BUDAPEST.– El saliente ministro de Relaciones Exteriores húngaro, Peter Szijjarto, se atrincheró el lunes con un grupo de colaboradores en la sede de la cancillería y comenzó a destruir documentos confidenciales sobre las relaciones que mantuvo el gobierno de Viktor Orban con Rusia, según denunció el futuro primer ministro Peter Magyar.
En su primer encuentro con la prensa internacional, Magyar diseñó las grandes líneas de la política exterior que desarrollará durante su mandato y, en ese sentido, anticipó que no tomará la iniciativa en llamar a Donald Trump ni a Vladimir Putin.
“Si me llaman, levantaré el teléfono”, se limitó a indicar. Al referirse a la actitud que adoptará su gobierno con Ucrania, reconoció que no se le puede imponer una paz al gobierno de Kiev ni pedirle que resigne una parte de su territorio.
El futuro primer ministro fue interrumpido en pleno diálogo con la prensa por un colaborador que le hizo llegar un papel. Luego de leerlo rápidamente, Magyar reveló lo actitud adoptada por el canciller.
“Acabo de recibir la información, se las voy a contar. Mucha gente pensaba que el ministro de Relaciones Exteriores había desaparecido, ya que ayer no se le vio durante el discurso de Viktor Orban”, reconociendo su derrota electoral, precisó Magyar.
“Hoy a las 10 de la mañana se presentó en el Ministerio y, desde entonces, junto con sus principales colaboradores más cercanos han estado destruyendo documentos relacionados con las sanciones”.
Magyar explicó que la información procede de fuentes internas del ministerio, donde muchos funcionarios están colaborando activamente con su partido Tisza, ganador de las elecciones del domingo.
“Es lo único que sé y lo comparto con ustedes”, insistió. En tono solemne comentó: “Eso es lo que está ocurriendo en este momento en Hungría. Desde hace días sabemos que había comenzado la destrucción de documentos, no solo en los ministerios, sino también en otras instituciones relacionadas con las élites de Orban”, afirmó Magyar.
Durante la campaña electoral, Szijjarta había sido acusado de mantener estrechos vínculos con su homólogo ruso, Serguei Lavrov, y de actuar como agente de Moscú.
Uno de los cargos señalaba que había ofrecido la ayuda de Hungría para retirar el nombre de ciudadanos rusos de la lista de sanciones adoptada por la Unión Europea (UE).
En Bruselas se lo señala como “espía al servicio del Kremlin” y se asegura que telefoneaba a Lavrov el contenido de las conversaciones que mantenían los cancilleres europeos en las reuniones a puertas cerradas. Por esa razón, los ministros europeos habían decidido no hablar de temas sensibles en presencia de Szijjarto.
“Lo que está destruyendo [Szijjarto] es la prueba de su traición con los rusos, es decir las informaciones que le transmitía a Moscú”, conjeturó una personalidad de alto nivel del futuro gobierno.
La sede del ministerio permanecía bloqueada al final de la tarde y sus teléfonos no respondían.
En su primer encuentro con la prensa extranjera, al día siguiente de la victoria electoral que le permitió obtener una mayoría de dos tercios en el Parlamento, Magyar admitió que –hasta ahora– no tenía ninguna precisión sobre el calendario de la transición, aunque solicitó al presidente húngaro Tamás Sulyok, no solo que apure esa gestión, sino que, debido a sus estrechos lazos con Viktor Orban, presente su dimisión.
El gobierno saliente de Viktor Orban tiene 30 días de plazo para transferir el poder a los vencedores de la elección del domingo.
Su denuncia sobre la actitud del canciller Szijjarto sugiere que las relaciones del nuevo gobierno con Moscú no serán tan fluidas como pretenden las primeras declaraciones de ambas partes.
Esa voluntad de “continuidad” fue promovida por el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, que expresó su confianza en mantener relaciones tan cordiales como las que hubo durante los 16 años de Orban.
“Rusia seguirá estando ahí y Hungría también. Tendremos que buscar la forma de convivir”, reconoció Magyar.
Durante la campaña, algunas personalidades influyentes de su partido insistieron, sin embargo, en reclamar una política de rápida “desrusificación” del país en caso de victoria.
Pero esa voluntad de cambio no será fácil porque Magyar tendrá las manos atadas durante largo tiempo, debido a los estrechos vínculos que había tejido Putin con Orban desde 2010.
La dependencia húngara se acentuó incluso después que comenzó la guerra en Ucrania, en 2022.
A pesar de las sanciones internacionales, Hungría siguió comprando petróleo y gas rusos, y permitió que el Kremlin iniciara la construcción de una nueva central nuclear de Paks (II) al sur de Budapest.
Además, siempre vetó las solicitudes de Kiev de unirse a la UE. Recientemente, incluso, bloqueó un préstamo a Ucrania de la Unión Europea (UE) de 90.000 millones de euros, destinado a sostener el esfuerzo militar ucraniano.
El nuevo gobierno deberá usar guantes de terciopelo porque Orban colocó la economía del país en situación de extrema dependencia de la energía rusa (petróleo, gas y nuclear).
Para romper esa relación asfixiante, que los húngaros denominan el “abrazo del oso”, Peter Magyar deberá renegociar esos vínculos complejos sin provocar una crisis energética.
El Kremlin mira con extrema desconfianza y considera que el nuevo líder húngaro es una incógnita. Fue miembro del equipo de Orban hasta hace un par de años. Luego pasó a la oposición abierta y, aunque es favorable a mejorar las relaciones con la UE y la OTAN –dos grandes obsesiones de Putin–, nunca rompió con Rusia.
En su primera conferencia de prensa, Magyar reveló que Hungría levantará el veto que impedía a la UE liberar esos 90.000 millones para Ucrania, aunque reafirmó que no participará en el préstamo, conforme a la posición asumida anteriormente por su país.
Sus primeros anuncios marcan un giro fundamental en la orientación de la política exterior de su país, que consistirá en abandonar la estrategia de hostilidad y boicot adoptada hace años por Orban. “El lugar de Hungría es Europa”, reafirmó en tono natural.
Para marcar claramente su voluntad de “cambiar de régimen y no solo de gobierno”, indicó que a principios de mayo hará su primer viaje a Polonia a fin de reanudar las relaciones entre los dos países, deterioradas desde que el primer ministro pro-europeo polaco Donald Tusk, llegó al poder.
Luego visitará, en el orden, Austria y la Unión Europea en Bruselas. También advirtió que Hungría no será tierra de asilo para los criminales buscados internacionalmente. Hungría, por el momento, no puede impedir su retiro de la Corte Penal Internacional (CPI), decidida por Orban, pero “pedirá nuevamente su reintegración”, prometió.