PEKÍN.– El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, fue recibido el miércoles por su par chino, Xi Jinping, en el Gran Salón del Pueblo, en el inicio de una visita de Estado cargada de expectativas geopolíticas y económicas. En un contexto de tensiones comerciales y conflictos internacionales, cada gesto entre ambos líderes fue analizado al detalle, en especial un apretón de manos que expertos interpretaron como una muestra de equilibrio y disputa de poder.
Trump descendió de su caravana oficial y avanzó sobre la alfombra roja en la plaza de Tiananmen para iniciar el saludo, en una inversión del protocolo habitual, que suele reservar ese gesto al anfitrión. El apretón se prolongó durante unos diez segundos y culminó con cinco suaves palmadas del mandatario estadounidense sobre la mano de Xi, en un gesto que, según especialistas, combinó cercanía con una sutil señal de afirmación.
El psicólogo y experto en lenguaje corporal Peter Collett, exprofesor de la Universidad de Oxford, sostuvo en diálogo con Newsweek que la actitud de Xi fue “pasiva y tranquila”, lo que proyectó la imagen de que Trump “estaba haciendo todo el trabajo, tanto literal como figuradamente”. A diferencia de otros encuentros, el presidente estadounidense evitó su característico apretón dominante de “tirón y empuje”, lo que, según Collett, puede interpretarse como una señal de reconocimiento de su interlocutor como un igual o como una decisión deliberada de no imponer autoridad.
“La palma hacia arriba de Trump, tradicionalmente asociada a la sumisión, es en su caso un gesto performativo de apertura”, explicó el especialista, quien también consideró que las palmadas finales pueden leerse como una marca sutil de estatus. La ausencia de respuesta por parte de Xi reforzó, en su visión, un estilo diplomático más contenido y calculado.
En la misma línea, la experta en comunicación no verbal Lillian Glass observó que Trump se inclinó hacia Xi durante el saludo, evidenciando “calidez y cercanía”, y destacó gestos poco habituales en él, como el entrecerrar los ojos y fruncir los labios. “Indica que este es uno de los viajes más importantes que está realizando y que no se lo está tomando a la ligera”, afirmó a The Mirror.
El análisis no quedó limitado a los expertos. En redes sociales, el apretón de manos se volvió viral y generó interpretaciones contrapuestas. Algunos usuarios lo calificaron de “infantil” o excesivamente prolongado, mientras que otros lo consideraron un gesto diplomático calculado. “Parecía menos política y más dos padres midiendo fuerzas en un asado”, ironizó un comentario. Otros destacaron la aparente frialdad de Xi frente al entusiasmo de Trump.
La agencia rusa RT también se sumó a la ola de interpretaciones con un tono más irónico y confrontativo, al describir el saludo como una “batalla de apretones de manos”. Según su publicación, Trump intentó desplegar su conocido movimiento de “tirar de la mano” para marcar dominio, pero fue respondido por Xi, en un intercambio que presentó como una suerte de pulso simbólico entre ambos líderes, dejando abierta, con énfasis provocador, la pregunta sobre quién resultó finalmente “ganador” del gesto.
El intercambio inicial marcó el tono de una ceremonia que combinó formalidad y gestos de distensión. Tras el saludo, Xi presentó a Trump a la delegación china y saludó a los principales funcionarios estadounidenses, entre ellos el secretario de Estado, Marco Rubio; el secretario del Tesoro, Scott Bessent; y el jefe del Pentágono, Pete Hegseth.
Ambos mandatarios participaron luego de una revista militar, acompañada por himnos y salvas de cañón, antes de detenerse frente a un grupo de niños que agitaban banderas. La escena provocó una reacción visible en Trump, que sonrió, aplaudió y volvió a establecer contacto físico con Xi con una palmada en el brazo, interpretada como un gesto de afinidad.
La relación personal entre ambos líderes ha evolucionado desde su primer encuentro durante el anterior mandato de Trump. Según Isabelle Vladoiu, especialista en protocolo y fundadora del Instituto Estadounidense de Diplomacia y Derechos Humanos, esta vez se percibió una mayor “química” entre ambos. “La interacción fue más jovial, conversacional y con mayor contacto personal que en 2017”, señaló al New York Post.
Otro momento captado por las cámaras reforzó la lectura simbólica del encuentro: durante el ascenso por las escalinatas del edificio, ambos mandatarios se detuvieron brevemente, en una pausa que algunos interpretaron como un gesto de consideración de Xi ante un visible cansancio de Trump. El líder chino incluso apoyó su mano en la espalda del presidente estadounidense, en una imagen que sumó nuevas interpretaciones sobre la dinámica entre ambos.
Tras la ceremonia, los mandatarios se trasladaron al interior para mantener conversaciones bilaterales. Allí, Trump aseguró que era “un honor” estar con Xi y expresó su deseo de profundizar la relación entre ambos países. “Será mejor que nunca”, afirmó.
Agencias AP y Reuters