JERUSALÉN.- Luego de un mes y medio de combates, el Líbano vive este viernes unas primeras horas de relativa calma por la entrada en vigor de un alto el fuego de 10 días luego que el presidente norteamericano Donald Trump le “prohibió” a Israel seguir con los bombardeos.
El alto el fuego parece haber llevado a Irán a reabrir el estrecho de Ormuz , pero todavía persisten importantes obstáculos, ya que Hezbollah no ha aceptado formalmente la tregua y exige la retirada de Israel. Israel afirma que aún no ha concluido el desmantelamiento del grupo militante respaldado por Irán y ha anunciado planes para ocupar una franja del sur del Líbano .
La tregua de diez días parecía mantenerse en su mayor parte durante su primer día, cuando miles de libaneses regresaron a sus hogares en el sur.
“El Estado de Israel no bombardeará más el Líbano. Estados Unidos le prohibió hacerlo. ¡Ya es suficiente! Gracias”, escribió el mandatario en su red Truth Social un día después de anunciar la tregua.
Por su parte, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, afirmó que, “a pedido de mi amigo el presidente Trump” —con quien, dijo, transformaron Medio Oriente y lograron éxitos extraordinarios—, Israel aceptó un alto el fuego temporal en el Líbano.
Y agregó que, a solicitud del mandatario estadounidense, se abre ahora una oportunidad para avanzar hacia una solución política y militar integrada con el gobierno libanés.
En tanto, el presidente libanés, Joseph Aoun, advirtió el viernes que cualquier acuerdo futuro alcanzado por su gobierno no supondría la cesión de ningún territorio, tal como dijeron semanas atrás las autoridades israelíes que comenzaron a hablar de ocupar una “zona de seguridad” en territorio libanés, al sur del río Litani.
Aoun consideró que las conversaciones directas entre Líbano e Israel, dos países que están en estado de guerra desde 1948, no son “un signo de debilidad o una concesión”, y prometió no “ceder ni un ápice del territorio nacional”.
De todas maneras, pese al anuncio de la tregua, el propio ministro de Defensa de Israel, Israel Katz, sostuvo más temprano que la operación militar contra Hezbollah no terminó.
Sus palabras cayeron como un balde de agua fría sobre la multitud de desplazados en el Líbano que hoy emprende el camino de retorno hacia las zonas devastadas del sur del país. El funcionario israelí aclaró que las maniobras sobre el terreno permitieron alcanzar objetivos estratégicos, pero remarcó que el conflicto dista de una resolución definitiva.
Katz fue directo al grano: si los combates se reanudan, los civiles libaneses tendrán que enfrentar una nueva evacuación forzosa.
Bajo una línea similar, se expresó el grupo proiraní libanés Hezbollah, que afirmó este viernes que sus combatientes tienen “el dedo en el gatillo” por si Israel viola la tregua.
En un comunicado, Hezbollah asegura haber llevado a cabo durante la guerra de 45 días “2184 operaciones militares” contra Israel y el ejército israelí en territorio libanés. “Los combatientes mantendrán el dedo en el gatillo porque desconfían de la traición del enemigo”, advirtió la milicia.
La tregua en Líbano parece formar parte de un alto el fuego más amplio. Irán —así como el mediador, Pakistán— habían afirmado que Líbano estaba incluido en el alto el fuego general alcanzado con Estados Unidos en negociaciones separadas a principios de este mes. Esto fue negado por Estados Unidos e Israel, que lanzó un bombardeo masivo sobre Beirut tras la entrada en vigor del acuerdo.
Peligroso regreso
Las amenazas cruzadas, ponen en jaque la seguridad de las familias que hoy intentan recuperar lo poco que queda de sus vidas entre las ruinas de sus antiguos barrios. En las rutas, el escenario es de un caos total. Se registran filas kilométricas en la dirección sur, especialmente cerca del puente Qasmiyeh.
Este cruce clave sobre el río Litani sufrió daños severos por un ataque aéreo israelí reciente y hoy cuenta con un solo carril habilitado, que los operarios repararon a las apuradas.
Los vehículos, cargados con colchones y maletas, avanzan a paso de hombre bajo un sol que no da tregua, mientras los conductores intercambian gestos de victoria y bendiciones por el regreso.
La destrucción en pueblos como Jibsheet es total. Los residentes que logran entrar a sus barrios encuentran un paisaje de concreto triturado y cables eléctricos que cuelgan de lo que antes fueron hogares.
Zainab Fahas, una joven de 23 años, relató que el sentimiento de libertad por el regreso se mezcla con la angustia de ver que el ejército israelí destruyó todo: desde la plaza central hasta el último comercio de la zona.
El escepticismo sobre la paz es la moneda corriente entre quienes caminan sobre los escombros. Ali Wahdan, un paramédico que quedó herido durante la primera semana del conflicto, utiliza hoy muletas para caminar. Para él, Israel no tiene voluntad de detener la violencia y pronosticó que la guerra persistirá. Esta visión coincide con la postura de otros desplazados que ven en la tregua apenas un paréntesis antes de un nuevo estallido.
En el sur de Beirut, el barrio de Haret Hreik muestra las cicatrices de 62 ataques ejecutados en apenas seis semanas. Edificios de varios pisos son ahora montañas de restos. Allí, los simpatizantes de Hezbollah mantienen su lealtad intacta y señalan a Irán como el único actor que estuvo con ellos.
El vicealcalde de la zona, Sadek Slim, advirtió que la tarea de reconstrucción será titánica y que requieren maquinaria especial para remover las toneladas de cemento y hierro que bloquean las calles.
El sistema de salud también sintió el rigor de las últimas horas antes del cese de hostilidades. El hospital Al-Najda al Shaabiya, en Nabatiyeh, recibió una ola de heridos hasta el momento exacto en que empezó a regir el pacto de medianoche.
La directora del centro médico confirmó que los bombardeos fueron feroces el jueves, con casos dramáticos como el de Mahmoud Sahmarani, quien perdió a su padre y a su primo mientras ellos pelaban papas para el almuerzo.
La comunidad internacional observa con cautela este periodo de gracia. El retorno masivo de más de un millón de personas ocurre bajo la sombra de las palabras de Katz. El ministro dejó claro que el ejército israelí mantiene el dedo en el gatillo y que la operación no concluyó.
Así, la esperanza de los libaneses convive con el temor real de que este regreso a casa sea apenas una breve visita antes de una nueva huida hacia lo desconocido.
Agencias AP y AFP