Dos medallones de carne, lechuga, cebolla, pepinos en conserva y una salsa especial, dentro de un pan con semillas de sésamo. Esta es la receta básica del Big Mac, la conocida hamburguesa que puede encontrarse en casi cualquier país del mundo. Justamente esa fue la premisa con la que, hace 40 años, la revista The Economist presentó su célebre índice, que al día de hoy circula entre medios, economistas y ámbitos académicos como una herramienta que se propone comparar precios y la valuación de las monedas alrededor del planeta y tuvo su episodio de polémica local años atrás, durante la gestión de Guillermo Moreno.
Fue el 6 de septiembre de 1986 cuando la revista británica presentó su hoy famoso Big Mac Index. Fue ideado por la periodista Pam Woodall, hoy ya retirada de la actividad profesional, con el objetivo de cotejar la valuación de diferentes divisas en el mundo.
La herramienta está basada en la teoría de la paridad del poder adquisitivo, que estipula que “en el largo plazo, los tipos de cambio de cada país deberían tender hacia el nivel que iguala los precios de una cesta idéntica de bienes y servicios en dos países”, según define el semanario.
En aquella primera publicación, The Economist incluyó los precios de 16 países, con el Big Mac valuado en US$1,60 en Estados Unidos. Incluía un solo representante sudamericano (Brasil y su cruzeiro) y otras monedas ya desaparecidas como el franco, la peseta o el marco alemán. Desde entonces, el indicador fue ampliándose, con mayor alcance (en su última presentación incluye 54 monedas) y actualización semestral.
También evolucionó la disponibilidad de los datos. En sus primeras ediciones, los precios de cada país eran recopilados por los corresponsales de The Economist, encargados de visitar personalmente los locales de McDonald’s. Hoy, las cifras son reportadas oficialmente por la cadena y luego procesadas por el equipo periodístico de la revista.
Según Henry Curr, editor de Economía en The Economist, la simplicidad de la referencia y el hecho de que el Big Mac sea un producto replicado en todo el mundo son la base de su buena reputación. “El Big Mac es un producto estandarizado en muchos países. Es una medida bastante buena del consumo local, porque tiene componentes que son commodities, como la carne, la lechuga o la cebolla, pero también el precio tiene implícito el valor del alquiler del local o el salario de los trabajadores”, explica el periodista en diálogo con LA NACION.
El listado también contempla variaciones regionales, como en el caso de India, donde por cuestiones culturales y religiosas la hamburguesa de pollo reemplaza a la tradicional de carne vacuna.
La historia del Índice Big Mac también incluye un capítulo local, cuando durante el segundo mandato de Cristina Kirchner, su entonces secretario de Comercio, Guillermo Moreno, intervenía para mantener congelado el precio del Big Mac y evitar que el Index reflejara el atraso cambiario. Eran épocas de cepo y brecha, que incluso llevaron a la cadena a retirar de las carteleras a su hamburguesa más famosa.
“Yo arreglé con estos chicos y les dije: ‘El Big Mac no se aumenta, el resto, hacé lo que quieras’. A mí el ranking me importaba nada. Yo era secretario de Comercio para que vos comas Big Mac más barato”, relató años después Moreno sobre su intervención, que impactaba también sobre la medición del IPC.
A lo largo de las décadas, el Big Mac Index se posicionó, aun con los cuestionamientos metodológicos u operativos, como uno de los indicadores más masivos en la comparación de precios y cotizaciones internacionales, con referencias en la agenda de los medios masivos como en la academia.
Además del índice inicial, The Economist incorporó tiempo después una versión ajustada por el PBI per cápita de los países. De esta manera, busca aislar los efectos locales, al considerar que en los países más desarrollados y de mayor productividad algunos costos (servicios, salarios, alquileres) son también más elevados.
“Es una herramienta importante para el debate público y hacer seguimiento de los precios y el poder adquisitivo”, explica Ezequiel Monteforte, investigador del IIEP-UBA-Conicet y especialista en Cuentas Nacionales e Indicadores Económicos. Según el economista, antes que en la medición de apreciación cambiaria, el Índice Big Mac tiene utilidad en la comparación de precios entre países.
“Al ser el Big Mac un producto estandarizado, es bastante fácil de captar y comparar frente al salario. Sirve para mostrar dinámicas de precios y la evolución del poder adquisitivo. Aunque no es tan buen indicador de apreciación cambiaria, porque en épocas de apreciación, algo que suele ocurrir en América Latina, todos los precios tienden a sesgarse o incluso abaratarse por la misma apreciación”, concluye.