En una exposición ante inversores internacionales realizada en Londres, el vicepresidente del Banco Central (BCRA), Vladimir Werning, buscó despejar una de las principales inquietudes del mercado: por qué, en la actual etapa del programa económico, la compra de reservas mediante emisión de pesos no implicará presiones ni sobre el dólar ni sobre la inflación.
La explicación se enmarca en la denominada Fase 4 del programa económico, lanzada a mediados de diciembre, que combina normalización financiera poselectoral, remonetización de la economía y recomposición de reservas, tras haber superado el episodio de fuerte estrés previo a las elecciones legislativas de 2025.
El diagnóstico oficial se apoya, en primer lugar, en la dinámica reciente del mercado cambiario. Desde que comenzó la nueva fase del programa, en enero, el BCRA acumula compras por US$903 millones, entre adquisiciones en el Mercado Libre de Cambios (MLC) y compras en bloque por fuera del mercado. Lejos de generar tensión, el tipo de cambio oficial cerró este miércoles en $1427,50, 2% por debajo del nivel de cierre de diciembre.
Uno de los ejes centrales de la presentación en la 12ª Conferencia BBVA América Latina en Londres fue una corrección marcada en los flujos de dolarización minorista tras el proceso electoral. Según explicó Werning, este comportamiento está asociado a una corrección marcada en los flujos de dolarización minorista tras el proceso electoral.
Entre abril y las elecciones, la compra de dólares billete promedió US$2500 millones mensuales, en un contexto de elevada incertidumbre política. Tras los comicios, ese flujo se redujo de manera significativa y pasó a ubicarse en torno a US$600 millones por mes, una contracción cercana al 75%, lo que alivió la presión estructural sobre el mercado.
Para el BCRA, este giro es clave para entender por qué hoy puede comprar divisas sin generar tensiones cambiarias: el sector privado dejó de demandar dólares como cobertura, mientras las expectativas comenzaron a alinearse nuevamente con el esquema de bandas.
A este factor se suma una mejora en la oferta potencial de divisas. El Central estimó que una porción relevante del financiamiento corporativo externo todavía no se volcó al mercado local: se trata de unos US$3600 millones provenientes de colocaciones en dólares que deberían ingresar en las próximas semanas. Desde octubre, las empresas argentinas accedieron a US$6400 millones de financiamiento externo, que por regulación deben liquidarse en la plaza cambiaria doméstica en 180 días.
A esto se suma la normalización de los flujos del sector agroexportador, en la previa al inicio de la cosecha gruesa, y el impacto esperado de los proyectos del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), concentrados en energía y minería, que —según proyecciones oficiales— permitirían duplicar las exportaciones en dos años y casi cuadruplicarlas en cinco.
En el plano inflacionario, el Central señaló que sus mediciones internas de seguimiento diario sugieren una moderación en la dinámica de precios al inicio del 2026, luego de la aceleración registrada en diciembre (2,8%).
En particular, los registros internos muestran que alimentos y bebidas, el rubro de mayor peso en la canasta del Indec, registró subas superiores al 4% mensual en diciembre, pero evidenció una desaceleración clara hacia valores inferiores al 3% a mediados de enero. Un comportamiento similar se observó en los alimentos procesados, cuyo ritmo de aumento se moderó hacia niveles cercanos al 1% mensual.
El análisis del BCRA atribuyó la aceleración de precios de fin de año a factores específicos vinculados a precios regulados y alimentos frescos, de fuerte componente estacional. Al aislar esos efectos, la inflación subyacente se mantiene en torno al 2% mensual, compatible —según el BCRA— con un proceso de desinflación gradual y expectativas aún contenidas.
Werning también subrayó las limitaciones estructurales del mercado cambiario, caracterizado por bajo volumen y escasa participación extranjera. En ese marco, trazó una comparación histórica: en 2017, durante el gobierno de Mauricio Macri, la deuda en pesos en manos de no residentes alcanzaba los US$30.700 millones. Hoy, esa exposición se redujo a unos US$3700 millones.
Para el Central, esta diferencia reduce de manera significativa el riesgo de desarmes abruptos de posiciones que presionen simultáneamente sobre la deuda en pesos y el tipo de cambio. En ese contexto, el BCRA insiste en que la emisión asociada a la compra de dólares no es inflacionaria, ya que ocurre en una economía que viene de una profunda desmonetización y en la que la demanda de dinero vuelve a crecer.