El Gobierno cuestionó duramente a quienes piden devaluar para que crezcan los sectores de la economía más rezagados

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El Gobierno cuestionó con dureza a quienes en los últimos días manifestaron que la Argentina necesita un tipo de cambio más alto para que las actividades productivas, aún deprimidas, empiecen a crecer.

“Lo expliqué hasta el hartazgo: si la competitividad dependiera de una devaluación, seríamos la economía más competitiva de la galaxia”, afirmó este miércoles el ministro de Economía, Luis Caputo, durante un evento organizado por la Cámara de Bolsas.

En el mismo sentido, el vicepresidente del Banco Central (BCRA), Vladimir Werning, cuestionó la idea de que la Argentina podría aceptar “un poco más de inflación” para recuperar competitividad o impulsar la actividad y sostuvo que incluso incrementos aparentemente moderados de los precios terminan generando un fuerte deterioro patrimonial sobre las familias.

“Se escuchan afirmaciones de que un poco de inflación no es grave. Realmente no tiene más sentido: es gravísimo”, afirmó Werning durante una presentación en el BCRA destinada a explicar los fundamentos económicos y jurídicos del proyecto de reforma de la carta orgánica de la institución monetaria enviado al Congreso Nacional.

Calculó que entre 2003 y 2023 la inflación acumulada rondó el 50.000%, lo que implica que $1000 de comienzos de ese período hoy tienen un poder de compra equivalente a apenas $2, una pérdida del 99,8% de su valor real.

Quienes se refirieron al valor del dólar en los últimos días son pesos pesados de la economía. Durante una entrevista con el canal de streaming Cenital, el economista Roberto Frenkel rechazó la idea de que una devaluación conduzca necesariamente a un nuevo proceso inflacionario y sostuvo que una de las razones del actual superávit comercial es la fuerte contracción de las importaciones, consecuencia del bajo nivel de actividad económica.

“Para corregir este programa hay que pasar el mal trago de subir el tipo de cambio y acelerar la inflación. Y eso es necesario. Yo sé que con esto sueno muy antipopular. Necesitás un tipo de cambio más alto para darle alguna viabilidad a la actividad que no sea la actividad primaria exportadora”, afirmó el investigador del Cedes y profesor de la UBA.

En esa misma sintonía, Miguel Ángel Broda expuso públicamente su visión sobre el debate cambiario y consideró que un dólar más alto podría aliviar algunas tensiones del sector productivo, aunque reconoció el dilema que enfrenta el Gobierno por su objetivo de reducir la inflación.

“Seguramente la calle estará mejor con un dólar un poco más caro, pero la obsesión con la inflación claramente no permite un ajuste”, afirmó en declaraciones al programa La Mirada, que se emite por Canal 26.

El economista Miguel Ángel Broda

No obstante, advirtió sobre las consecuencias que, a su juicio, puede tener mantener un tipo de cambio bajo en un contexto de apertura económica. “Abrir la economía con un dólar barato produce que, de cada 10 empresas que cierran, cinco sea ‘al cuete’”, sostuvo.

Sin embargo, economistas consultados por LA NACION relativizaron que una suba del tipo de cambio constituya, por sí sola, la solución. Emmanuel Álvarez Agis, socio fundador de PxQ Consultora y exviceministro de Economía en tiempos de Axel Kicillof, dijo que una devaluación aplicada de manera aislada puede agravar la situación económica.

“Mi posición es que no se deben discutir herramientas de política económica de manera aislada, sino dentro de un programa, como ocurre en la mayoría de los países. Es claro que este tipo de cambio ni siquiera resulta competitivo para sectores con productividad internacional, como el agro o Vaca Muerta. Ahora bien, una devaluación puede mejorar la competitividad de esos sectores y de muchos otros que generan empleo, pero al mismo tiempo deprime la demanda doméstica porque la inflación volvería a golpear un salario real que ya es bajo”, señaló.

«Una devaluación puede mejorar la competitividad de Vaca Muerta y de muchos otros sectores que generan empleo, pero al mismo tiempo deprime la demanda doméstica porque la inflación volvería a golpear un salario real que ya es bajo”, dijo Álvarez AgisSobrevolando Patagonia – Shutterstock

Según explicó, el desafío consiste en mejorar la competitividad sin deteriorar la demanda agregada. “Eso se denomina devaluación compensada y, históricamente, es la mejor forma de salir de estos atolladeros. No implica emitir dinero ni aumentar el déficit fiscal, sino calibrar adecuadamente el nivel de ingresos fiscales para ganar competitividad y, al mismo tiempo, recuperar algunos renglones del gasto público que no pueden permanecer en cero, como la obra pública. Devaluar a secas es caer ahora, rebotar después y terminar en el mismo lugar desde donde partiste”, agregó.

El analista económico y financiero Salvador Di Stefano sostuvo ante LA NACION que el crecimiento económico depende de la inversión y que no existen evidencias de que una devaluación, por sí sola, pueda impulsarla.

“Para crecer necesitás que haya gente dispuesta a invertir. Una empresa puede financiarse de tres maneras: con aportes de capital de los socios, mediante la emisión de acciones o tomando financiamiento en el mercado. La economía crece por inversión. No hay nada en la fórmula del PBI que indique que una devaluación genere inversión. Si el tipo de cambio es correcto o no, es algo que termina definiendo el mercado”, afirmó.

En la misma línea, Fausto Spotorno, director de la Escuela de Negocios de la UADE, consideró que, bajo el actual esquema cambiario, el Gobierno no podría llevar adelante una devaluación tradicional.

“El Gobierno no puede sacar un decreto y decir que el tipo de cambio pasa de $1500 a $1800. Lo que sí puede hacer es salir a comprar una gran cantidad de dólares, por ejemplo, US$2000 millones, para acumular reservas. La contracara de esa operación es la emisión monetaria”, dijo.

“Eso puede generar inicialmente un tipo de cambio más alto, pero el excedente de emisión también puede traducirse en mayor inflación y, probablemente, buena parte de esa devaluación termine trasladándose a los precios. Al cabo de dos meses podrías estar otra vez en el mismo punto de partida. Si eso ocurre, el costo inflacionario no resuelve ningún problema. En este mercado, el tipo de cambio real lo determina el mercado, no el Gobierno”, explicó. Para Spotorno, la alternativa pasa por avanzar hacia una salida completa del cepo cambiario y permitir que sea el mercado el que determine si el tipo de cambio de equilibrio es el actual o uno más elevado.

Ricardo Arriazu cuestionó los planteos a favor de una devaluación en el mismo evento al que asistió Caputo. “Todos los economistas plantean eso, yo soy el gallego que va a contramano por Libertador, soy exflotador converso; en Argentina, cuando se mueve el dólar, se mueven todos los precios”, afirmó.

Ricardo Arriazu FABIAN MALAVOLTA

Arriazu sostuvo que reclamar una devaluación representa una búsqueda de una solución sencilla a un problema más complejo. “La gente busca una solución sencilla: pedir devaluar es como si el petiso pidiera cambiar el metro; en lugar de medir 1,5 metros, mide 3”, graficó el economista tucumano.