Del otro lado de la cordillera, a más de 1500 kilómetros al norte de Santiago, Techint Ingeniería y Construcción está en la última etapa de uno de sus proyectos más ambiciosos: un sistema de desalinización y transporte de agua que permitirá a la minería chilena abastecerse del Pacífico en lugar de consumir agua continental. La empresa alcanzó el 96% de avance y ya registró el primer flujo de agua desalinizada a través de los sistemas de ósmosis inversa.
El proyecto, conocido como Saddn, acaba de superar un hito clave: las pruebas hidráulicas del ducto de 160 kilómetros que transportará agua desde la costa hasta más de 3000 metros de altura, abasteciendo a las operaciones mineras del Distrito Norte de Codelco, la empresa estatal chilena que produce el 20% del total de la oferta del país. El sistema ya está impulsando agua desalinizada hacia las minas y la obra se encuentra en fase de cierre técnico y desmovilización.
“Estos avances nos permiten proyectar con confianza la puesta en marcha del proyecto, aportando una solución estructural frente a la escasez hídrica y contribuyendo al desarrollo sostenible de la minería en el país”, señaló Rodrigo Larralde Campos, deputy project director de Techint E&C.
Chile produce un cuarto de la oferta mundial de cobre, con 5,7 millones de toneladas anuales, y tiene como meta que para 2034 “el mar domine en las minas”: que el agua del Pacífico represente el 66% del consumo minero, contra el 43% actual. Hace once años, más del 90% del agua utilizada en la industria se obtenía del deshielo. A medida que el país expandió su desarrollo minero, creció también la presión social por el uso de agua destinada al consumo humano. Para hacer más sostenible su principal actividad económica, varias empresas comenzaron a invertir en plantas de desalinización, aunque estas encarecen hasta cinco veces el costo del agua. Chile cuenta hoy con 24 de estas plantas, de las cuales casi el 80% de la producción se destina a la minería.
La Argentina podría beneficiarse de la misma solución. Si se desarrollan en el norte argentino los proyectos mineros de cobre actualmente en exploración, en el futuro también podrían recurrir al agua industrial del Pacífico. “Los yacimientos de cobre en Chile y en la Argentina están empatados, en muchos casos son binacionales. A medida que los proyectos en la Argentina evolucionen, se espera que utilicen también el agua industrial del mar chileno. Se puede extender un proyecto existente o se puede construir uno paralelo que los alimente, porque si no, la alternativa sería llevar agua del Paraná, que es mucho más cara”, explicó Alejo Calcagno, director de Operaciones del Área Sur de Techint.
Techint ganó la licitación para construir la planta desalinizadora y el sistema de impulsión, con 160 kilómetros de tuberías y tres estaciones de bombeo, que llevará hasta 840 litros de agua por segundo a tres grandes operaciones: Radomiro Tomic, Chuquicamata —la mina de cobre a cielo abierto más grande del mundo— y Ministro Hales, todas operadas por Codelco.
El cliente es Aguas Horizonte, un consorcio integrado por la japonesa Marubeni y Transelec (de capitales canadienses y chinos), que invirtió US$1000 millones para proveer agua industrial a Codelco por 20 años, con financiación de 14 bancos. La megaobra se ubica en la región de Antofagasta, en la zona de Tocopilla.
El proyecto comienza con la captación de agua de mar a través de dos tuberías de 1,8 metros de diámetro y 740 metros de largo que llegan a cerca de 100 metros de profundidad. Un tercer tubo devuelve la salmuera a 540 metros mar adentro con difusores para no afectar la vida marina. Para depositar las tuberías sobre el lecho rocoso, trabajan en la zona cinco embarcaciones y 50 buzos que, con el uso de explosivos, limpian el terreno. Una estructura de hormigón de ocho metros de diámetro anclada en el fondo del mar realiza la primera filtración del agua.
Uno de los mayores desafíos fue la instalación del primer tramo del acueducto, de 48 pulgadas de acero, que asciende un farellón de 1000 metros de altura en apenas 3000 metros de extensión, con pendientes de hasta 39 grados. Codelco optó por instalar un cablecarril para el ascenso de personal y carga pesada de hasta 14.000 kilogramos.
“La zanja y la soldadura se hicieron de manera mucho más manual de lo habitual y con menos máquinas debido a la pendiente”, explicó Germán Ospina, supervisor general de ductos de Techint. Una vez en la cima, el acueducto recorre otros 160 kilómetros hasta las tres minas. El proyecto consume 45 MW, alimentados por energía fotovoltaica de la planta solar Tamaya, que reemplazó a las antiguas centrales térmicas de la zona.