Tras cuatro intentos, Keiko Fujimori ve más cerca su ambición de ser presidenta

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Perú va a elecciones este domingo tras una campaña que tuvo la lucha contra el crimen como tema dominante, con la derechista Keiko Fujimori, hija del hombre fuerte que derrotó sin vacilaciones ­al terrorismo, liderando los sondeos en su cuarto intento de acceder al poder.

Ninguno de los candidatos tiene chances de alcanzar el 50% de los votos para ganar de entrada, por lo que el escenario se orienta a una segunda vuelta. Si bien nada está definido hasta el conteo de votos, es casi una fija que Keiko, con el 16% de intención de voto, enfilará al balotaje. La duda está en su rival.

Detrás vienen el comediante Carlos Álvarez, un outsider en ascenso, y el exalcalde limeño Rafael López Aliaga, los dos también de derecha. También se asoma Ricardo Belmont, un empresario de los medios que se metió en la pelea.

Keiko Fujimori durante una entrevista con la agencia AFP. Detrás, el retrato de su padre, el expresidente Alberto Fujimori.ERNESTO BENAVIDES – AFP

Son seis o siete los candidatos que se ilusionan con superar la barrera de la primera vuelta y competir mano a mano con Keiko, que a sus 50 años lleva tres décadas trajinando en la vida política.

La hija mayor de Alberto Fujimori saltó al mundo de la política al convertirse en primera dama en 1994, tras la separación de sus padres. Igual que Zulemita Menem en la Argentina, por la misma época, cuando oficiaba de primera dama acompañando a su padre, Carlos Menem, también separado, en los viajes afuera y eventos locales.

En 2010 fundó Fuerza Popular, el partido con el que asegura mantener el legado de su padre, un hombre que sigue en la memoria de muchos por haber sido implacable con la violencia criminal que asolaba el país. Otros lo recuerdan como el gobernante que se deslizó al autoritarismo. Todo es verdad. Cada cual se queda con sus memorias favoritas.

Keiko Fujimori junto a sus hijas en el acto de cierre de campaña en Lima.Guadalupe Pardo – AP

“Keiko Fujimori ha heredado el capital político del padre, que fue una figura muy controvertida en la política peruana, que ha polarizado mucho, incluso después de su muerte. Esta es la cuarta vez que postula a la presidencia, tal vez pensando que figuras muy grandes como François Mitterrand, Lula da Silva o Ronald Reagan, ganaron la tercera o cuarta vez que se presentaron”, dijo a LA NACION el analista político Luis Benavente, director de la consultora de opinión Vox Populi.

Keiko vuelve a intentarlo luego de perder las tres elecciones previas en el decisivo balotaje, algunos por diferencias milimétricas, unos miles de votos que se le escaparon como arena entre los dedos y la dejaron con las manos vacías. Llega a esta nueva candidatura convencida de que la cuarta es la vencida, y no la tercera como suele decirse. Y lo hace bajo el lema “Perú con orden”.

La palabra “orden” es clave en su programa, spots y entrevistas. La nostalgia por la exitosa lucha de Alberto Fujimori contra Sendero Luminoso en la década de 1990, la guerrilla más sanguinaria de América Latina, que hasta colgaba perros muertos en los postes de la calle, le podría dar por fin los votos que se le venían escapando, dada la desesperante necesidad de los peruanos de contener la violencia criminal rampante que campea en el país.

El líder de Sendero Luminoso, Abimael Guzmán, fue detenido en 1992, durante el gobierno de Alberto Fujimori.Getty Images

“Ha sido muy buena candidata. Ha sido bastante sobria, bastante empática, con buena facilidad de palabra, con mucha simpatía. Exhibió muy buen conocimiento de los problemas del Perú, buenas soluciones. También ha tenido control emocional, se mantuvo tranquila y prudente en los debates, donde los otros candidatos aprovechaban para decirle de todo”, explicó Benavente.

Pero el camino es largo. Con muchos votantes indecisos, cualquiera de los candidatos que la siguen en las encuestas tiene opciones de enfrentarla de igual a igual en un balotaje, donde deberá volver a esforzarse para marcar la diferencia y alzarse por fin con el premio mayor. Sobre todo, porque pese a liderar los sondeos de campaña, su persona es también la que más rechazos suscita.

Entre otras cosas, Keiko se ganó detractores cuando la bancada de su partido decidió manejarse, tras su derrota en 2016 frente al liberal Pedro Pablo Kuczynski, de manera obstruccionista, poniendo palos en la rueda en la naciente gestión presidencial. Para algunos, fue el comienzo de la inestabilidad del país.

