuerzas especiales de la policía, agentes de inteligencia y batallones de la milicia Basij, vestida de civil y subsidiaria de la Guardia Revolucionaria, según relatan tres miembros de la Guardia Revolucionaria y dos altos funcionarios al tanto de los preparativos.
A partir de ese momento, las milicias establecerían puestos de control para prevenir disturbios internos y detectar a agentes vinculados a servicios de espionaje extranjeros.
Pero la cúpula iraní no solo se prepara para un despliegue militar y de seguridad, sino también para su propia supervivencia política. Esas deliberaciones, según el relato de seis funcionarios familiarizados con la planificación, abordan diversos asuntos, como quién gobernaría el país si Khamenei y su Gabinete fueran asesinados, y quién podría ser “la Delcy de Irán”, en referencia a Delcy Rodríguez, la vicepresidenta venezolana que llegó a un acuerdo con el gobierno Trump para dirigir su país tras la captura del expresidente Nicolás Maduro.
Y esa lista, según tres de los funcionarios, la encabeza Larijani, seguido de Ghalibaf, el presidente del Parlamento. Sorprendentemente, en la lista también figura el expresidente Hassan Rouhani, quien había sido prácticamente excluido del círculo de Khamenei.
Todos ellos tienen un historial que limita mucho el nivel de aceptación que podría tener de parte de una población hastiada, desde acusaciones de corrupción financiera hasta participación en violaciones a los derechos humanos, incluido el reciente asesinato de al menos 7000 manifestantes desarmados en tres días. (Grupos de derechos humanos que han verificado esa cifra afirman que podría ser mucho mayor).
HANDOUT – KHAMENEI.IR
Ali Vaez, director para Irán del International Crisis Group, dice que el régimen de Teherán efectivamente ha elaborado planes de contingencia, pero que las repercusiones de una guerra con Estados Unidos siguen siendo de todos modos impredecibles. El líder supremo, dice Vaez, “es menos visible, más vulnerable, pero sigue siendo el pegamento que sostiene el andamiaje y todos entienden que si ya no está, será difícil que no se venga abajo”.
En el último mes, la visibilidad de Larijani se disparó, mientras que las apariciones del presidente Pezeshkian disminuyeron. Larijani voló a Moscú para reunirse con el presidente ruso Vladimir Putin y mantuvo encuentros con líderes de Medio Oriente, además de reuniones con los negociadores nucleares de Estados Unidos y de su propio país.
También concedió entrevistas de varias horas a medios de televisión iraníes y extranjeros, y publica regularmente contenido en las redes sociales, como fotos suyas tomándose selfis con iraníes, visitando un santuario religioso, o saludando al bajarse de un avión.
Pezeshkian, por su parte, parece resignado a cederle la autoridad a Larijani. Según informaron los medios iraníes, en una reunión de Gabinete el presidente dijo haberle sugerido a Larijani que levantara las restricciones a internet, porque perjudicaban el comercio electrónico: una impactante admisión de que hasta el presidente tenía que recurrir a Larijani.