El salario pierde frente al surtidor: cae 17% la capacidad de compra de nafta en un mes

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El encarecimiento de los combustibles a nivel global por la guerra en Medio Oriente empezó a trasladarse con fuerza a la economía local y ya tiene efectos visibles sobre los ingresos.

Según un informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf), la capacidad de compra de un salario privado registrado —según la serie del Indec— medida en litros de nafta cayó un 17% entre febrero y marzo de 2026, como consecuencia del fuerte aumento del precio del combustible en términos reales.

El cálculo se realiza tomando como referencia el precio de la nafta súper en la Ciudad de Buenos Aires, lo que permite comparar en términos homogéneos la evolución del poder adquisitivo.

El dato reflejó el impacto directo del shock internacional en la Argentina, en un contexto en el que el precio del petróleo superó los US$100 por barril y llegó a ubicarse por encima de los US$110 en el caso del Brent.

En febrero, antes de la escalada del conflicto, el litro de nafta costaba $1657 a valores constantes de marzo de 2026, mientras que en marzo trepó a $2000, lo que implicó un incremento del 21% real en solo un mes. Este nivel de precios implica, además, un retorno a valores reales similares a los de julio de 2021.

El precio real de la nafta en CABA subió con fuerza tras la corrección de 2024 y el shock internacional de 2026; aun así, el valor actual se mantiene cerca de los niveles de 2021 y condicionado por el componente impositivo

Como los ingresos se mantuvieron prácticamente sin cambios, el salto se tradujo de manera inmediata en menor poder adquisitivo. En términos ilustrativos, esto implica que donde antes un salario permitía comprar 100 litros de nafta, ahora alcanza para unos 83 litros.

El deterioro no es nuevo, pero se aceleró. Según Iaraf, la capacidad de compra había llegado a ubicarse en torno a 157 puntos en octubre de 2023, en un contexto de atraso en los precios del combustible que derivó incluso en episodios de desabastecimiento en surtidores hacia el final de ese año.

Ese esquema cambió de manera abrupta tras el cambio de Gobierno. Desde diciembre de 2023, con la liberación de precios tras la asunción de Javier Milei, los valores en surtidor comenzaron a alinearse rápidamente con niveles cercanos a la paridad de exportación (es decir, el valor internacional del combustible), lo que implicó una fuerte corrección durante 2024.

A partir de entonces, la capacidad de compra comenzó a deteriorarse. El indicador retrocedió hacia niveles cercanos a la base histórica y volvió a caer en los últimos meses. Ahora, el shock externo volvió a acelerar esa tendencia.

Si se amplía la mirada, la dinámica resultó aún más marcada. Desde junio de 2025, la capacidad de compra ya venía retrocediendo y acumuló una caída del 27% hasta marzo de 2026, al combinar la suba previa del combustible con el efecto reciente del conflicto.

La capacidad de compra de nafta de un salario privado registrado cayó con fuerza tras el salto de precios: tras un pico en 2023 por el atraso del combustible, el indicador retrocedió y volvió a deteriorarse en 2026 por el impacto de la guerra

En perspectiva histórica, el deterioro fue más profundo: el poder adquisitivo actual medido en litros de nafta resultó 48% inferior al de noviembre de 2023 y 18% menor al de marzo de 2018, lo que evidenció el rezago de los ingresos frente a los precios.

Un informe de Romano Group señaló que el aumento de los combustibles ya empezó a trasladarse a la inflación. Según sus estimaciones, los precios en surtidor subieron entre 15% y 19% en marzo, y recordó que el rubro tiene un peso cercano al 3,8% en el índice de precios al consumidor, lo que agrega presión sobre el nivel general.

Detrás de esta dinámica también aparece el comportamiento del tributo a los combustibles. Actualmente, el componente impositivo se ubica en torno a $367 por litro, tras una recuperación parcial en términos reales, aunque todavía se mantiene por debajo de los niveles de 2018.

En este contexto, el Gobierno decidió suspender la actualización del impuesto a los combustibles prevista para abril, lo que implica postergar parte de la recomposición del tributo en un intento por moderar el traslado del shock internacional a los precios domésticos.

Sin embargo, el margen de acción es limitado. Iaraf advirtió que, para compensar completamente el aumento reciente del combustible, el impuesto debería reducirse de manera drástica —en más del 90%—, lo que implicaría resignar recursos fiscales relevantes en un tributo que además es coparticipable.