El “Mencho” está muerto, pero los carteles del narcotráfico mexicanos todavía no

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WASHINGTON.– El gobierno de Claudia Sheinbaum se anotó el domingo un éxito significativo en la lucha contra el narco. En un operativo liderado por las fuerzas armadas, las autoridades mexicanas abatieron a Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), la organización criminal más poderosa que haya surgido en México en muchos años.

Oseguera se había convertido en una figura casi mítica para los miembros de su cartel, quienes suelen llamarse a sí mismos “los hombres del Mencho”, pero el CJNG se ha convertido en una fuerza aterradora y cruel en sí misma, responsable de extorsiones, tráfico de drogas -especialmente fentanilo- y atroces actos de violencia.

La muerte de Oseguera también marca un punto de ruptura definitivo con los años de permisividad del anterior gobierno mexicano, liderado por Andrés Manuel López Obrador. La estrategia de “abrazos, no balazos” de López Obrador hizo posible que organizaciones criminales como el CJNG expandieran su poder y sus dominios. La muerte de Oseguera sugiere que la presión constante del gobierno de Trump obligó al gobierno mexicano a cambiar de rumbo. De hecho, los primeros informes sugieren que la inteligencia de Estados Unidos contribuyó al éxito de la operación.

Vista aérea del lugar donde se escondía el narcotraficante colombiano «El Mencho» en el momento del operativo en el que fue asesinado, en el «Tapalpa Country Club» en Tapalpa, Jalisco, MéxicoULISES RUIZ – AFP

Tal vez la presidenta Sheinbaum haya emprendido con reticencia este camino de mayor confrontación con el narco, pero ahora debe mantener el rumbo, sabiendo que probablemente será un camino difícil y manchado de sangre.

La muerte de Oseguera desencadenó violentas repercusiones en una decena de estados mexicanos -casi un tercio del país-, y una de las ciudades más afectadas fue Guadalajara, donde se vivieron enfrentamientos de grupos armados, quema de vehículos y saqueo de negocios. En menos de cuatro meses, allí se disputarán partidos de la Copa Mundial de Fútbol.

Y no hay motivos para pensar que la violencia disminuirá.

El descabezamiento de organizaciones criminales rara vez conduce a su desaparición. De hecho, en México han provocado la fragmentación de los carteles y el surgimiento de facciones escindidas que a veces son hasta más violentas e impredecibles que la estructura original y que convierten las calles en campos de batalla donde resolver sus disputas territoriales. Es lo que está pasando precisamente en el estado de Sinaloa y sobre todo en su capital, Culiacán, donde la reciente captura y extradición de Ismael “El Mayo” Zambada ha desatado una brutal lucha por el control del territorio entre facciones afines a los herederos de Zambada y los leales a los hijos de “El Chapo” Guzmán.

Ismael «El Mayo» Zambada EPA

Alfonso Alejandre, analista mexicano de la ciudad de Guadalajara, dice que incluso antes de la muerte de Oseguera ya había indicios de fragmentación dentro del cartel. “Oseguera era quien mantenía unida a la organización”, apunta Alejandre, y se pregunta qué ocurrirá ahora sin esa fuerza unificadora. Durante los tiroteos del domingo, las fuerzas armadas mexicanas también abatieron a otros miembros del cartel, y del rango que tenían esos miembros dentro de la organización podría depender la magnitud de la guerra interna que se avecina. El periodista mexicano Oscar Balderas lo expresó así: “El CJNG no es un cartel, sino una organización criminal transnacional, y como tal, está diseñada para sobrevivir sin su CEO. Este no es el fin del CJNG, sino el fin de la era del ‘Mencho’”.

Aunque tiene su base en Jalisco y Guanajuato, el CJNG opera en casi todo México. “Mi principal preocupación es que las autoridades tengan un plan para contener la inminente fragmentación del cartel”, señala el experto en redes delictivas Eduardo Guerrero. “Sería trágico que en los próximos meses Guadalajara se convierta en un espejo de Culiacán”, donde se vive la lucha interna por la fragmentación del cartel de Sinaloa.

El lunes, en una conferencia de prensa de aire solemne, el secretario de Defensa mexicano, Ricardo Trevilla, relató los detalles del operativo y visiblemente conmovido les dio sus condolencias a las familias de los soldados mexicanos caídos en el operativo. Lo siguió la presidente Sheinbaum con un mensaje terminante: “Hay gobierno, hay fuerzas armadas, hay gabinete de seguridad y hay mucha coordinación”, declaró la mandataria.

No mencionó, sin embargo, si el operativo contó con la cooperación de Estados Unidos. Y eso es un error. Al minimizar u ocultar el alcance de la colaboración bilateral en nombre de la soberanía retórica, Sheinbaum pierde de vista un mensaje contundente: que el Estado mexicano no está aislado, sino que opera con la vasta capacidad de inteligencia de su vecino del norte.

Miembros del ejército a bordo de una camioneta se ven junto a un auto incendiado que bloqueaba carreteras mientras el narcotraficante mexicano «El Mencho» intentaba huir, cerca del «Tapalpa Country Club», donde se escondía en el momento del operativo en el que fue asesinado, en Tapalpa, Jalisco, MéxicoULISES RUIZ – AFP

El Mencho está muerto, pero la nueva fase de la guerra contra los carteles recién acaba de empezar, con la mirada de Estados Unidos desde el cielo y la presencia militar mexicana en el terreno. Hartos de estos interminables ciclos de violencia, muchos votantes mexicanos probablemente recibirán con satisfacción este avance. De hecho, los carteles no deberían hacerse ilusiones ni dormir tranquilos. No saben lo que les espera.

(Traducción de Jaime Arrambide)