WASHINGTON.– Tras destituir esta semana a la fiscal general Pam Bondi, el presidente Donald Trump está considerando realizar más cambios en la cúpula de su administración, ante la creciente frustración por las repercusiones políticas de la guerra con Irán.
Así lo revelaron varias fuentes familiarizadas con las discusiones internas de la Casa Blanca, según las cuales cualquier posible reorganización podría servir como un reinicio para la administración, que se enfrenta a un periodo políticamente difícil.
La guerra ha disparado los precios de la nafta, ha bajado los índices de aprobación de Trump y ha intensificado la ansiedad sobre las consecuencias para los republicanos de cara a las elecciones de mitad de mandato de noviembre.
Algunos aliados afirmaron que su discurso televisado a la nación el miércoles –que un alto funcionario de la Casa Blanca describió como un intento de proyectar una sensación de control y confianza sobre el rumbo de la guerra– no tuvo el impacto esperado, lo que refuerza la idea de que se necesitan cambios en el mensaje o en el personal.
“Una reorganización para demostrar que se están tomando medidas no es algo malo, ¿verdad?”, dijo otro funcionario de la Casa Blanca.
Varias fuentes indicaron que la directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, el secretario de Comercio, Howard Lutnick, y la secretaria de Trabajo, Lori Chavez-DeRemer, se encuentran entre los candidatos a ser destituidos, luego de la salida de Bondi y de la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, en las últimas semanas.
Gabbard, quien tiene un largo historial de críticas a la participación de Estados Unidos en conflictos de Medio Oriente –específicamente a la idea de una guerra con Irán–, ha seguido informando al presidente sobre inteligencia, incluso cuando Trump declaró a la prensa a principios de esta semana que Gabbard tenía “un proceso de pensamiento algo diferente al mío” con respecto a Irán.
Mientras tanto, algunos aliados de Trump están presionando en privado para que se destituya a Lutnick, un amigo cercano del presidente que ha enfrentado un renovado escrutinio en los últimos meses por su relación con el fallecido agresor sexual Jeffrey Epstein.
Nuevos documentos publicados a principios de año revelaron que Lutnick almorzó con Epstein en su isla privada en el Caribe en 2012. Lutnick dijo que «apenas tuvo relación» con Epstein y que el almuerzo se produjo únicamente porque se encontraba en un barco cerca de la isla.
El estilo de Lutnick de proponer ideas y acuerdos políticos sin aprobación previa ha provocado además desde hace tiempo miradas de desaprobación entre sus asesores y otros miembros de la Casa Blanca.
Chávez-DeRemer enfrenta por su parte acusaciones de mala conducta que incluyen una supuesta relación extramatrimonial con un miembro de su personal y consumo de alcohol en su oficina. De todas maneras, de momento ha permanecido en su cargo pese a que otros funcionarios de su área debieron renunciar en medio del escándalo.
Pese a todo, Trump podría decidir no realizar ningún cambio. Varias fuentes señalaron que se muestra reacio a renovar su gabinete con demasiada frecuencia, después de que los constantes cambios de personal durante su primer mandato acapararan los titulares y crearan la impresión de caos en la Casa Blanca. Un funcionario de la Casa Blanca indicó que se espera una “reorganización selectiva”, en lugar de un “reinicio drástico”.
Sin embargo, tras su decepcionante discurso del miércoles, no hacer nada podría ser tan peligroso como realizar un cambio significativo que, para bien o para mal, dominaría los titulares. Trump trabajó con su equipo de redacción de discursos y sus principales asesores en el discurso de esta semana en horario estelar, después de que sus asesores lo instaran durante semanas a dirigirse directamente a la nación sobre el papel de Estados Unidos en Irán.
Durante el discurso, el presidente se negó a proponer una salida a la guerra, dejando la impresión de que el conflicto no tenía fin. Y en lugar de ofrecer soluciones a las inquietudes económicas de los votantes, afirmó que el sufrimiento sería pasajero y que la culpa era de Teherán.
“El discurso no logró su objetivo”, dijo una fuente, y añadió que, si bien los seguidores más fieles de Trump aún lo apoyaban en la guerra, en general se encuentran bajo presión económica. “Los votantes toleran los mensajes ideológicos, pero sienten el impacto inmediato del aumento del precio del combustible”, afirmó.
Según la última encuesta de Reuters/Ipsos, solo el 36% de los estadounidenses aprueba la gestión general de Trump, la cifra más baja de su mandato actual. La guerra con Irán es particularmente impopular: el 60% de los encuestados desaprueba la decisión conjunta de Estados Unidos e Israel de iniciar el conflicto.
Trump está sumamente frustrado con lo que considera una cobertura mediática injusta de la guerra en Irán, y ha dejado claro a su equipo que desea noticias más positivas. Sin embargo, no ha manifestado interés alguno en modificar su propia estrategia comunicacional. Incluso con estas presiones, varios miembros del gabinete han demostrado una notable resistencia, a pesar de generar titulares negativos o consternación en la Casa Blanca por sus acciones.
Aun así, las fuentes indicaron que la posibilidad de una reorganización se había vuelto mucho más seria en las últimas semanas. Una fuente de alto rango de la Casa Blanca afirmó que Trump quiere realizar cambios importantes ahora, mucho antes de las elecciones de mitad de mandato. “Digamos que, según lo que he oído, Bondi no será la última”, comentó otro funcionario.
Agencia Reuters y The Washington Post