En la fábrica Globos Tuky, en la localidad de San Martín (provincia de Buenos Aires), se realizan las famosas y ruidosas vuvuzelas, entre otros productos de cotillón. Allí, 40 empleados vieron el partido entre la Argentina y Egipto. En el minuto 22 del segundo tiempo, con el marcador favorable para el país africano 2 a 0, además de sufrir, presintieron una baja importante en la producción y las ventas.
Sin embargo, al finalizar el partido 3 a 2 favorable para la Argentina, el empresario Emmanuel Poletto comenzó a “atajar” una lluvia de pedidos de sus clientes para el día siguiente. Había que reanudar la fabricación de productos con los colores de la celeste y blanca.
Hasta ahora y gracias al mundial, los 2500 cotillones en el país incrementaron sus ventas más del 10% interanual gracias al desempeño de la selección nacional. “No es un boom, pero ayuda”, dice Poletto, aclarando que es un momento “desafiante” para el consumo.
El también secretario de la Cámara Argentina de la Industria del Juguete (CAIJ) estima que las ventas en los cotillones podrían aumentar más de 25% interanual si la selección logra la cuarta estrella. Cada paso que da el equipo liderado por Lionel Scaloni es un motor para el consumo emocional.
Según el economista Alex Ovando, de la consultora Investigaciones Económicas Sectoriales (IES), cada partido ganado incrementa alrededor de un 20% la cantidad de comercios que decoran sus espacios, especialmente bares, locales de comida rápida y negocios vinculados al entretenimiento. Sostiene que si la Argentina continúa avanzando, podría generarse un impacto positivo de entre el 1 y el 1,50% en determinados indicadores de consumo.
Matías Furió, presidente de la CAIJ, también es empresario al frente de una fábrica de juguetes. Al notar un “consumo muy deteriorado”, decidió apostar por primera vez por productos para el mundial. “La verdad es que me fue muy bien”, asegura, “esta decisión me ayudó porque no se está vendiendo nada», confiesa.
Agrega que en los últimos dos años cerraron unas 700 jugueterías porque, entre otras causas, “la gente que tiene poder de consumo compra en el exterior, mientras que los locales pagan impuestos y les aumentan los servicios. ¿Cómo se compite?“, se pregunta. Además, se queja, ”un importador tiene que pagar aranceles e impuestos, pero el producto, si viene por courrier tiene ventajas en este sentido. Entonces para nosotros es competencia desleal», argumenta.
Más deudas, menos consumo
Desde el sector cotillonero señalan que “si a la Argentina le va mal en el torneo, esto se corta”. La vidrieras pasarían en pocos minutos a presentar otros mundos relacionados con la celebración y la fantasía. Una derrota devolvería a las personas su preocupación por la economía, explican desde IES.
Actualmente, gran parte de las familias argentinas prioriza el cuidado de los gastos. Según Ovando, un modelo de una economía sana en el hogar destina “alrededor del 50% de los ingresos a gastos fijos como vivienda, alimentación y salud; un 30% a otros consumos y otros 20% al ahorro. Sin embargo, hoy, en la práctica, muchas familias no logran llegar a mediados de mes con sus ingresos y recurren al endeudamiento para sostener el consumo cotidiano”, analiza.
Prácticamente desaparecieron las compras por impulso. La gente adquiere únicamente lo indispensable
Agrega que actualmente existen alrededor de 5,7 millones de personas con deudas atrasadas de más de 90 días en tarjetas y créditos personales, y más del 40% de esos deudores son jóvenes menores de 30 años.
Los empresarios del sector del cotillón cuentan que ahora es común que los empleados se acerquen a pedir adelantos de sueldo, sobre todo para que no se trabe la tarjeta. Algunos ofrecen una asesoría y también sumas que se descuentan paulatinamente del sueldo para ayudarlos a salir del brete.
“Hay una macro ordenada, pero la micro no acompaña”, dice Poletto, quien también fue vicepresidente de la UIA. Cree que el beneficio fiscal que tiene el RIGI para que las empresas se abastezcan en el exterior atenta contra las pymes del país, y que es importante que parte de las inversiones que promueve el beneficio se destine a la compra de insumos a empresas locales. También opina que es clave que bajen las tasas de interés, sobre todo de las tarjetas de crédito. Sin financiación, argumenta, es difícil que se reactive al consumo. “La población endeudada necesita un salvataje urgente”, enfatiza.
Celebraciones a la medida del bolsillo
El cotillón es un indicador del humor económico de los argentinos. Desde Ticoral, una de las principales empresas de cotillón e insumos de repostería del país, con ventas mayoristas y minoristas, aseguran que las ventas permiten detectar con rapidez cómo evolucionan el consumo, el poder adquisitivo y hasta las formas de celebrar.
“La gente compra lo necesario y cada vez planifica más”, resume Denise Sedler, gerenta del negocio de la empresa familiar. A diferencia de los años de alta inflación, cuando muchas familias adquirían con meses de anticipación los productos para resguardar el valor de su dinero, hoy predominan las compras programadas y con presupuestos mucho más ajustados. “Prácticamente desaparecieron las compras por impulso. La gente adquiere únicamente lo indispensable”, señala la gerenta de Ticoral.
Ese cambio se refleja en todo tipo de eventos. Para las fiestas patrias, por ejemplo, muchos padres reemplazan los disfraces completos por accesorios como pecheras, gorros o mantillas. En los cumpleaños infantiles también cambió la modalidad: cada vez son más frecuentes los festejos compartidos entre dos o tres familias para dividir gastos.
La empresa trabaja con un esquema que combina producción nacional (también tienen sus propios diseños) e importaciones, en proporciones similares. La mercadería proveniente de China debe encargarse con casi un año de anticipación y tarda entre seis y diez meses en llegar al país. El stock mundialista importado ya se terminó en la mayoría de los locales y supermercados. En cambio, la fabricación local tiene la ventaja de que permite reaccionar rápidamente, como ocurrió durante el último Mundial, cuando en pocos días desarrollaron en Ticoral productos inspirados en frases que se viralizaron, como el “que mirá bobo”, de Lionel Messi.
Más allá del fenómeno futbolístico, los negocios de cotillón mantienen su actividad durante todo el año gracias a un calendario cada vez más amplio. Halloween se consolidó como una de las temporadas más importantes.
También tienen un fuerte peso carnaval, navidad, año nuevo, pascuas, las fechas patrias, los egresados y graduaciones, además de cumpleaños, casamientos, baby showers y despedidas de soltera, este último un segmento que creció de manera sostenida en los últimos años, donde son las mujeres las que compran cotillón “picante”.
La apertura de las importaciones y la irrupción de plataformas como Shein y Temu modificaron parte del mercado. Sin embargo, Sedler sostiene que “muchos consumidores regresan al comercio especializado luego de recibir productos que no cumplen con las expectativas de calidad o cantidad”.
Delfina Casal, responsable de Comunicación de Ciudad Cotillón, señaló que existen celebraciones, como cumpleaños y casamientos, que sostienen la demanda incluso en contextos difíciles. En esos casos, los consumidores buscan alternativas más económicas, por lo que la empresa apuesta a ofrecer una amplia variedad de productos y precios accesibles. Reconoció también que el año había comenzado con un nivel de actividad más bajo, pero el Mundial permitió revertir esa tendencia y esperan que el impulso se mantenga una vez finalizado el torneo.