Durante más de una década, Portugal fue una puerta de entrada accesible a Europa: beneficios fiscales amplios, trámites relativamente simples y un costo de vida más bajo que el de otras economías del oeste europeo. Ese escenario cambió con fuerza en los últimos dos años. El país conserva estabilidad institucional, seguridad y una calidad de vida valorada por miles de extranjeros —entre ellos, argentinos—, pero ya no es tan sencillo ni barato como lo era antes. En ese contexto, las fuentes consultadas por LA NACION coinciden en que se requiere más planificación, adaptación y expectativas “más realistas que las que generan las redes sociales”.
La economía portuguesa terminó 2025 con un crecimiento moderado. Tras expandirse alrededor del 1,9% en 2024, el PBI avanzó a un ritmo similar este año, por encima del promedio de la eurozona, aunque insuficiente para mejorar de manera contundente los ingresos. El salario mínimo ronda los 870 euros mensuales y el medio neto se ubica cerca de los 1050 euros, claramente por debajo de España, donde el promedio supera los 1400 euros. Esa diferencia se vuelve central cuando se cruza con el principal problema estructural del país: la vivienda.
Lisboa y Oporto son las ciudades que concentran empleo y oportunidades, pero también alquileres que absorben más de la mitad del ingreso. En el centro de Lisboa, un departamento básico difícilmente baje de los 1500 euros mensuales, mientras que una habitación compartida ronda los 500. “Hoy es muy difícil alquilar aun teniendo plata. Muchos portugueses comparten cuarto, no solo es la situación que viven los extranjeros”, resume Santiago Vázquez, diseñador gráfico argentino que vive en el centro lisboeta y apunta que el Gobierno bajó los impuestos a quienes tengan viviendas en alquiler (IVA al 10% en vez de al 23%).
Junto a su esposa Elizabeth, hija de portugueses, llegó hace tres años y se inscribió con su actividad como trabajador independiente en comunicación visual, el mismo rubro que desarrollaba en la Argentina.
Julio Vargas, de 52 años, nacido en Santos Lugares y quien durante mucho tiempo vivió en la Villa 31, llegó solo en julio de 2022 con visa de trabajo y contrato en gastronomía. “Venimos desde muy abajo y siempre hemos trabajado mucho, tenía experiencia en el rubro y una exempleadora me trajo”, dice. Meses después se sumaron su esposa y sus hijos (los dos son empleados en empresas locales).
“Portugal me permitió cambiar la calidad de vida: más seguridad, más tranquilidad. Con lo que cobramos podemos vivir. Emigrar no es fácil, pero no bajamos los brazos y trabajamos muchísimo. Me da pena haber podido lograr acá lo que no conseguí en mi país”, resume.
Vargas grafica que, con su recibo de sueldo, accedió a un crédito de 5000 euros en Ikea para equipar su casa y, de la misma manera, pudo comprar una Nissan Qashqai 2020 diésel en cuotas de 282 euros mensuales. “El trámite para sacar el vehículo lo hice con tres recibos de sueldo, IBAN y residencia”. La familia está instalada en Lourinhã, un pueblo a 50 kilómetros de Lisboa, donde comenzaron alquilando una casa de dos dormitorios por 400 euros mensuales y luego pudieron mudarse a una más amplia por 600 por mes. “Respecto de las grandes ciudades, los precios son mucho más bajos”, señala.
Ivana Franco, impulsora del Club de Solteros, lleva cuatro años en el país. “Hay una movida política y social en Europa que cambió la forma de ver a los inmigrantes —plantea—. El resultado es más burocracia en los visados y controles más estrictos. Portugal siempre fue una opción porque España está saturada. Las redes sociales empujaron mucho la idea de un país en donde se podía hacer diferencia, y eso impulsó a muchos a venir”.
También pone el foco en el problema de la vivienda y enfatiza la existencia de “un mercado negro de alquileres”. Precisa que en el país están permitidos los acuerdos de palabra, sin contrato, pero “la ley obliga a los propietarios que rentan una habitación en su casa a entregar recibos a los inquilinos, pero la mayoría no lo hace. Es una vulnerabilidad enorme para el inquilino, al que de un día para el otro le pueden decir ‘si no te gusta, te vas’”.
El Gobierno portugués ha apostado por una reforma migratoria profunda que endurece el acceso de los inmigrantes al país. Pero sus ejes, que son restrictivos, tuvieron un traspié en la Justicia. El Tribunal Constitucional volteó hace unos días cuatro artículos de la ley de nacionalidad aprobada en octubre.
Una de las propuestas que la Justicia consideró inconstitucional por unanimidad es la que busca impedir el acceso a la ciudadanía portuguesa a quien haya sido condenado por un delito a dos o más años de prisión, al considerar que se pone en riesgo el vínculo de integración en la comunidad portuguesa. Otras son el punto que establece que la consolidación de la nacionalidad no debe operar en situaciones de “fraude manifiesto” y el que señala que la concesión de la ciudadanía queda pendiente de la fecha de entrada en vigor de los cambios en la legislación para comprobar que se cumple con los requisitos.
