El gobierno de Trump habría dicho a Cuba que su presidente tiene que irse

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NUEVA YORK.– Mientras funcionarios de Estados Unidos y Cuba negocian sobre el futuro de la isla caribeña gobernada por el comunismo y asediada económicamente, el gobierno de Donald Trump busca empujar al presidente Miguel Díaz-Canel fuera del poder, según cuatro personas familiarizadas con las conversaciones.

Miguel Diaz-CanelEraldo Peres – AP

La medida derribaría a una figura clave del liderazgo, pero dejaría intacto al gobierno comunista represivo que ha gobernado Cuba durante más de 65 años. Los estadounidenses han señalado a los negociadores cubanos que el presidente debe irse, pero están dejando los próximos pasos en manos de los propios cubanos, dijeron esas personas.

Hasta ahora, Estados Unidos no está presionando para que se tomen medidas contra miembros de la familia Castro, que siguen siendo los principales intermediarios del poder en el país, dijeron dos de las fuentes. Esto coincide con el deseo general de Trump y sus asesores de forzar el cumplimiento del régimen, más que promover un cambio de régimen completo, en su política exterior.

Según la visión de algunos funcionarios del gobierno de Trump, remover al jefe de Estado cubano permitiría realizar cambios estructurales en la economía del país que Díaz-Canel —a quien consideran un dirigente de línea dura— probablemente no apoyaría, dijo una de las personas.

Si los cubanos aceptan, sería la primera gran sacudida política surgida de las conversaciones entre ambos países desde que comenzaron hace unos meses.

De izquierda a derecha, Fidel Castro, Ernesto «Che» Guevara y Anastas Mikoyan en la visita que aceleró el desencuentro entre Washington y La Habana.

La destitución del principal funcionario del liderazgo cubano le daría al presidente Trump una victoria simbólica, que le permitiría decir al público estadounidense que logró derribar al líder de un gobierno izquierdista históricamente opuesto a Estados Unidos, como ocurrió en Venezuela, dijo una de las personas.

La medida, aunque busca mostrar a la comunidad cubana en el exilio y a otros estadounidenses que el gobierno de Trump pretende impulsar cambios políticos además de económicos, probablemente decepcionaría a muchos exiliados cubanos conservadores en Estados Unidos, que quieren ver una transformación política completa en Cuba. Legisladores cubano-estadounidenses en el Congreso y políticos de Florida también podrían exigir más acciones a Trump.

Un turista toma fotos de la Embajada de Estados Unidos, con las banderas de Estados Unidos y Cuba al fondoADALBERTO ROQUE – AFP

Los negociadores estadounidenses también quieren que Cuba acceda a remover del poder a algunos funcionarios mayores que aún se mantienen fieles a las ideas de Fidel Castro, el padre de la revolución comunista, dijo una de las fuentes. Además, Washington presiona por la liberación de presos políticos, un objetivo histórico de la política estadounidense.

Desde la perspectiva de los funcionarios estadounidenses, las conversaciones se centran en lograr que Cuba abra gradualmente su economía a empresarios y compañías estadounidenses, sentando las bases para lo que sería un estado cliente, mientras se consiguen algunas victorias políticas simbólicas que Trump pueda anunciar.

Un soldado monta en bicicleta en La Habana, CubaRamon Espinosa – AP

Las cuatro personas hablaron bajo condición de anonimato para discutir asuntos diplomáticos sensibles.

El gobierno cubano declinó hacer comentarios.

Díaz-Canel, de 65 años, es presidente de Cuba desde 2018 y también ocupa la presidencia del Partido Comunista. Le quedan dos años de mandato.

Fue la primera persona cuyo apellido no es Castro en gobernar Cuba desde la victoria de la revolución en 1959.

Ex vicepresidente y dirigente regional del partido, es considerado ampliamente una figura decorativa sin verdadero control político ni económico en Cuba. Fue el sucesor elegido por el ex presidente cubano Raúl Castro, hermano de Fidel, que ahora tiene 94 años y aún conserva una influencia considerable.

Meses después de la llegada de Fidel Castro al poder comenzaron las hostilidades entre Washington y La Habana.

Durante la presidencia de Díaz-Canel, Cuba vivió protestas nacionales masivas en julio de 2021, las más grandes en décadas. Él respondió llamando a sus seguidores a “combatir” e imponiendo una dura represión que incluyó arrestos masivos, procesos judiciales y condenas a prisión.

El conglomerado empresarial controlado por los militares Gaesa administra sectores clave como el turismo y el comercio minorista, y se cree que tiene más peso en los asuntos del país que el propio presidente.

Pero el liderazgo formal de Díaz-Canel en Cuba, durante un período en el que millones de ciudadanos huyeron del país mientras el deterioro económico provocaba una crisis humanitaria, lo convirtió en un blanco evidente para cargar con la responsabilidad, dicen los expertos.

Un poster con la figura de Fidel Castro pretende mantener la mística revolucionaria en La HabanaYAMIL LAGE – AFP

El mensaje del gobierno de Trump de que Díaz-Canel debe irse no fue planteado como un ultimátum, sino como un paso positivo que abriría el camino a acuerdos productivos, dijo una de las fuentes.

Los cubanos involucrados en las conversaciones con Estados Unidos coincidieron en que su presidencia ha sido problemática, pero aún deben encontrar una manera de realizar el cambio sin dar la impresión de que Washington está dictando lo que debe hacer La Habana, agregó la fuente.

