A más de medio siglo de los viajes del programa Apolo, la humanidad vuelve a proyectarse hacia el espacio profundo con Artemis II. Se trata del primer vuelo tripulado que irá más allá de la órbita baja terrestre en décadas y funcionará como ensayo para futuras misiones de mayor alcance.
En ese contexto, el investigador científico Esteban Tablón analizó en LN+ la magnitud del proyecto y su impacto a largo plazo. “Es un primer paso importantísimo”, afirmó al referirse al inicio de una nueva etapa en la exploración humana fuera del planeta.
Tablón destacó que el viaje implica superar una barrera que no se cruzaba desde hace décadas. “Hace 53 años que no mandamos gente al espacio profundo, nadie salió más allá de los 400 kilómetros de la estación espacial”, explicó.
Según detalló, la tripulación alcanzará distancias incluso mayores a las registradas históricamente. “Esta gente va a ir más lejos de lo que se estuvo nunca”, señaló, al subrayar la relevancia del recorrido previsto.
El investigador remarcó que el proyecto no solo tiene valor simbólico, sino también estratégico: “Es el futuro de la humanidad, es solucionar problemas”, sostuvo, al tiempo que planteó la necesidad de expandir la presencia humana fuera de la Tierra ante posibles riesgos globales.
La misión tendrá una duración aproximada de 10 días, durante los cuales la nave realizará maniobras en torno a la Tierra y luego avanzará hacia la Luna. No habrá alunizaje, pero sí un paso muy cercano a su superficie, lo que permitirá probar sistemas en condiciones reales.
“Vamos a pasar muy cerca de la Luna”, explicó Tablón, quien además destacó el nivel de automatización de la nave: “Si los astronautas se durmieran, la nave vuelve sola”.
Uno de los puntos centrales será el estudio del impacto del entorno espacial en el cuerpo humano. “El experimento principal es la radiación y cómo afecta a las personas”, indicó, y agregó que habrá participación argentina en esas mediciones.
Además, remarcó que este vuelo es una validación previa a etapas más ambiciosas: “Esta es la prueba de que la gente puede ir, después se avanzará en la construcción de hábitats”.
En paralelo, el decano de Ingeniería de la UBA, Alejandro Martínez, brindó detalles sobre el desarrollo de un satélite vinculado a la misión y el rol de las universidades argentinas.
Según explicó, se trata de un dispositivo de tamaño reducido: “Es como una caja de zapatos, con un formato estándar que ya se utiliza en muchos proyectos”.
El trabajo fue resultado de una convocatoria internacional de la NASA. “Fuimos de las universidades que estaban aptas para construirlo y lo hicimos en pocos meses”, señaló, al destacar la rapidez del proceso.
Martínez precisó que distintas instituciones participaron de manera coordinada: “La Plata tenía la estructura y nosotros desarrollamos los módulos, todo en tiempo récord”.
El académico valoró especialmente la selección del proyecto: “El logro más importante es haber puesto la ciencia en primer plano y que la NASA nos haya elegido”, afirmó.
Finalmente, destacó el impacto educativo de este tipo de iniciativas. “Tenemos programas propios para motivar a los estudiantes a terminar la carrera y formar más ingenieros”, concluyó.