Keiko Fujimori y Pedro Pablo Kuczynski compitieron por la presidencia en 2016Reuters

La líder de Fuerza Popular admitió años después esta deliberada malevolencia de su partido. “Es verdad que Fuerza Popular cayó en el círculo vicioso de la confrontación y eso impidió que se pudieran hacer muchas más cosas de lo que se tenía planificado”, confesó en una entrevista.

Si le toca un rival de izquierda, Keiko espera que las demás fuerzas hagan causa común para ponerle un dique y cortarle el paso. No quiere repetir lo de 2021, cuando le ganó el desconocido Pedro Castillo, un outsider total de recordado sombrero, que previo a primera vuelta tenía solo el 3% de intención de voto. Pese a esas cifras exiguas, el día de las elecciones mejoró sus números, entró segundo detrás de Keiko y luego le ganó en segunda.

Creo que todos tenemos que unirnos en contra de la izquierda, pase quien pase. Ojalá seamos nosotros”, dijo en una entrevista para frenar el avance de quienes ella y otros denominan insistentemente los “caviar”.

Si los sondeos aciertan, sin embargo, estaría enfrentando a otro rival de derecha. De una derecha radicalizada, como la suya y la de tantos. Como dijo el politólogo Carlos Meléndez, “la crisis de inseguridad y el desorden político han movido al electorado en general hacia la derecha, y al electorado de este sector a radicalizarse aún más”.

Los une el factor común de la mano dura, un canto de sirena entre una población cansada de violencia, de amenazas y sicarios, de narcotráfico y demás empresas ilegales.

La extorsión se volvió una industria altamente desarrollada en el país. Los blancos elegidos por los criminales se diversifican, desde comerciantes y transportistas a profesionales del espectáculo. Mueren choferes y cantantes. Muere quien no baje la cabeza.

El exalcalde de Lima, Rafael López Aliaga, durante el cierre de campaña en LimaLUIS ROBAYO – AFP

Los votantes saben que nadie está a salvo de la próxima amenaza y la próxima bala del sicario que vaya por ellos en moto: el 84% de los residentes de las ciudades temen ser víctimas de algún delito en los próximos 12 meses.

La policía detuvo esta semana a 18 miembros de una banda que extorsionaba a transportistas desde 2023 en Lima. Les exigían a sus víctimas pagos por “inscripción” y cuotas mensuales, como si fuera una escuela o un club, que eran depositados a una empresa de apuestas deportivas o en casinos y tragamonedas. No se andaban con vueltas. Para las aterradas víctimas, era la bolsa o la vida.

Por eso la inseguridad ha sido el tema central de la campaña, lo que dominó la agenda. El ultraconservador López Aliaga se atrevió a sugerir, suelto de cuerpo, la construcción de una cárcel de alta seguridad en lo profundo de la selva, subrayando que la prisión estaría naturalmente custodiada por las serpientes venenosas de la zona. Preso que sale, preso que muere. Y los guardias se ahorran balas, le faltó decir, bajando costos de las arcas públicas.

El comediante Carlos Álvarez saluda a sus seguidores durante su cierre de campañaCONNIE FRANCE – AFP

Keiko no va tan lejos como para confiar la seguridad de los presos a las serpientes. Propone más bien militarizar temporalmente las cárceles y fronteras. Pero coincide con sus principales rivales en otras estrategias, algunas de las cuales desafían el marco jurídico.

Sugiere, por caso, salirse de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para aplicar normas no permitidas por el tratado del que Perú es signatario. El sociólogo Santiago Pedraglio sostuvo esta semana en una columna de opinión, vistos los candidatos, que “todo indica que el próximo gobierno será autoritario”, aunque dejó abierta la posibilidad de que no sea un destino inevitable.

Los votantes buscan hasta último momento su preferido entre 35 postulantes, récord absoluto en el país y quizás en América Latina. Nadie, por supuesto, puede conocer a la treintena de políticos que sonríen desde los spots y los carteles de campaña. Y menos con una campaña repleta de fake news, según denunció el Jurado Nacional de Elecciones (JNE), con incluso encuestas truchas.

Las noticias falsas añaden confusión a los desconsolados votantes peruanos, que no sienten ninguna estima por los elencos políticos que gobernaron el país en los últimos diez años. Una década de anarquía, con el auge y caída de ocho efímeros presidentes, uno de los cuales estuvo solo cuatro meses en el Palacio de Gobierno.