El hombre que se hizo millonario vendiendo parcelas de la Luna tras reclamar su propiedad en 1980

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Imaginá que te acabás de divorciar, no tenés dinero y pensás que podrías ganas algo si tuvieras una propiedad a la que sacarle beneficio. Entonces, mirás a la ventana y decís: “¡Eureka! Venderé la Luna”.

Suena un poco increíble, ¿verdad? Eso es exactamente lo que dice que pensó en 1980 Dennis Hope, un estadounidense que, tras ese momento de inspiración, se hizo millonario vendiendo parcelas de la Luna.

¿Cómo lo hizo? Aprovechándose de los “grises legales” de los tratados internacionales. Y, sin duda, con mucha pericia.

¡A la biblioteca!

Tras tremenda idea, decidió buscar información al respecto. Contó en una entrevista concedida hace años a Vice que fue a la biblioteca y buscó el Tratado del Espacio Ultraterrestre de 1967.

¿Qué dice este documento de Naciones Unidas? Pues que el espacio ultraterrestre es un bien común internacional, “provincia de toda la humanidad”, y que, por lo tanto, se prohíbe que cualquier nación reclame su soberanía territorial.

Hope miró por su ventana y pensó que sería una gran idea vender parcelas de la Luna.

En concreto, el artículo número 2 dice que “la Luna y otros cuerpos celestes no están sujetos a apropiación nacional por reivindicación de soberanía, por medio de uso u ocupación, ni por ningún otro medio”.

Hope lo interpretó así: si es de todos, no es de nadie. Y, aunque un país no pudiera reclamarlo, ¿por qué no un particular?

“Era tierra sin dueño”, dijo en una entrevista a la BBC.

Así que se la apropió tal y como “hicieron nuestros antepasados cuando llegaron al Nuevo Mundo desde Europa”.

La gran pregunta es cómo se “adquiere” la Luna. De nuevo, Hope se agarró de una suerte de vacío legal o, mejor dicho, una falta de respuesta. Envió a Naciones Unidas una reclamación de propiedad sobre la Luna, los otros ocho planetas y sus lunas.

En ella explicó que su idea era subdividir y vender la propiedad a quien la quisiera. Y tuvo el detalle de decirles que, si tenían algún problema legal, se lo hicieran saber. Nadie nunca le contestó.

Regalalé la Luna

Desde entonces, se vendieron parcelas de la Luna por hectáreas. Y no solo del satélite de la Tierra, también vendió terrenos de Marte, Venus y Mercurio.

Entre los compradores se encuentran estrellas de Hollywood, expresidentes de Estados Unidos ya fallecidos como Ronald Reagan y Jimmy Carter, y grandes cadenas hoteleras como Hilton y Marriott.

También se dice que George W. Bush es propietario de un lote lunar. Hope le dijo a la BBC en 2007 que vendía un promedio de 1500 propiedades al día, y contó que la manera de escoger los lotes era cerrando los ojos y señalando con el dedo índice un punto en el mapa de la luna.

“No es muy científico, pero es divertido”, dijo. Parece que es tan divertido como oneroso, ya que se dice que ganó unos US$12 millones en este trabajo que, asegura, es el único que tiene desde 1995.

Hope empezó a vender propiedades. En la imagen, los mapas de las parcelas disponibles en la Luna y en Marte, junto a la escritura de una propiedad en Marte.

“La propiedad más pequeña que puede comprarnos es de un acre. La propiedad más grande que vendemos es lo que llamamos una propiedad de ‘tamaño continental’ de 5.332.740 acres, que cuesta US$13.331.000”, le dijo a Vice.

“Todavía no vendimos ninguna de esas, pero sí muchas parcelas de entre 728 y 810 hectáreas. Tenemos 1800 grandes corporaciones en el planeta que nos compraron propiedades con un propósito específico, incluidas las cadenas hoteleras Hilton y Marriott”, precisó.

Una Constitución intergaláctica

Si llegaste hasta aquí, seguro que te estás preguntando cómo se sostiene esto o cómo se garantiza que los dueños de esos terrenos no son, de repente, expropiados.

Obviamente Hope y todos los propietarios pensaron lo mismo. Y, por supuesto, encontraron solución.

