Cuatro riesgos que enfrentará Javier Milei este año

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Javier Milei comienza 2026 con el desafío de evitar que la economía experimente un escenario negativo en el tercer año de gestión, un proceso que sí vivieron los últimos dos presidentes. El libertario vivió el suyo en 2025, en la previa de las elecciones legislativas, pero un salvataje del Tesoro estadounidense le permitió superar la crisis y estabilizar las variables tras su triunfo en las urnas.

Sin comicios hasta 2027, lo que viene incluye retos como la recomposición de las reservas del Banco Central, la recuperación de los ingresos y el empleo y el crecimiento de la economía, en un escenario que enfrenta amenazas locales y externas.

En los últimos años, el petróleo se sumó a la soja como otra de las commodities exportables claves del país. Hoy, ambas constituyen dos de los principales complejos generadores de divisas y comparten un escenario de bajos precios en el mercado internacional.

Por el lado de la soja –y otros productos como el maíz y el trigo-, analistas dan cuenta de cosechas altas que incrementaron la oferta mundial. De todas maneras, la perspectiva para el país es que la cosecha local sea fuerte (alrededor de 50 millones de toneladas), con un ingreso de alrededor de US$200.000 millones.

Cocecha de soja de segunda zona de Monte Buey, Cordoba

El precio del petróleo atraviesa un escenario similar, con proyecciones bajistas que se potenciaron tras la intervención militar de Donald Trump en Venezuela. Sus planes de ampliar la producción y oferta de crudo, manejado por su gobierno, suman una presión bajista al mercado. Por caso, el petróleo Brent –referencia local- está un 7% menos que hace un año.

“Habiendo desaparecido varios riesgos geopolíticos de 2025, los precios de las materias primas están yendo para abajo. En promedio, la soja y el petróleo perdieron entre 6% y 8%. Entonces las exportaciones no van a crecer. Si bien van a ser más en cantidad, va a caer el precio medio, entonces no van a ser más dólares”, explicó el economista Sebastián Menescaldi, director asociado en EcoGo, sobre el flujo de divisas disponible y su impacto sobre las reservas del BCRA.

Sobre fin de año, la política estadounidense podría generar consecuencias sobre la economía local. El 3 de noviembre, en ese país se harán las elecciones de medio término, en las que además de senadores y representantes, se votarán gobernadores en 36 estados. Más allá de los nombres propios, ese resultado será una referencia de la fortaleza de Donald Trump y del respaldo ciudadano a sus políticas.

Cruzado por internas dentro de su partido, que se pusieron en evidencia en el shutdown del gobierno en 2025, Trump también se vio debilitado por derrotas en elecciones de fuerte impacto simbólico, como las de la alcaldía en Nueva York. Y si bien aún falta casi un año para las elecciones, hay encuestas que ya muestran una caída en su imagen y una posible pérdida del control de la Cámara de Representantes para los republicanos.

Javier Milei y Donald TrumpEvan Vucci – AP

“Los datos de crecimiento económico parecen avalar a Trump, pero hay pérdida de empleos industriales a partir de la implementación de sus aranceles, además de un empeoramiento de la confianza del consumidor. Son datos que muestran que la sociedad no está todavía satisfecha con la economía y se añaden a sus intervenciones en el exterior”, afirmó el economista Martín Kalos.

En esa dinámica también se incluye la intervención de Trump y su salvataje financiero hacia el gobierno de Milei: la compra de pesos y la activación del swap sostuvieron al gobierno libertario antes de las elecciones, pero tuvieron rechazo y costo político para el republicano entre la oposición demócrata y parte de su base electoral.

El avance en las negociaciones por el acuerdo de libre comercio es otro factor pendiente en el vínculo bilateral, que incluyó más anuncios que concreciones. Y si bien el mercado no contempla el fin de ese apoyo, un resultado adverso para Trump podría limitar el margen de sus iniciativas y la profundidad de su chequera.

En octubre, el mayor país de América Latina elegirá presidente, con Lula que buscará su reelección y Flávio Bolsonaro (hijo del expresidente Jair) como principal rival. Más allá de la cuestión política, esta elección también tendrá impacto económico en el país y en la región.

Brasil es el principal socio comercial argentino. Según datos del Indec, hasta noviembre (último dato disponible), el país exportó en 2025 unos US$11.757 millones, e importó US$17.286 millones, con peso relevante de bienes industriales como vehículos (pick-ups), alimentos y commodities agrícolas. También es relevante el sector de servicios, especialmente vinculado al turismo, con más de tres millones de argentinos que viajaron a Brasil y alimentan la salida de dólares del BCRA.

Luiz Inacio Lula da SilvaEVARISTO SA – AFP

Un escenario de incertidumbre política podría implicar volatilidad en el tipo de cambio entre el peso y el real brasileño y afectar la competitividad de la economía argentina.

“Con Brasil siempre nos complica más su nivel de actividad. El tipo de cambio es para el flujo turístico, no tanto para el comercio de bienes. Y si Brasil no crece, con una economía local que no pasa un buen momento, nos afecta bastante más”, completa Caamaño.

En ese contexto internacional, la presión estará sobre la continuidad del esquema cambiario del Gobierno y la disponibilidad de dólares. Incumplida la meta de reservas con el FMI para 2025, el desafío para la gestión económica estará en los sucesivos pagos de deuda en 2026, que suman más de US$18.000 millones entre organismos y el sector privado, mientras sostiene el esquema de flotación con límites que se indexan con la inflación.

“Hoy el riesgo es que el flujo financiero depende del humor externo. El principal es que el Gobierno haga todos los esfuerzos, pero no le alcance para recuperar el acceso al mercado externo”, dijo Menescaldi.

La sede del Banco Central.TWITTER / MARIANAKBOOM – TWITTER / MARIANAKBOOM

El escenario muestra dos realidades, con el sector privado y las provincias consiguiendo financiamiento, mientras el Gobierno debió apelar a un REPO para afrontar vencimientos. La apuesta oficial es la reactivación del RIGI.

“El financiamiento es un riesgo. El programa lo necesita para avanzar en el saneamiento del balance del BCRA y recomponer reservas. Sin una compresión adicional del riesgo, el margen financiero sigue siendo limitado”, afirmó Milagros Gismondi, economista de Invecq, y completó: “El segundo riesgo es el político. Tras las elecciones, la posición del Gobierno es más sólida, pero el desafío es sostener esa percepción y evitar que el mercado anticipe una dinámica electoral rumbo a 2027. El timing es clave”.