SANTIAGO DE CHILE.– Miles de estudiantes chilenos salieron este jueves a las calles de la capital en la primera gran protesta contra el gobierno de José Antonio Kast, en rechazo a los recortes en educación, las alzas de los combustibles y el ajuste económico impulsado por el Ejecutivo, en una jornada que reactivó la tensión social y política en el país.
La movilización, convocada por organizaciones como la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (ACES), la Confederación de Estudiantes de Chile (Confech), la Red de Solidaridad Estudiantil y la Feusach, se desarrolló bajo la consigna “Contra el retroceso, marchamos”.
La columna avanzó por la céntrica avenida Alameda hacia el ex Congreso Nacional, con la participación mayoritaria de escolares con sus uniformes tradicionales, y derivó en algunos enfrentamientos con la policía, que utilizó carros hidrantes para dispersar a los manifestantes. Hubo cortes de tránsito, interrupciones en el servicio de metro y un fuerte despliegue de seguridad en torno a Plaza Baquedano, epicentro simbólico de las protestas en Chile.
Los incidentes incluyeron además la destrucción de la protección instalada en la estatua del general Manuel Baquedano, lo que motivó el despliegue de personal de Control de Orden Público en la zona para contener los disturbios.
La protesta se produce apenas tres semanas después de la asunción de Kast y constituye el primer test callejero para su programa de gobierno, centrado en un fuerte ajuste fiscal. El mandatario ordenó un recorte del 3% en los gastos corrientes de todos los ministerios, incluido el de Educación, en el marco de su objetivo de reducir el gasto público en unos 6000 millones de dólares en los próximos 18 meses.
En ese contexto, el Ejecutivo evalúa introducir cambios en el sistema de gratuidad universitaria, como limitar el acceso para nuevos estudiantes mayores de 30 años. Además, ya suspendió becas para programas de magíster y posdoctorado en el exterior y anunció un endurecimiento en la fiscalización del Crédito con Aval del Estado. Estas medidas encendieron las alarmas en el movimiento estudiantil, que teme un retroceso en derechos conquistados durante la última década.
“El plan de ajuste no es austeridad, es avaricia; los estudiantes pierden, los empresarios ganan”, se leía en una de las pancartas. “Queremos que respeten los derechos sociales que hemos ganado en todos estos años”, sostuvo Benjamín Traslaviña, estudiante universitario de 22 años, en diálogo con Emol.
El malestar estudiantil se combina con un deterioro más amplio en el costo de vida. Desde este jueves, la nafta subió un 30% y el diésel un 60%, tras el recorte del subsidio estatal que amortiguaba el impacto de la guerra en Medio Oriente sobre los combustibles. El gobierno defendió la medida como parte de su política de austeridad, al sostener que “no se puede ocultar la realidad” ni evitar trasladar el precio internacional del petróleo a los consumidores.
En paralelo a la protesta, la marcha pasó frente al palacio presidencial de La Moneda, donde Kast promulgaba su primera ley de “Emergencia Energética”, destinada a contener parcialmente el impacto del encarecimiento. El paquete incluye, entre otras medidas, un bono de 110 dólares para taxistas y transportistas escolares.
Durante la jornada, el mandatario intentó desmarcarse de posibles episodios de violencia y pidió que las manifestaciones no afecten servicios esenciales. “Si alguien quiere manifestar su malestar, que no use el transporte público, sobre todo el metro; pueden hacerlo sin dañar a otros compatriotas”, señaló, en una alusión implícita a los disturbios del estallido social de 2019.
Sin embargo, el escenario político se muestra cada vez más tenso. Desde la oposición surgieron críticas al rumbo económico del gobierno y advertencias sobre el impacto social del ajuste. En paralelo, analistas observan que el oficialismo enfrenta un delicado equilibrio entre su promesa de orden fiscal y el riesgo de alimentar un clima de conflictividad que ya tiene antecedentes recientes en Chile.
En ese marco, la protesta estudiantil aparece como el primer síntoma visible de un descontento más amplio, en un país especialmente sensible a las reformas en educación y al aumento del costo de vida. El desafío para el gobierno de Kast será ahora contener esa presión sin alterar el rumbo de su programa económico, en un contexto de creciente incertidumbre social.
Agencias AFP, AP y Reuters