WASHINGTON.–“Peligroso e irresponsable”. Así calificó China el bloqueo de Estados Unidos al petróleo iraní que atraviesa el estrecho de Ormuz, y con esa frase expuso el más reciente desafío que enfrenta el presidente Donald Trump: cómo hacer para que la guerra con Irán no termine sepultando la incipiente distensión que se estaba dando con China.
A Trump lo esperan con la alfombra roja dentro de cuatro semanas en Pekín, un esfuerzo cuidadosamente planificado y orquestado para relanzar la relación entre las dos mayores economías del mundo.
Trump ya había pospuesto el viaje una vez, y ahora los funcionarios de la Casa Blanca enfatizan que no hay planes de volver a aplazarlo, por más que al momento del viaje Estados Unidos siga estrangulando las exportaciones del petróleo iraní. El 90% de esas exportaciones —más de 1,3 millones de barriles diarios— fueron adquiridas por China antes del inicio del ataque norteamericano-israelí del 28 de febrero.
Al inicio de la guerra, sabiendo que los cargamentos ya estaban en el mar y que tiene una alucinante reserva de petróleo que probablemente le permitiría superar la coyuntura, China guardó un relativo silencio sobre la operación militar: hicieron caso omiso del reclamo de Trump de que China enviara buques de guerra para mantener abierto el estrecho de Ormuz, y emitieron el usual llamado a ambas partes a deponer las armas.
Pero el lunes, cuando empezó el bloqueo, y ante la posibilidad de que los buques de carga con bandera china, algunos con tripulación china, fueran rechazados por la Armada norteamericana, el tono de Pekín dio un giro.
El líder chino, Xi Jinping, dijo el martes que el mundo no podía arriesgarse a volver a la “ley de la selva”, sus primeras declaraciones públicas sobre la guerra. No mencionó en ningún momento a Estados Unidos ni a Trump, pero no hizo falta: más tarde, durante una reunión con el príncipe heredero de Abu Dhabi, agregó que “para preservar la autoridad del derecho internacional no podemos usarlo cuando nos conviene y abandonarlo cuando no”.
Fue una clara referencia a Trump, quien en enero le dijo a The New York Times: “No me hace falta el derecho internacional”, y añadió: “No estoy buscando perjudicar a nadie”, dejando en claro que sería él mismo quien determinaría las restricciones internacionales a sus acciones.
En su habitual papel de mediador entre Washington y Pekín, el Ministerio de Relaciones Exteriores de China adoptó una postura más firme y acusó a Estados Unidos de un “bloqueo selectivo que solo agravará la confrontación, debilitará el ya frágil alto el fuego y pondrá en aún más peligro el tránsito por el estrecho de Ormuz”.
Trump, por su lado, ignora las críticas y finge —al menos en público— que de alguna manera el gobierno chino aplaude sus acciones.
“China está muy contenta de que reabra permanentemente el estrecho de Ormuz”, escribió Trump el miércoles por la mañana en su cuenta de redes sociales. “Lo hago también por ellos, y por el mundo”, continuó, para luego predecir que Xi “me dará un gran abrazo cuando llegue allá dentro de unas semanas”.
Pero Trump también dijo que se había quejado ante Xi tras enterarse de que las agencias de inteligencia norteamericana tenían información de que China habría enviado un cargamento de misiles portátiles a Irán para ser usado en la guerra. La información de inteligencia no era concluyente y no hay pruebas de que se hayan utilizado misiles de origen chino contra las fuerzas estadounidenses o israelíes.
Sin embargo, en una entrevista con Fox Business emitida el miércoles, Trump dijo que le había escrito a Xi para pedirle garantías de que no le estaban enviando armas a Irán para ser utilizadas contra las fuerzas de Estados Unidos e Israel. Y en una publicación en las redes sociales dijo que los chinos “han accedido a no enviar armas a Irán”.
El contenido de esas conversaciones no se hizo público, por lo que no es posible verificar el compromiso chino ni determinar si incluía alguna condición a cambio. Pero el tono de Trump fue más positivo que hace aproximadamente una semana, cuando la revelación sobre el posible envío de armas chinas a Irán lo llevó a amenazar con que “si los pescamos haciendo eso, les vamos a imponer un arancel del 50%”, su latiguillo contra cualquier país que desafíe su voluntad.
De todos modos, el intercambio entre ambos mandatarios desnuda lo delicado de la relación actual y hasta qué el conflicto con Irán amenaza con desestabilizarla.
“El presidente Trump ha generado una situación en la que dos de sus principales objetivos están en conflicto directo”, apunta Kurt Campbell, exsubsecretario de Estado durante la presidencia de Joe Biden y presidente del Asia Group, centro de investigaciones que él mismo fundó.
“Uno es supervisar y controlar toda la carga que transita por Ormuz, incluida la procedente de China”, sostiene Campbell. “Y el otro es que su visita a Pekín resulte claramente positiva.”
David Perdue, embajador norteamericano en China, estuvo el martes por la noche en el Salón Oval para hablar con Trump sobre su inminente visita a Pekín. Los funcionarios de seguridad nacional aclaran que antes del estallido del conflicto con Irán, el secretario del Tesoro norteamericano, Scott Bessent, ya había negociado los aspectos básicos de las iniciativas económicas que anunciarían ambos países.
Según la Casa Blanca, sobre lo que se ha avanzado mucho menos es en materia de seguridad, como el futuro de Taiwán, el crecimiento del arsenal nuclear de China, su expansión militar en el Mar de la China Meridional y los enfrentamientos que ha provocado con Filipinas.
Y a menos de un mes de la llegada de Trump a Pekín, nadie sabe cómo enmarcarán ambos líderes la conversación sobre el bloqueo —si es que sigue vigente— ni sobre la demostración de poderío militar de Estados Unidos, que arrancó con la detención de Nicolás Maduro en Venezuela y continuó con el ataque de Trump contra Irán.
Sin embargo, hay evidencias considerables de que el ejército chino está intensamente enfocado en estudiar la forma en que Estados Unidos llevó a cabo ambos ataques, y los funcionarios chinos parecen especialmente preocupados por la rapidez con la que la cúpula iraní fue descabezada en las primeras horas de la guerra.
“Hay muchas especulaciones sobre qué tema en particular podría volver a tensionar la relación y socavar la cumbre”, señala Rush Doshi, profesor adjunto de la Universidad de Georgetown y exasesor de Biden sobre China. “Y no parece que sean cuestiones como los chips de IA ni las tierras raras”, dice en referencia a dos áreas de intensa competencia entre los dos países. “Pero sí podría ser Irán…”.
Y aunque ambos parecen deseosos de evitarlo, si a causa del bloqueo de Ormuz se produce un enfrentamiento entre la Armada norteamericana y los buques comerciales chinos, “en la cumbre puede generarse una dinámica incómoda”, agrega Doshi.
El otro tema que puede hacer descarrilar la cumbre, dice Doshi, “son los informes de que China está considerando enviarle armas a Irán”, informes que los altos funcionarios del Congreso y de los servicios de inteligencia de Estados Unidos parecen tomar muy en serio.
(Traducción de Jaime Arrambide)