MADRID.– El aluvión de votos que recibió en los últimos dos comicios regionales anima a Vox a soñar con un crecimiento electoral inédito para la ultraderecha en España. Santiago Abascal, el presidente del partido, mira a su alrededor y toma coraje: sus pares europeos se afianzaron en las últimas elecciones de Alemania y Portugal hasta superar el 20% de los votos, se consolidaron como segunda fuerza en Francia y el partido de Giorgia Meloni gobierna en Italia.
Abascal encontró la fórmula para captar votos: Vox se presenta como una fuerza disruptiva en el ecosistema bipartidista español, que sólo ha tenido en La Moncloa al Partido Socialista (PSOE) y al Partido Popular (PP). Sin responsabilidades de gobierno, Vox machaca sobre uno de los temas más sensibles para los españoles: la inmigración. Las últimas encuestas nacionales predicen que, a este ritmo, estarán cerca del 20% de los votos en las elecciones nacionales de 2027 y, así, podrían quedarse con una vicepresidencia en el próximo gobierno liderado por el PP.
César Calderón Avellaneda, director de la consultora Red Lines, explica a LA NACION que Vox cautivó a un electorado joven y de bajos recursos económicos disconforme con su calidad de vida, condicionada por la crisis de la vivienda y los salarios bajos. “Han difundido una equívoca percepción sobre la inmigración. Han sembrado el germen de la discordia entre los sectores socioeconómicos más desfavorecidos, a quienes desde la extrema derecha se los bombardea diciéndoles que les están robando el trabajo y los subsidios, cuando en realidad España necesita más inmigración para mantener su estado del bienestar”, sostiene el politólogo.
Oscar Martínez Tapia, profesor de Ciencia Política en la IE University, asegura a este medio que Vox fue inteligente al explotar electoralmente los problemas de la España rural en Extremadura y Aragón, donde duplicaron sus votos. “Son regiones interiores con problemas de despoblación y de abandono del campo, con sectores agrícolas en plena transformación para adaptarse al desafío climático, incluyendo un modelo intensivo de utilización de mano de obra migrante, en muchos casos ilegal. Como muchas otras regiones que fueron un fortín socialista en los 80’ y 90’, las tremendas expectativas generadas (y no conseguidas), la “desclasización”, la soledad, la frustración, ha acelerado la derechización de estos otrora votantes de izquierda, como lo ha hecho en similares contextos en el resto de las democracias de nuestro entorno”, reflexiona el doctor en Ciencia Política.
Pero Vox no sólo logró captar el descontento con Pedro Sánchez, sino que metió al PP en un laberinto. Los populares gobernaban en alianza con la ultraderecha en seis comunidades autónomas, pero Abascal decidió abandonar esos gobiernos provinciales cuando el PP avaló políticas migratorias impulsadas desde la Unión Europea. Fue rentable para la ultraderecha: desde que se convirtió en opositor, Vox nunca dejó de crecer, como avalan las elecciones en Extremadura y Aragón, las primeras del calendario electoral.
Calderón Avellaneda observa que el crecimiento de Vox está ligado al estancamiento del PP, la fuerza de derecha tradicional en España. “En lugar de imponer su propia agenda de centro-derecha reformista propositiva que sin duda conseguiría atraer a un enorme número de españoles, el PP sigue empeñado en chapotear en el fango dialéctico de los extremistas de Vox. Es como si el Real Madrid renunciara a jugar en su cancha y jugase toda la liga en el Camp Nou, el estadio del Barcelona. Es incomprensible”, cuestiona.
La decisión de adelantar los comicios, justamente, deja en evidencia la falta de respuestas del PP, que había tomado esa decisión para gobernar en solitario y ahora tendrá que sentarse a negociar con una ultraderecha empoderada. “Vox se dio cuenta de que en cualquier coalición el socio pequeño sufre mucho porque no puede hacer oposición y porque las medallas de la gestión se las lleva el más grande, por eso han dado un paso al costado. Es más fácil protestar que gobernar”, reconoce un dirigente de la mesa nacional del PP ante LA NACION. Y agrega que las condiciones impuestas por Abascal para formar gobierno en Extremadura son “inasumibles”.
Por eso, Alberto Núñez Feijóo, presidente del PP, advirtió esta semana que Vox no puede convertirse en “un muro” para frenar la salida del PSOE de La Moncloa. “Quiero dirigirme a Vox con una sola palabra: responsabilidad. No confundan los adversarios, no confundan las prioridades. Lo que acordemos de forma razonable se hará y lo que no podemos, porque no está en la Constitución, no se hará. Vox no puede transformarse en un muro, porque la gente no votó eso”, lanzó.
Las encuestas anticipan que el panorama podría repetirse en las elecciones de Castilla y León, el próximo 15 de marzo. “No veo ninguna razón objetiva para que Vox deje de crecer, en buena medida a costa del PP. Hace un año estábamos diciendo que era imposible que tuvieran más del 15%, pero ya está superando esos números. ¿Puede conseguir el 20% a nivel nacional? ¿Por qué no?”, insiste Calderón Avellaneda. Martínez Tapia proyecta un futuro incierto para el próximo gobierno español si Abascal logra ser el vicepresidente de Feijóo. “Puede ser un socio muy incómodo”.
Un sondeo publicado esta semana por el diario El País sitúa a Vox por primera vez en una proyección del 18% de intención de voto a nivel nacional, seis puntos más que en los comicios de 2023. El PP aparece estancado en un 31%, dos puntos menos de su resultado en las últimas generales. La caída es mucho más pronunciada para el PSOE, que pierde cuatro puntos desde 2023.
Desde el PP están convencidos de que el PSOE y Vox eligieron complementar sus relatos desde los opuestos. Y ponen como ejemplo algunas de las últimas medidas del gobierno socialista, como la regularización de migrantes anunciada hace semanas desde La Moncloa, que puso en agenda el tema favorito de la ultraderecha. “Sánchez es el enemigo público número uno de la derecha. Ese odio visceral al presidente polariza y genera la radicalización de las derechas, que no encuentra suficiente “rechazo” o “asco” en el PP, a la que llaman “la derechita cobarde”. Vox ha conseguido crear y controlar la tormenta perfecta de odio que conecta, sobre todo, con los hombres jóvenes que no han conocido la dictadura y romantizan sus efectos”, argumenta Martínez Tapia.
Los expertos coinciden en que la política europea ofrece antídotos para el crecimiento de Vox aunque aseguran que, por ahora, la política española no está preparada para aplicarlos. Las recientes elecciones en Portugal ejemplifican que el crecimiento de la extrema derecha suele facilitar los pactos entre partidos tradicionales, aunque eso sería impensable para el próximo gobierno español si Sánchez permanece al mando del PSOE. Calderón Avellaneda apunta otra herramienta que puede neutralizar a cualquier fuerza política en ascenso: la gestión. “El gran freno para Vox será cuando les toque aplicar sus políticas de gobierno, cuando tengan que comprometerse a hacer cosas. Pero ahora, que estamos en el terreno de la política ficción de ‘yo haría y yo haría’, su límite es el universo”.