Según explicó el propio Hope, decidieron establecer una república democrática llamada “Gobierno Galáctico”.

“Tardamos tres años en redactar la Constitución y la publicamos en línea en marzo de 2004, cuando contábamos con 3,7 millones de propietarios y 173.562 votos para su ratificación. Así que ahora somos una nación soberana con una Constitución plenamente ratificada”, contó.

“Actualmente mantenemos relaciones diplomáticas con 30 gobiernos del planeta y estamos intentando que el mayor número posible nos reconozca, porque nuestra intención es unirnos al Fondo Monetario Internacional”.

BBC no pudo contrastar de modo independiente esta afirmación hecha por Hope.

El chileno que trató de poseer la Luna

Muchísimo antes de que el hombre siquiera pensara en la posibilidad real de poner un pie en la Luna, ya se hablaba del tema de la propiedad de los cuerpos celestes.

En 1936, Dean Lindsay reclamó la propiedad no solo de la Luna, sino de todos los objetos extraterrestres. En ese tiempo también recibió ofertas de compra. Y lo mismo hizo Jenaro Gajardo Vera.

Letrado y nacido en Chile en 1919, aseguraba que el 25 de septiembre de 1954 obtuvo esta posesión según consta en la documentación oficial firmada ante notario, donde aparece como “dueño de la Luna”.

La constancia de este bien es un papel firmado por una notaría de la ciudad agrícola de Talca, en el centro de Chile, a unos 255 km de la capital del país, y del que hoy queda registro en el Archivo Judicial de Santiago.

Este es el documento notarial que consta en el Archivo Judicial de Santiago de Chile. Según la legislación chilena, todos los notarios deben conservar copia de todos los documentos firmados durante un año y después, enviarlos al archivo judicial, que los guarda a perpetuidad.

Dice lo siguiente:

“Jenaro Gajardo Vera, abogado, es dueño, desde antes del año 1857, uniendo su posesión a la de sus antecesores, del astro, satélite único de la Tierra, de un diámetro de 3475 kilómetros, denominada LUNA, y cuyos deslindes por ser esferoidal son: Norte, Sur, Oriente y Poniente, espacio sideral. Fija su domicilio en calle 1 oriente 1270 y su estado civil es soltero. Jenaro Gajardo Vera. Carné 1.487.45-K. Ñuñoa. Talca, 25 de septiembre de 1954”.

Aunque el caso de Jenaro es más bien fruto de una broma.

Según él mismo contó en 1969 al diario estadounidense The Evening Independent, quiso hacerse con la Luna para entrar en una asociación local: el Club Social de Talca.

De acuerdo con sus declaraciones, las reglas del club establecían que los miembros de la sociedad debían demostrar poseer algún bien. Carente de medios y ansioso por formar parte de esta sociedad que reunía a la gente acomodada de la localidad, al letrado se le ocurrió comprar la Luna. Le costó US$1, según le contó al diario estadounidense.

Un negocio etéreo

Hope mantiene su negocio de bienes raíces intergalácticos, pero, pese a esto, los expertos aseguran que la Luna no es de nadie. Al menos no de forma legítima.

El tratado internacional de 1967 establece además que la exploración y el uso de este espacio deben beneficiar y ser de interés de todos los países.

¿Puede entonces alguien, a título individual, declararse dueño de la Luna?

“No”, le dijo tajantemente en 2019 Claire Finkelstein, profesora de Derecho en la Universidad de Pensilvania y experta en derecho internacional, al portal de noticias WHY, asociado con NPR, la radio pública de Estados Unidos.

La respuesta no es tan clara, sin embargo, cuando se trata de actividades comerciales en el espacio, como la explotación de recursos.

“La ley internacional es ambigua sobre las compañías privadas que establecen operaciones de minería en el espacio”, le dijo Ian Crawford, profesor de Ciencia Planetaria del Birbeck College de Londres, a la BBC para un artículo publicado en 2016.

“Es necesario revisar el Tratado del Espacio Ultraterrestre y actualizarlo”, aseguró.

Pero hasta entonces, y de acuerdo con el derecho espacial, la Luna no es de nadie y es de todos al mismo tiempo.

Por Alicia Hernández