Islandia debate entrar a la Unión Europea tras las amenazas de Trump sobre Groenlandia

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Islandia está en Europa. Pero no pertenece a la Unión Europea.

Durante mucho tiempo, eso le pareció perfectamente bien a Islandia, que ha defendido con firmeza su independencia y el control sobre su industria pesquera.

Pero ya no tanto. En los últimos meses, el extremo norte del mundo se volvió un lugar más incierto después de que el presidente Donald Trump amenazara repetidas veces con “quedarse” con Groenlandia, el vecino más cercano de Islandia. Y los aproximadamente 400.000 islandeses comenzaron a debatir seriamente algo que hasta hace poco parecía impensable: ¿llegó el momento de intentar sumarse al bloque?

La primera ministra de Islandia Kristrún FrostadóttirBragi Thor Josefsson

“La crisis de Groenlandia sin duda tocó una fibra sensible”, dijo en febrero la primera ministra Kristrun Frostadottir, durante una entrevista en su oficina de Reikiavik, la capital islandesa.

Ahora, dijo, la política exterior ocupa un lugar más importante en la mente de los votantes: “Las cosas definitivamente cambiaron”.

Islandia se encamina hacia un referéndum, que podría celebrarse tan pronto como este verano boreal, para decidir si inicia conversaciones exploratorias con la Unión Europea sobre una eventual adhesión. El proceso podría llevar años, pero el solo hecho de que exista un gran debate ya marca un verdadero cambio.

Por supuesto, el bloque no acepta a cualquiera. Islandia sería una incorporación atractiva.

Está ubicada en pleno Atlántico Norte, en la puerta de entrada al Ártico. Le daría a la Unión Europea un punto de apoyo importante en una región donde las superpotencias compiten por el dominio.

También es un país rico, que casi supera al bloque en indicadores como igualdad de género y esperanza de vida.

Para los islandeses, el atractivo de la Unión Europea tiene que ver, sobre todo, con la estabilidad.

Una estatua de Ingolfur Arnarson, fundador de Reikiavik, en el centro de la ciudad. Para los islandeses, el atractivo de la Unión Europea es la estabilidad.

Muchos islandeses se quedaron atónitos cuando Trump confundió su país con Groenlandia y se indignaron ante los informes de que Billy Long, el elegido para ser el nuevo embajador estadounidense en Reikiavik, había bromeado con que Islandia podría convertirse en el estado número 52. Long se disculpó rápidamente.

Cascada Gulfoss en IslandiaShutterstock

Pocos creen que Trump vaya a amenazarlos directamente. Pero Islandia es el único país de la OTAN que no tiene ejército y ha dependido de la alianza, y en particular de Estados Unidos, para su defensa.

Ahora que Estados Unidos se volvió un aliado menos confiable, algunos islandeses sienten que necesitan un seguro. Aunque la Unión Europea no es una fuerza militar, su carta contiene una cláusula poco conocida que podría utilizarse para la defensa mutua. En marzo, el bloque e Islandia firmaron una asociación de defensa.

“La gente siente que tal vez se vea obligada a elegir un bando”, dijo Eirikur Bergmann, profesor de política en la Universidad de Bifrost, en Islandia. “Y entonces, en realidad, solo hay un bando para elegir”.

La cuestión podría reducirse al pescado.

Helgi Haraldsson vive una hora al sur de Reikiavik, en Sandgerdi, una pequeña comunidad costera donde la mayoría de las mañanas salen pequeñas embarcaciones en busca de bacalao. Lo acompañé un día reciente, poco después de las dos de la madrugada, en un barco de 36 pies, el Margret GK-33.

Frailecillos en Voladalstorfa, IslandiaJOSH HANER – NYTNS

Las olas crecieron y pronto me puse verde. “No se suponía que fuera así”, dijo Haraldsson, el capitán, haciendo una mueca mientras yo vomitaba.

En un momento de mayor calma, me explicó que se inclina por votar en contra de las conversaciones con la Unión Europea porque le preocupa su economía.

“Necesitamos proteger esta industria pesquera”, dijo.

Un tripulante a bordo del Margret GK-33 procesa bacalao. La Unión Europea dio señales de que podría estar dispuesta a ceder en materia de cuotas pesqueras para Islandia.

En los últimos años, los islandeses observaron con alarma cómo Irlanda, miembro de la Unión Europea, sufrió recortes en sus cuotas de pesca que devastaron a sus comunidades costeras. En Islandia, la pesca ocupa un lugar mucho más importante en la economía.

El centro de Reikiavik, visto desde lo alto de Hallgrimskirkja, el monumento más emblemático de la capital de IslandiaHILARY SWIFT – NYTNS

Algunos islandeses se sienten alentados por las señales de que la Unión Europea podría estar dispuesta a negociar una solución sobre las cuotas pesqueras si eso permite incorporar a Islandia al bloque.

Aun así, Haraldsson sabe que una negociación implica ceder algo.

“Si les permitimos venir a pescar en nuestras áreas restringidas, todo va a salir terriblemente mal”, dijo, mientras el amanecer teñía de naranja el horizonte a su alrededor. “En el mar hay una cantidad limitada de peces”.

También podría haber ventajas. La moneda islandesa, la corona, ha sido volátil durante mucho tiempo, mientras que el euro es estable. La inflación es tan alta que algunas personas incluso empezaron a quejarse del precio de un clásico muy querido: los panchos.

Robert Imsland, un maestro con tres hijos, negó con la cabeza después de comprar dos una mañana reciente. “Aunque son baratos”, dijo, “son realmente caros”.

Y lo mismo ocurre con casi todo lo demás. La inflación se ubica actualmente en torno al 5,2%, casi el doble que la de la Unión Europea. Los alimentos pueden ser caros, según los expertos, en parte por los impuestos a los productos importados desde el bloque.

Una calle comercial en el centro de Reikiavik. La inflación es una gran preocupación. Algunos esperan que incorporarse al bloque pueda reducirla mediante la eliminación de aranceles.

Eso hace que la Unión Europea y el euro parezcan una apuesta mejor. “Podré comprar alimentos más baratos”, dijo Imsland.

Todo dependerá de cómo evolucionen las conversaciones para sumarse al bloque. Los primeros sondeos indicaron que un referéndum para iniciarlas sería reñido.

El debate sigue siendo inusualmente divisivo, dijo Magnus Tryggvason, un entrenador de natación que vive aproximadamente una hora al este de Reikiavik. “Va a dominar el panorama de la política islandesa en los próximos meses”, suspiró.

Dijo que votaría a favor. Al fin y al cabo, señaló, las conversaciones no son vinculantes y no hay un verdadero costo.

“Veamos qué hay en el paquete”, dijo. “Después la gente podrá decidir”.