WASHINGTON.- “Republicanos: por favor, pongan a este tipo en la campaña electoral”, chicaneó el líder de la minoría demócrata en el Senado, Chuck Schumer, al apuntar directo al doble traspié diplomático de JD Vance durante el fin de semana, por la resonante derrota del premier húngaro Viktor Orban tras recibir el respaldo in situ en Budapest del vicepresidente norteamericano, y la frustración por marcharse de Islamabad sin conseguir un acuerdo de paz con los enviados iraníes.
“Demostró que es un peso ligero dos veces en 48 horas”, toreó, con una metáfora del boxeo, el gobernador de California, Gavin Newsom, una de las figuras en ascenso de un Partido Demócrata cada vez más entusiasmado con sus posibilidades en las elecciones de medio término. La mirada crítica sobre el vicepresidente también se extendió a analistas políticos, y hasta fue blanco de burlas en las redes sociales.
Seguramente que nada salió como Vance esperaba en los últimos días. Los pasos en falso en Hungría y, sobre todo, en Pakistán -que se presumía como una misión de alto riesgo-, no hicieron más que reforzar la debilidad política del vicepresidente y sus posibles ambiciones de ser el sucesor de Trump en 2028, en momentos que, además, el mandatario enfrenta crecientes resistencias internas por el impacto del conflicto bélico en Medio Oriente.
“Vance regresa a Washington habiendo clavado el último clavo en el ataúd de Orban, y habiendo fracasado en alcanzar un acuerdo con la Guardia Revolucionaria en Pakistán. Un viaje desastroso para su posición política”, evaluó Colby Badhwar, analista de seguridad del Centro de Análisis de Política Europea (CEPA, por sus siglas en inglés), un think tank con sede en Washington.
Vance había viajado a Budapest cinco días antes de las cruciales elecciones en Hungría para trasladar al líder nacionalista Orban –aliado europeo más estrecho de Trump– el apoyo del líder republicano. “El presidente lo aprecia mucho, y yo también”, le dijo el exsenador por Ohio, que lo describió como “un modelo a seguir” y “uno de los únicos estadistas de Europa”.
Cerró su presentación en Budapest deseándole “buena suerte” para los comicios del domingo, que terminaron con una estrepitosa derrota para Orban -alfil de Vladimir Putin- luego de 16 años en el poder, a manos del opositor Peter Magyar. El resultado no pasó desapercibido en Estados Unidos, donde Trump y sectores conservadores respaldaban desde hace tiempo al líder húngaro, convertido en un estandarte de la ultraderecha global por sus duras posturas antimigratorias.
“¿Podemos enviar a Vance para apoyar la reelección de Putin?“, se preguntó, sarcástico, Anthony Scaramucci, exdirector de Comunicaciones de la Casa Blanca durante un fugaz periodo en 2017, en la primera presidencia de Trump.
En su presentación en la escena global, en febrero del año pasado, el vicepresidente había generado ruido en Europa con un fuerte discurso ante líderes políticos, militares y diplomáticos en la Conferencia de Seguridad de Múnich. Allí, Vance había arremetido contra los gobiernos de los aliados europeos de Estados Unidos por lo que describió como su censura de la libertad de expresión y de sus oponentes, y había dado un apoyo velado a los partidos de extrema derecha europeos.
Tampoco se olvidan en Alemania del respaldo electoral que Vance le dio en ese momento al partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD), una postura que Berlín calificó como una injerencia electoral inoportuna.
Pocos días después, luego de un recordado cruce de Trump y el presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, en el Salón Oval, cientos de personas protestaron contra Vance a lo largo de la ruta cercana a una estación de esquí en Vermont, donde el vicepresidente había ido a pasar un fin de semana con su familia. Portaban carteles en apoyo a Ucrania en su guerra con Rusia y en defensa de los derechos de los inmigrantes.
Según Harry Enten, analista de datos de la cadena CNN, Vance es el vicepresidente menos popular de la historia norteamericana en comparación con sus predecesores en la misma etapa de su mandato.
Enten describió un marcado descenso en la popularidad de Vance desde que asumió el cargo, el 20 de enero del año pasado, cuando registraba un índice de aprobación neto de +3. Actualmente está en -18, lo que representa un derrumbe de 21 puntos en menos de 15 meses.
Según los promedios de las encuestas presentados por el analista, al mismo momento del mandato la demócrata Kamala Harris registraba -13; el republicano Mike Pence, -7; el demócrata Joe Biden, +4, y el republicano Dick Cheney, +37.
“Esto podría formar parte de una tendencia a largo plazo en la que los vicepresidentes se vuelven cada vez más impopulares”, advirtió Enten.
Vance, quien había mostrado profundas reservas públicas respecto a las intervenciones de Estados Unidos en el extranjero y había resistido la decisión de Trump de iniciar una guerra con Irán, había aceptado el encargo del mandatario para tomar las riendas de las negociaciones que encarrilaran la frágil tregua anunciada la semana pasada.
Acompañado en Islamabad por el enviado especial de Trump para Medio Oriente, Steve Witkoff, y el asesor y yerno del presidente, Jared Kushner, Vance se sentó a la mesa de diálogo mediada por Pakistán, pero se marchó con pocos avances tras unas maratónicas negociaciones de 21 horas.
El vicepresidente norteamericano culpó a Teherán por el fracaso de las negociaciones, mientras que el régimen de los ayatollahs sostuvo que fue por las exigencias “excesivas” de Estados Unidos, con el plan nuclear iraní y el desbloqueo del estrecho de Ormuz como puntos claves de fricción.
Mientras Vance y el equipo negociador terminaban el diálogo con los iraníes -el de más alto nivel entre funcionarios de ambos países desde la creación de la República Islámica, en 1979-, Trump y el secretario de Estado, Marco Rubio, estaban en Miami presenciando un combate de artes marciales mixtas (Ultimate Fighting Championship, UFC). El líder de la diplomacia norteamericana es, además, un posible contendiente de Vance para la interna republicana con la mira en 2028.
“No estaba claro si el presidente sabía que las negociaciones habían fracasado para el momento en que entró al recinto para el evento de UFC, al son de una canción de Kid Rock y entre un estruendoso aplauso”, señaló The New York Times.
“¡Qué semana para el vicepresidente! Tomó el paso inusual de hacer campaña por Orban, quien perdió en un derrumbe electoral [el domingo], y lideró conversaciones de paz en Pakistán que terminaron en fracaso. ¡No es el momento de comprar un billete de Powerball!“, aguijoneó en X el consultor político David Axelrod, exasesor de Barack Obama, con la última referencia al popular juego de lotería de Estados Unidos.