PARIS.– Los 27 jefes de Estado y de gobierno europeos reunidos este jueves en Alden Biesen, Bélgica, para un seminario de reflexión centrado en la competitividad de la Unión Europea (UE), prometieron reformas importantes para mejorar la competitividad, incluyendo un mercado único reforzado y reglas simplificadas para las empresas. Pero los desacuerdos entre los Estados miembros, especialmente sobre la preferencia europea, siguen siendo un obstáculo a superar.
Juntos frente a las cámaras, Emmanuel Macron y Friedrich Merz hicieron todo lo posible para mostrar la unidad franco-alemana. Pero detrás de las sonrisas de ocasión, las fisuras del eje París-Berlín no engañaron a nadie.
El ejercicio en el que se involucraron los 27 fue más bien un acto de alta política que una sesión de “brainstorming” relajada como se había prometido inicialmente. El presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, salió con una promesa que suena como un eslogan de campaña: después de haber tenido éxito en el sector de la defensa en 2025, Europa debe ahora hacer lo mismo con la competitividad, dijo.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, siguió su ejemplo con esta fórmula: “Un continente, un mercado”. ¿La ambición? Transformar para finales de 2027 el mercado único, aún incompleto después de más de tres décadas, en un verdadero mercado unificado.
Porque la urgencia es palpable. Entre una China cuya potencia industrial no deja de crecer y unos Estados Unidos cada vez más proteccionistas bajo la amenaza de nuevos aranceles, Europa se siente atrapada.
Antonio Costa no dudó en calificar esta reunión como un “cambio de reglas”. Todos los líderes habrían aceptado “el desafío propuesto por Enrico Letta” –el ex primer ministro italiano autor de un informe sobre competitividad– “de pasar de un mercado único incompleto a un mercado para Europa”. Una revolución comparable, según el presidente del Consejo, al paso del mercado común al mercado único en 1992.
Ursula von der Leyen reveló una hoja de ruta ambiciosa en cinco pilares, que presentará formalmente en el Consejo Europeo del 19 de marzo. Primer proyecto: la simplificación administrativa. Diez proyectos legislativos están en curso –tres finalizados, siete pendientes– para ahorrar 15 mil millones de euros al año a las empresas europeas.
Pero la presidenta de la Comisión quiere ir más lejos con una “limpieza a fondo” del acervo comunitario. Su obsesión: acabar con la manía de los Estados de apilar regulaciones nacionales sobre las leyes europeas, creando 27 realidades diferentes para una misma directiva. ¿La solución? Priorizar los reglamentos uniformes frente a las directivas e introducir cláusulas de caducidad automática.
La idea más audaz sigue siendo el “28º régimen”, llamado “EU Inc”, que debe permitir a cualquier empresa, donde sea en la UE, crear en 48 horas – y 100 % en línea– una sociedad regida por un conjunto único y simple de reglas válidas en todos los Estados miembros. Se acabó la pesadilla del empresario belga que quiere establecerse en Italia y debe lidiar con cinco cuerpos jurídicos diferentes.
“Necesitamos campeones europeos”, recalcó Von der Leyen, anunciando una revisión de las reglas sobre fusiones de empresas a partir de abril. El objetivo: autorizar más consolidaciones en sectores como las telecomunicaciones, donde la fragmentación europea impide las inversiones masivas necesarias para la innovación.
Sobre lo que habría que hacer más respecto a los precios de la energía, mucho más altos que en China y Estados Unidos, que afectan gravemente la competitividad europea, la discusión fue “intensa”, según von der Leyen, admitiendo que no se pudo encontrar ninguna conclusión, pero prometió opciones para el Consejo Europeo de marzo.
Tampoco hubo decisión sobre el sistema de intercambio de cuotas de emisión (ETS), ese mercado de carbono tan criticado por la industria pesada, y del que algunos líderes, Alemania e Italia a la cabeza, reclaman una reforma o incluso la suspensión. El debate sigue abierto, especialmente de cara a la revisión prevista para el tercer trimestre de 2026.
Sobre la “preferencia europea”, caballo de batalla de Macron y tema de divergencias franco-alemanas sobre sus modalidades, los 27 encontraron un compromiso de geometría variable.
Sí a la preferencia, pero “en sectores estratégicos seleccionados, de manera proporcionada y focalizada”, resumió Antonio Costa. Traducción: no habrá una línea Maginot proteccionista alrededor de la UE, sino un filtrado quirúrgico donde sea “necesario y útil”. Emmanuel Macron precisó que la lista de sectores afectados se definirá en marzo.
Bruselas debe revelar a finales de febrero una ley llamada de aceleración industrial, que debe definir precisamente los contornos de esta preferencia europea. El proyecto provisional incluiría “socios de confianza”, como el Reino Unido o Japón, en la definición del “Made in EU”. Algo que satisface a Berlín, pero no a París…
Sobre el otro punto de fricción franco-alemán, los eurobonos –París aboga por un recurso masivo al endeudamiento común europeo para financiar inversiones en sectores de futuro, lo que Berlín rechaza–, el tema fue aplazado para la cumbre de marzo.