La cordobesa Lucrecia Vélez vive cerca de Dallas y es la única argentina que trabaja en Heritage Auctions, la casa de remates que subastará uno de los objetos más emblemáticos de la historia del fútbol: la pelota con la que Diego Maradona marcó los dos goles inolvidables contra Inglaterra en México 1986. “Crecí viendo fútbol con mi papá y sabía toda la historia”, cuenta.
La subasta cobra más relevancia todavía porque el próximo miércoles, por una de las semifinales del Mundial 2026, la Argentina se enfrentará con Inglaterra.
Vélez explica a LA NACION que la pelota está dentro de una cápsula de vidrio, sellada, protegida como una pieza de museo. “Nadie puede tocarla con las manos desnudas. Quien necesita manipularla debe hacerlo con guantes. Está un poco desinflada, exactamente como quedó».
“Cuando me enteré de que estaba la pelota, como argentina sentía que tenía el derecho de sacarme una foto. Me preguntaron si sabía la historia y, obviamente, sabía toda la historia -relata Vélez- Crecí viendo fútbol con mi papá”.
La escena resume una parte de su historia personal. Vélez nació en Córdoba y hace siete años llegó a Estados Unidos a través de un programa de trabajo temporal. Viajó a Colorado con un work and travel y allí conoció a Brian, quien hoy es su esposo.
Durante la pandemia fue una de las argentinas repatriadas. Brian viajó después a Córdoba, se casaron y, algunos años más tarde, decidieron volver a Estados Unidos. Profesora de inglés de formación, al regresar necesitaba certificar nuevamente su título para poder ejercer.
En ese proceso comenzó a buscar trabajo y aplicó a Heritage Auctions, cuya sede central está en Dallas. Ingresó en el área de operaciones y luego pasó al departamento de Arte, donde participa del recorrido que realizan las piezas antes de llegar a una subasta.
“Nos encargamos de recibir las obras que quieren subastar, hacer las fotografías, catalogarlas, preparar toda la información y asegurarnos de que después los clientes reciban sus compras en tiempo y forma”, detalla.
Nunca imaginó que, dentro de esa enorme colección de objetos, iba a aparecer un símbolo tan argentino. La pelota llegó a Heritage Auctions de la mano de un coleccionista privado que la conservó durante muchos años: se trata del árbitro del partido en cuestión, el tunecino Ali Bin Nasser.
En 2022, la camiseta que Maradona utilizó en ese mismo partido en el estadio Azteca de México fue vendida por US$9,2 millones. Ese antecedente influyó en la decisión del coleccionista de poner ahora el balón en venta.
La pelota será ofrecida en la Subasta Premium de Deportes de Heritage Auctions, que se realizará entre el 21 y el 23 de agosto, con una base inicial de US$2,5 millones.
Antes del remate recorrerá distintas sedes de la compañía para que los interesados puedan verla. Entre el 13 y el 19 estará en el Fanatics Fest, en Nueva York. Una oportunidad para que los argentinos que están allí se saquen una foto.
El partido que convirtió a esa pelota en una pieza única fue el 22 de junio de 1986, cuando la Argentina derrotó 2-1 a Inglaterra por los cuartos de final del Mundial de México y Maradona protagonizó dos de las jugadas más recordadas de la historia del deporte.
A los 51 minutos llegó el primer gol, aquel que el propio Maradona bautizó como “la Mano de Dios”, cuando saltó ante el arquero Peter Shilton y desvió la pelota con la mano. Apenas cuatro minutos después llegó el segundo: una corrida desde mitad de cancha dejando atrás a varios jugadores ingleses antes de definir ante el arco vacío, una jugada elegida años después por la FIFA como el “Gol del Siglo”.
Ese partido quedó asociado para siempre a la figura de Maradona y al título mundial que Argentina conseguiría semanas más tarde.
“Podría decirse que es el objeto futbolístico más importante que existe”, afirmó Mike Provenzale, especialista de Heritage Auctions, al presentar la pieza.
Vélez, que trabaja todos los días con piezas capaces de alcanzar valores millonarios, reconoce que esta tiene una diferencia especial: “Hay objetos que tienen un valor económico, pero algunos tienen además una carga emocional que los hace únicos”.