TOKIO.– La Cámara Baja confirmó formalmente a Sanae Takaichi en sus funciones como primera ministra de Japón este miércoles, después de su aplastante victoria en las elecciones anticipadas del 8 de febrero, un respaldo que le permite consolidar una mayoría de dos tercios y avanzar con su agenda de ultraderecha. Se prevé que mantenga a todos los ministros anteriores.
Takaichi, de 64 años, se convirtió en octubre en la primera mujer en gobernar el país y obtuvo casi el 70% de las bancas de la Cámara Baja –la más poderosa de las dos cámaras parlamentarias de Japón– en los comicios anticipados que convocó apenas tres meses después de asumir. La reelección es considerada una formalidad para reforzar aún más a su gobernante Partido Liberal Democrático (PLD).
Tener el control de dos tercios de la Cámara Baja, de 465 escaños, permite al partido oficialista dominar los principales cargos en los comités de la cámara e impulsar leyes rechazadas por la Cámara Alta, donde la coalición gobernante carece de una mayoría.
Entre sus objetivos figuran reforzar el ejército japonés –lo que probablemente tensará aún más las relaciones con China–, aumentar el gasto público y fortalecer las políticas sociales conservadoras. Al mismo tiempo, enfrenta presiones para abordar el alza de precios, el descenso de la población y las preocupaciones sobre seguridad militar.
En noviembre, Takaichi, llamada por The Economist como “la mujer más poderosa del mundo”, sugirió que Japón podría intervenir militarmente si Pekín intentaba atacar a Taiwán. Eso enfureció a China, que considera a la isla parte de su territorio y no descarta tomarla por la fuerza, si fuera necesario.
Muchos japoneses, frustrados por la creciente asertividad de China, acogieron con satisfacción sus comentarios sobre Taiwán. Envalentonada por la reciente victoria electoral, la primera ministra podría adoptar una postura más beligerante con China, según expertos.
“Para China, es simple”, indicó Masato Kamikubo, profesor de ciencias de políticas en la Universidad Ritsumeikan: “Los japoneses quieren que ella sea dura”.
Takaichi se comprometió a revisar las políticas de seguridad y defensa para diciembre con el fin de reforzar la capacidad militar de Japón, levantar la prohibición de exportar armas letales y alejarse aún más de los principios pacifistas de posguerra. Japón también estudia desarrollar un submarino de propulsión nuclear para aumentar sus capacidades ofensivas.
La actual mandataria también quiere mejorar la recopilación de inteligencia para trabajar más estrechamente con su aliado Washington y con socios de defensa como Australia y Reino Unido. Su gobierno prevé impulsar una ley para crear una Agencia Nacional de Inteligencia y comenzar discusiones para una controvertida ley antiespionaje que en gran medida apunta a espías chinos, según medios locales.
Asimismo, la primera ministra prometió reforzar las leyes migratorias, pese a que la segunda mayor economía de Asia lucha con la falta de mano de obra y el declive poblacional. Su gobierno aprobó en enero normas más estrictas sobre residencia permanente y naturalización, así como medidas para evitar el impago de impuestos y de la seguridad social.
Su primera tarea urgente es hacer frente a la subida de los precios y el estancamiento de los salarios, así como conseguir la aprobación del presupuesto nacional para el año fiscal que inicia el 1 de abril, luego de que el proceso fue aplazado por la elección.
En un discurso previsto para el viernes, Takaichi insistirá en su promesa de campaña de suspender por dos años el impuesto al consumo para alimentos para aliviar la presión inflacionaria sobre los hogares, indicaron los medios.
Esta promesa generó temores en los mercados por la enorme deuda japonesa, y llevó al Fondo Monetario Internacional (FMI) a advertir que provocaría que los pagos de intereses sobre esa deuda se dupliquen entre 2025 y 2031. Para aliviar esos temores, Takaichi insistirá en su mantra de tener una política fiscal “responsable, proactiva” y fijar una meta de reducción de la deuda pública, según los medios.
También se espera que en su discurso, la primera ministra anuncie la creación de un “consejo nacional” con representación de todos los partidos para discutir la tributación y cómo financiar la seguridad social en una población que envejece.
La coalición gobernante también quiere acelerar el debate sobre cambios constitucionales y la revisión de las reglas que rigen a la familia imperial para aliviar una posible crisis de sucesión. Takaichi y muchos en su PLD rechazan permitir que una mujer asuma como emperatriz, pero las reglas podrían ser modificadas para “adoptar” nuevos miembros masculinos.
La primera ministra se opone al matrimonio entre personas del mismo sexo y también está en contra de una revisión de la ley civil del siglo XIX que permitiría apellidos separados para los matrimonios, de modo que las mujeres no se vean presionadas a abandonar el suyo.
Takaichi maniobra para lograr una cumbre con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el próximo mes, quien visitará Pekín en abril.
El presidente de Estados Unidos respaldó a Takaichi antes de las elecciones japonesas, y horas antes de su reelección como primera ministra, el secretario de Comercio de Estados Unidos, Howard Lutnick, anunció que Japón aportará capital para tres proyectos dentro de un paquete de inversión de 550.000 millones de dólares.
Japón está comprometido con el primer lote de proyectos, por 36.000 millones de dólares: una planta de gas natural en Ohio, una instalación de exportación de crudo en la costa estadounidense del Golfo de México y un sitio de fabricación de diamantes sintéticos.
“Japón seguirá gastando cada vez más para Estados Unidos”, afirmó Kamikubo. “La cuestión es si el público quiere que ella se pronuncie contra Trump o que sea obediente para garantizar la seguridad japonesa”, agregó.
La primera ministra es hija de una familia de clase media y habla sin rodeos. Su identidad política es ultraconservadora y muchos analistas la comparan con Margaret Thatcher por su firmeza característica.
La estrategia de convocar elecciones anticipadas solo tres meses después del inicio de su gestión rindió los frutos esperados para el oficialismo y marcó un hito sin precedentes en la historia política de Japón. Aunque el PLD domina la política japonesa desde su fundación en 1955 –solo fue desplazado del poder en dos breves ocasiones–, nunca había obtenido un triunfo tan contundente como en las elecciones del 8 de febrero.
A pesar de las críticas hacia su agenda, que algunos sectores consideran divisoria, su popularidad se mantiene en niveles récord. Tras este respaldo popular masivo, Takaichi manifiesta su plena disposición para ejecutar sus ambiciosas políticas de derecha.
Su éxito rotundo relega a un segundo plano los escándalos de financiación y de índole religiosa que afectaron la imagen del partido en el pasado reciente.
Agencias AFP y AP