Estados Unidos ha señalado que no puede haber acuerdo con él al mando, dijo esa persona.

Como parte de su estrategia para presionar al gobierno cubano, el gobierno de Trump bloqueó las importaciones extranjeras de petróleo hacia la isla.

Un joven en rehabilitación se encuentra junto a su cama en un hospital psiquiátrico de La Habana, CubaRamon Espinosa – AP

Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro, ha sido uno de los principales negociadores con Estados Unidos, dialogando directamente con el secretario de Estado Marco Rubio, hijo de inmigrantes cubanos, y probablemente continuaría guiando al gobierno tras la salida de Díaz-Canel, dijo esa persona.

Rodríguez Castro, conocido como “Raulito”, ejercería el poder tras bambalinas, mientras otra figura que no lleve el apellido Castro ocuparía oficialmente el cargo, añadió.

En una conferencia de prensa de 90 minutos el viernes, Díaz-Canel reconoció por primera vez que continúan las conversaciones con el gobierno estadounidense y culpó de los problemas económicos del país y de los apagones prolongados al embargo comercial de Washington, y en particular al bloqueo petrolero impuesto por Trump.

Un transbordador cruza la bahía de La Habana frente a la refinería de petróleo Nico López, donde está anclado un petrolero cubanoRamon Espinosa – AP

Cuba no ha recibido importaciones de petróleo en tres meses, dijo el presidente.

“El gobierno no tiene la culpa, la revolución no tiene la culpa, nuestro sistema electroenergético nacional no tiene la culpa”, afirmó. “La culpa está en el bloqueo energético que se nos ha impuesto.”

El lunes, la red eléctrica colapsó y todo el país quedó a oscuras.

El Departamento de Estado estadounidense declinó comentar, remitiéndose a declaraciones recientes de Trump sobre Cuba.

Estudiantes se reúnen frente a la Universidad de La Habana durante una protesta por la crisis energética que ha interrumpido las clasesRamon Espinosa – AP

“Creo que tendré el honor de quedarme con Cuba”, dijo Trump el lunes.

Cuando se le preguntó si eso implicaría una acción diplomática o militar, se negó a precisarlo y dijo únicamente: “Creo que puedo hacer lo que quiera con ella”.

El gobierno de Trump busca hacer en Cuba lo que hizo en Venezuela —remover a su presidente— pero esta vez sin usar la fuerza militar. Un ataque militar se considera improbable, dijeron dos de las fuentes.

Un barco con ayuda humanitaria procedente de México entra al puerto, en La Habana, capital de Cuba, el 28 de febrero de 2026[e]JOAQUIN HERNANDEZ – XinHua

Cuando Estados Unidos llevó a cabo ataques aéreos en Caracas el 3 de enero, soldados estadounidenses entraron en la capital y capturaron al líder del país, Nicolás Maduro, quien ahora enfrenta cargos por narcotráfico en Nueva York. La operación permitió a Washington tomar el control de la industria petrolera venezolana y detener todos los envíos de petróleo del país hacia Cuba.

México también había estado enviando petróleo a Cuba con fines humanitarios, pero suspendió esos envíos bajo presión del gobierno de Trump.

El gobierno estadounidense también sugirió que Cuba privatice su sector petrolero, pero las autoridades cubanas son reacias porque eso probablemente le daría a Washington una gran influencia sobre los asuntos del país, dijo una de las fuentes.

Deshacerse de Díaz-Canel sería más simbólico que sustancial, pero ofrece una oportunidad perfecta para que Washington y La Habana “reinicien” su relación, dijo Ricardo Zúñiga, ex funcionario del Consejo de Seguridad Nacional durante el gobierno de Barack Obama que participó en negociaciones secretas con Cuba que llevaron a la apertura diplomática y económica.

Un barco con ayuda humanitaria procedente de México entra al puerto, en La Habana, capital de Cuba, el 28 de febrero de 2026[e]JOAQUIN HERNANDEZ – XinHua

“Tiene perfecto sentido para mí; eso es lo que yo habría hecho”, dijo Zúñiga. “El capitán se hunde con el barco, y este barco se está hundiendo.”

Díaz-Canel nunca fue alguien dispuesto a impulsar políticas transformadoras, añadió Zúñiga, y fue colocado en el cargo precisamente porque no introduciría cambios drásticos, lo que ahora lo convierte en una figura fácil de sacrificar en el actual enfrentamiento con Estados Unidos.

Algunos expertos dijeron que destituirlo no sería suficiente.

“Sí, tienen que deshacerse de él —junto con todo el buró político del Partido Comunista y Gaesa—”, dijo Marlene Azor Hernández, ex socióloga de la Universidad de La Habana actualmente exiliada en México.

“Creo que ha hecho un mal trabajo, pero es una figura completamente manipulada.”

No está claro quién ocuparía el lugar de Díaz-Canel, pero el gobierno cubano parece estar probando distintos candidatos, dando mayor visibilidad pública a funcionarios que normalmente trabajan detrás de escena.

Oscar Pérez-Oliva Fraga, sobrino nieto de Fidel y Raúl Castro, designado viceprimer ministro a fines del año pasado, dio el lunes una rara entrevista a una cadena de noticias estadounidense en la que habló de abrir el país a la inversión extranjera.