La guerra ya comenzó y el campo de batalla, como suele suceder en la Argentina, será el dólar. Un exministro de Economía advirtió en las últimas horas que para saber si habrá una corrida cambiaria durante el proceso electoral de 2027 habrá que tener en consideración tres cuestiones. La primera es cómo llegará la actividad. La segunda será qué dicen entonces las encuestas, o sea, quién tiene chances de ganar la Presidencia. Y la tercera, pero no menor, es qué rumbo deslizan en la principal oposición al actual Gobierno.
Este último eslabón de la cadena, luego de un primer semestre de deterioro del metro cuadrado de las familias y, en consecuencia, de la imagen presidencial, ya es visible.
En las últimas horas, Amado Boudou pidió destruir el superávit fiscal —la joya de la gestión libertaria para la estabilidad— y volver a subsidiar tarifas. Es decir, quitar precio a la principal inversión argentina a mediano plazo, que es la energética. Si se le cree una palabra al condenado por corrupción, exprofesor del CEMA por una década y exvicepresidente de Cristina Kirchner, es un combo que funcionará solo para frenar la llegada de dólares, por lo menos, hasta que el mercado termine de saber quién ganará.
Semanas atrás, un gobernador K, Ricardo Quintela, mencionó otro “cuco” para los inversores que quieren llegar al país: posibles expropiaciones. Tras el revuelo que generó, debió salir a negar que hablara de los desembolsos ya anunciados para el Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (RIGI), al que no adhirió su provincia. Aclaró, luego, que no hablaba de esos proyectos, sino de los servicios públicos.
Máximo Kirchner aportó ahora su granito, pero no sólo para que dejen de llegar inversiones, sino para que los fondos que están en el país aceleren la salida. El diputado presentó un proyecto para instalar un Impuesto a las Transferencias Internacionales de Capital (lo llaman ITIC). Será del 3% y podrían recaudar $2,89 billones en 2026 a repartir con los gobernadores. Esta vez es para el flujo, no el stock, como el impuesto a la riqueza. Le pegaría a personas o empresas que saquen dinero del país. Alcanza tanto al contado con liquidación como a criptomonedas y, dice, se basa en un gravamen similar en Brasil.
¿Qué pasará en la práctica hoy? Si un inversor cree hoy que la vuelta del kirchnerismo es posible, quizás tome la decisión de salir antes sin pagar ese costo extraordinario. Vale aclarar que esa aceleración le sumaría presión al valor del dólar, ya presionado por el advenimiento de las elecciones y la habitual dolarización de carteras en años impares. Si sube el dólar, terminan subiendo los precios. La baja de la inflación es la bandera más importante de Javier Milei.
“No busca frenar la inversión genuina, y está diseñado para no hacerlo”, se atajan cerca de Máximo Kirchner. Allí aclaran que el capital productivo que ingresó al país, se declaró y se aplicó a una actividad económica, puede volver a salir sin pagar; que financiar al Estado o a una empresa argentina tampoco abona (suscripciones primarias de títulos públicos y de deuda de empresas argentinas, con ingreso efectivo de fondos, están exentas, lo mismo que el financiamiento productivo de largo plazo), y que alcanza a residentes y no residentes por igual. Estiman que “no choca” con la estabilidad tributaria del Régimen Especial de Ingreso de Bienes Personales (REIBP) ni del RIGI, porque “grava un hecho diferente —el acto de transferir, no el patrimonio—; por eso es un impuesto indirecto e instantáneo”.
Tal combo, dicen los que saben, empujaría el riesgo país argentino en un contexto mundial complejo —la crisis en Medio Oriente, la necesidad de financiamiento de las empresas de IA y la inflación en los Estados Unidos—. Esto ensuciaría el panorama para la deuda argentina, pese a que el Ministerio de Economía dice que ya tiene asegurados los dólares para 2027 y 2028 en su programa financiero.
El gobernador Axel Kicillof se reunió ayer en Estados Unidos con unos 20 inversores. Quienes lo escucharon dijeron que habló de un dólar “sobrevaluado”. Estuvo con diez representantes de fondos de inversión y tenedores de bonos de la provincia de Buenos Aires, entre ellos, Eaton Vance, Vanguard, GoldenTree y Mesarete. Kicillof dijo que hay un gran momento para la Argentina en el actual orden mundial que es “desperdiciado” por Milei. También mencionó al RIGI. Dijo que el país necesita una política industrial que no pondere a un sector sobre otro. Escuchaban además Microsoft, Mastercard, Google, MetLife y Dreyfus.
Cerca del gobernador negaron que haya dicho que es necesario devaluar. Sí, describió que hubo en la Argentina un proceso de apreciación cambiaria, que terminó ayudando a controlar la inflación, pero que impactó de lleno en la actividad, en parte del aparato productivo. Quienes lo escucharon se quedaron con ganas de conocer los detalles de sus propuestas. Sólo hubo críticas a Milei.
En el Gobierno saben lo que vendrá. Más allá de que Luis Caputo diga que las elecciones del año que viene serán “un paseo por el parque”, en Estados Unidos le preguntaron sobre cómo hará frente a la dolarización electoral y también al pago de la deuda. Como contó LA NACION, se espera que a los US$1700 millones que ya compran los argentinos por mes, se sumen en los últimos cuatro meses previos a la elección presidencial unos US$7000 millones extras de compras de ciudadanos que quieren resguardar ahorros y de adelantos de importación por parte de las empresas.
Caputo mostró frente a ejecutivos del JP Morgan en Nueva York que dispone de reservas del Banco Central (BCRA), swap chino y de EE.UU, y récord comercial de divisas. Le suman además la posibilidad de atender la inestabilidad con futuros o con bonos, además de los dólares que comenzarían a llegar, si no se asustan, por el RIGI desde el año que viene.
El “riesgo Kuka” existió, según Caputo, en las elecciones de 2025. Fue, aclaró, la causa de la aceleración de la inflación que comenzó a fines del año pasado y detonó el primer trimestre; que empujó la suba de tasas y frenó la actividad, y que -probablemente- haya golpeado tan de lleno que el jueves a las 16 sea el motivo del incremento de la pobreza en el primer semestre. Los argentinos compraron US$35.000 millones y la imagen de Milei se abolló.
Así como Milei jugó su juego con la promesa de dolarización sin reservas en la previa electoral que lo llevó a la Casa Rosada, el dólar vuelve a ser el eje de la campaña para instalar el miedo, ahora del kirchnerismo, que aprovecha su momento esperando que el salario, el crédito y la imagen presidencial no se recuperen y que en las encuestas gane fuerza el sentimiento anti-Milei por sobre el temor a que el pasado vuelva ofreciendo el modelo que explotó en 2023. Mientras, ya arrancó la guerra y se habla del futuro del dólar.