BERLÍN.– Israel lanzó un importante ataque contra un yacimiento de gas iraní esta semana, lo que provocó la represalia de Irán contra los Estados del Golfo, una amenaza para el suministro global de energía y un aumento en los precios del combustible. El presidente norteamericano, Donald Trump, primero insistió en que Estados Unidos “no sabía nada sobre” el ataque, para luego retractarse y decir que había advertido a Israel contra atacar el complejo.
Su intento de distanciar a su gobierno del ataque subrayó los objetivos divergentes de Estados Unidos e Israel mientras su guerra contra Irán continúa.
Como potencia mundial con responsabilidades globales, a Estados Unidos le preocupa profundamente el suministro energético global y la seguridad de sus aliados en el Golfo Pérsico. Y, con elecciones legislativas cruciales a finales de este año, al gobierno de Trump le preocupa especialmente el aumento del precio de la nafta en Estados Unidos.
Pero, como potencia regional, Israel tiene objetivos estratégicos distintos y preocupaciones más acotadas, según analistas y exfuncionarios. Israel cuenta con su propio gas natural, depende poco del estrecho de Ormuz –donde Irán tiene un control sobre el transporte de combustible– y no tiene responsabilidad sobre el libre flujo del comercio global. Los riesgos para Israel son mayores que para Estados Unidos, ya que considera a Irán, que ha jurado destruir a Israel, como un peligro claro, tanto por su programa nuclear como, en particular, por sus misiles balísticos.
Aaron David Miller, exnegociador estadounidense en Medio Oriente y actualmente en el Carnegie Endowment for International Peace, dijo: “Somos una potencia global y ellos son una regional. Así que sus evaluaciones de amenazas generan un conjunto de objetivos diferente al nuestro”.
Esa divergencia es inevitable, dijo Suzanne Maloney, experta en Irán y directora del programa de política exterior en el Brookings Institution. No solo sus objetivos son fundamentalmente distintos, afirmó, sino que “los costos que cada lado puede asumir son aún más diferentes, especialmente con el tiempo”.
Washington está mucho más centrado ahora en el problema del estrecho de Ormuz, dijo, ya que un cierre prolongado podría significar una recesión global sostenida y precios más altos del combustible.
“Israel no se preocupa tanto por esto”, dijo. “Tienen un conjunto de objetivos estratégicos y creen que están teniendo éxito, y no son tan sensibles a los precios como la Casa Blanca. Están más dispuestos a capear la tormenta e intentar terminar el trabajo”.
Israel está más decidido que Washington a cambiar el régimen en Irán, desmantelando la república islámica y su programa de misiles balísticos, y a debilitar a Hezbollah, la fuerza proxy de Irán en el sur del Líbano, hasta el punto de que no pueda amenazar a Israel nuevamente durante muchos años. Analistas señalaron que Israel también es más receptivo que Washington a la posibilidad de un colapso estatal y caos en Irán.
Habiendo estado en estado de guerra desde que Hamas lo atacó desde Gaza en octubre de 2023, Israel está más dispuesto a asumir los costos en bajas y daños económicos que lo que probablemente esté dispuesto Estados Unidos. Ve una oportunidad extraordinaria de golpear a Irán con ayuda estadounidense, y es probable que quiera continuar la guerra por más tiempo que el presidente Trump, según dijeron estos analistas.
Por eso, el ataque a la instalación de South Pars en Irán, de la que el país obtiene la mayor parte de su gas natural para consumo interno, fue un movimiento lógico para Israel, al igual que un ataque previo a depósitos de combustible iraníes, que Washington también criticó en privado, según analistas y funcionarios.
La fuerte respuesta inicial de Trump al ataque en South Pars –dijo que Israel había “atacado violentamente” el yacimiento de gas– fue la reacción de una potencia global, provocada por los ataques de represalia de Irán contra las instalaciones de producción de gas natural de Qatar y Arabia Saudita.
De cualquier manera, la furia de Trump tendrá un impacto en Israel, donde el primer ministro, Benjamin Netanyahu, que debe convocar elecciones antes de octubre, se preocupa profundamente por mantener del lado suyo al presidente norteamericano y al Ejército de Estados Unidos.