La cuarta propuesta declarada inconstitucional, que fue aprobada por la mayoría de jueces del Constitucional y un voto de disenso, estipula la cancelación del registro de nacionalidad si se registran conductas opuestas a la integración en la comunidad portuguesa y sus instituciones.
Vázquez admite que hay un clima social más tenso. “Lisboa se volvió una locura, hay mucha migración, más controles, razzias en la calle y reclamos de los locales por una mayor criminalidad”. Señala que hay posibilidades laborales, en especial en oficios y en gastronomía: “Hay búsqueda de gente para trabajar. Sí es cierto que los salarios no son altos y que, siendo independiente, siempre hay que escuchar cómo intentan conseguir una rebaja. Hay que aprender a negociar”.
Franco coincide en que los rubros en los que más se insertan los inmigrantes son la gastronomía, el comercio, pintores, plomeros y electricistas. “Además, el trabajo freelance y remoto es bienvenido, incluso con tributación en otros países. En los últimos tiempos hay más supervisión”, detalla.
La visa para nómadas digitales de Portugal, conocida comúnmente como Visa D8, ofrece residencia de un año a teletrabajadores, autónomos y emprendedores. Requiere acreditar ingresos mensuales de 3480 euros; el plazo de tramitación suele ser de entre 30 y 60 días. Cumplidas las condiciones, se puede extender por cinco años más.
El cambio más relevante de los últimos tiempos fue el fin del régimen de Residente No Habitual (RNH), vigente durante más de una década. Este sistema ofrecía exenciones o tasas reducidas en el impuesto a la renta durante diez años para jubilados, profesionales calificados y trabajadores remotos. A partir de 2024, el RNH dejó de aceptar nuevos beneficiarios, en un giro impulsado por la presión política interna ante el encarecimiento de la vivienda y la percepción de inequidad fiscal.
En su reemplazo, se lanzó un régimen más acotado, conocido como Incentivo Fiscal para la Investigación Científica y la Innovación (IFICI), dirigido exclusivamente a profesionales altamente calificados, investigadores y perfiles vinculados a innovación, tecnología, universidades o empresas certificadas. El beneficio fiscal es más restrictivo, tanto en alcance como en cantidad de beneficiarios.
Portugal sigue ofreciendo un entorno relativamente favorable para emprender, con reglas claras y poca tolerancia a la informalidad. “Acá no va la avivada”, sintetiza Silvina López, argentina radicada hace diez años en Lourinhã. Una zona en la que, cuenta, se fue armando una comunidad de extranjeros que buscan “vivir mejor y no necesariamente hacer negocios rápidos. Se fue poblando de gente que quiere una vida más tranquila; no vienen solo a ganar plata”.
López y su familia —su hermano, Eduardo “Chakall”, es chef— tienen varios emprendimientos gastronómicos. Uno es “La Susy, empanadas argentinas” en Oporto, mientras que en el pueblo tienen “Arial Beach by Chakall”, “Magnolia”, “West Find”, “Pops Steak House” y el próximo a abrir, “Bendita”. Explica que son seis conceptos diferentes, con 50 empleados (32 argentinos, entre ellos Vargas) y un modelo pensado para franquiciar. “El 70% de nuestras cartas son argentinas”. Todos nuestros clientes consumen y nos eligen por nuestras diferencias en la cocina”, señala.
El crecimiento fue gradual: “Los años más difíciles fueron al inicio; después tuvimos que pasar el impacto de la pandemia del Covid y luego volvimos a la expansión. Es posible ir creciendo con lo que se gana. Los bancos ayudaron mucho en un momento: durante la pandemia, como teníamos todo en regla, recibimos asistencia”, precisa López.
En términos salariales, apunta que un ingreso promedio en gastronomía oscila entre 1100 y 1500 euros. Sobre el piso, el empleador aporta unos 350 adicionales en concepto de seguridad social y seguros. Para jóvenes, indica, existen incentivos específicos. Por ejemplo, los menores de 35 años pueden financiar hasta el 100% de una vivienda a plazos de hasta 45 años. Aun así, el acceso sigue condicionado por la escasez de oferta.
El sistema tributario portugués es competitivo dentro de la Unión Europea, aunque con particularidades. El impuesto sobre la renta (IRS) tiene tramos que van desde tasas bajas hasta cerca del 48% en los ingresos altos, similar en rangos a España, aunque Portugal introdujo reducciones de tipo efectivo para los segmentos inferiores, lo que ha permitido incrementar el ingreso real disponible de una parte de la población.
Para empresas, el impuesto de sociedades (IRC) cuenta con incentivos que estimulan la innovación y la inversión, con reformas que apuntaron a una simplificación y cierta reducción de cargas para pymes y startups.
Para emprender, los requisitos son similares a los de otros países de la eurozona: constitución de empresa, número fiscal (NIF), registro en la Autoridad Tributaria y cumplimiento de licencias municipales. Sí, los argentinos radicados coinciden en que en los últimos tres años se percibe una mayor suba de precios que, “comparada con la Argentina, es nada, pero acá se hace visible”.