Como resultado, es probable que Israel sienta una presión intensa para obedecer sus órdenes de detener los ataques a los yacimientos de gas iraníes e incluso para detener la guerra.
En algún momento, dijo Miller, del Carnegie Endowment, “los intereses de Netanyahu en crear una realidad iraní distinta se enfrentarán con la necesidad de Trump de decir ‘basta’. Y cuando Trump necesite decir ‘alto’, Netanyahu lo hará a regañadientes”.
A un nivel superficial, los dos países empezaron con objetivos comunes de cambio de régimen y desmantelamiento militar, incluido el programa nuclear iraní, dijo Natan Sachs, investigador principal en el Middle East Institute de Washington. Pero Trump ha hablado de una solución al estilo de Venezuela –con el régimen todavía en el poder aunque con personas en la cúpula que Estados Unidos pueda controlar–, mientras que Israel tiene una vara mucho más alta para lo que considera un liderazgo diferente en Irán, añadió.
A un nivel secundario, Israel está concentrado en los programas nuclear y de misiles balísticos de Irán y en los pilares del régimen, como el Cuerpo de Guardias Revolucionarios Islámicos y la milicia Basij. Estados Unidos, dijo el señor Sachs, está mucho más enfocado en los misiles de corto alcance de Irán y los drones que pueden alcanzar el Golfo, así como en su capacidad naval. De manera más inmediata, la prioridad para Washington es abrir el estrecho de Ormuz.
“El precio del petróleo, la presión de los Estados del Golfo e incluso los mercados internacionales importan a Israel, pero mucho menos que para Estados Unidos”, afirmó. Pero Israel es sensible a esas preocupaciones en la medida en que influyen en Trump, agregó.
Incluso si no hay un cambio de régimen, dijo Sachs, Irán sería mucho más débil y sería más fácil para Israel aplicar una “contención enérgica”, un término más elegante para ataques intermitentes. Pero los Estados del Golfo, Arabia Saudita y Turquía –todos aliados clave de Estados Unidos– no quieren un Irán deshecho que genere flujos migratorios y más terrorismo.
Los intereses estratégicos más amplios de Estados Unidos incluyen los mercados energéticos globales, el estrecho de Ormuz, cuántas municiones está gastando Washington, los despliegues prolongados de la Marina y de las tripulaciones aéreas, el impacto en la guerra de Ucrania y cómo esto afecta la preparación estadounidense en Asia–Pacífico, dijo Daniel Shapiro, exfuncionario del Pentágono y exembajador de Estados Unidos en Israel.
“Estas preocupaciones no son necesariamente prominentes en la mente de los israelíes ni de Netanyahu. La mayoría de los israelíes simplemente espera la desaparición de su enemigo”, agregó.
Los dos países sí comparten una preocupación crucial que no ha disminuido: el destino de los 440 kilogramos de uranio altamente enriquecido, suficiente en principio para construir 10 armas nucleares, en caso de que Irán siguiera ese camino. Aunque gran parte del uranio podría estar enterrado bajo los escombros de los ataques de junio en Isfahán, nadie lo sabe con certeza, dijo Michael Milshtein, exoficial de inteligencia israelí en el Moshe Dayan Center for Middle Eastern and African Studies.
“Este es el santo grial”, dijo. Pero cómo puede ser destruido o asegurado ese uranio sigue sin estar claro, por lo que algunos analistas todavía ven la guerra terminando en negociaciones sobre el programa nuclear iraní, incluso con un régimen mucho más débil en Teherán.
Chuck Freilich, exsubasesor de seguridad nacional en Israel, teme una conclusión demasiado rápida. “Si recurres a la fuerza militar, que no siempre es lo correcto, debes jugar para ganar”, afirmó. “Los intentos de librar guerras limitadas con fines limitados suelen terminar con lo peor de todos los mundos”.
Cualquiera que sea la preferencia de Israel, dijo, “todo depende de si Trump tiene la voluntad política y el estómago para mantener el rumbo o no”.