TEHERÁN.– A poco más de un mes de los disturbios de enero, que dejaron decenas de muertos y heridos, Irán vuelve a enfrentar focos de tensión en las calles. El inicio del semestre académico reactivó protestas en universidades y espacios públicos, con concentraciones estudiantiles que marcaron el regreso de las movilizaciones.
Las manifestaciones se registraron en distintos puntos del país y reunieron a grupos con consignas tanto críticas como favorables al sistema político. Ante ese escenario, las autoridades reforzaron de inmediato el despliegue de fuerzas de seguridad en campus y plazas, con controles preventivos y restricciones de acceso, en un intento por evitar que las protestas deriven en una nueva escalada de violencia.
El recuerdo de las últimas semanas de enero sigue pesando sobre la sociedad iraní. Las cifras difundidas por la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (Hrana) indican que más de 2500 personas murieron durante la represión de las protestas, un balance que ilustra la magnitud de la violencia desplegada por las fuerzas de seguridad.
Incluso el régimen de los ayatollahs, en un gesto poco habitual, reconoció la existencia de cerca de 2000 fallecimientos, aunque desvió de inmediato la responsabilidad hacia agentes externos que, según su versión, habrían instigado los disturbios. Las manifestaciones, que comenzaron como reclamos por el alto costo de vida y la escasez, derivaron con rapidez en un movimiento de alcance nacional, con consignas que cuestionan directamente al sistema teocrático instaurado en 1979.
En ese clima de máxima tensión, el aparato judicial envió una señal clara de endurecimiento. Un tribunal revolucionario de Teherán dictó este martes la primera sentencia de muerte vinculada a los disturbios de enero contra Mohaad Aasi, acusado de “enemistad contra Dios”, una figura penal utilizada con frecuencia contra los opositores más duros del régimen. La familia del condenado niega que haya asesinado a un agente de seguridad, mientras que su hija cumple una pena de 25 años de prisión por haber participado en las mismas protestas.
En este contexto, el gobierno iraní lanzó este lunes una advertencia directa a los estudiantes que retomaron las protestas con el inicio del nuevo semestre académico. “Los estudiantes tienen, naturalmente, derecho a manifestarse”, afirmó la vocera del gobierno, Fatemeh Mohajerani, pero aclaró que existen “límites que debemos proteger y no traspasar”, incluso “en el momento álgido de la indignación”. Entre esos límites, mencionó “cosas sagradas” como la bandera de la república islámica.
La advertencia se produjo luego de que circularan en redes sociales videos —verificados por la AFP— que muestran a estudiantes de una universidad de Teherán quemando la bandera nacional, adoptada tras la revolución islámica de 1979 que derrocó a la monarquía. En las imágenes también se escucha a manifestantes corear consignas como “Muerte al dictador”, en referencia directa al guía supremo, Ali Khamenei.
Según algunas fuentes locales, las concentraciones derivaron en enfrentamientos entre opositores y partidarios del régimen, en un país aún conmocionado por la represión de las protestas de las últimas semanas. Las marchas, que comenzaron a finales de diciembre como reclamos por la crisis económica en un país duramente golpeado por las sanciones, evolucionaron hacia un movimiento más amplio contra el poder antes de ser violentamente sofocadas.
Las denuncias de abusos se intensificaron en paralelo. “Las autoridades continúan aterrorizando a la población”, afirmó Bahar Saba, investigadora de la ONG Human Rights Watch, en un informe publicado esta semana. “Los arrestos continúan y los detenidos enfrentan torturas, confesiones forzadas y ejecuciones secretas, sumarias y arbitrarias”, advirtió.
Un residente de Teherán consultado por la AFP desde el extranjero consideró poco probable que las protestas universitarias se extiendan fuera de los grandes campus. “La mayoría de la gente sigue aterrorizada por la brutalidad del régimen”, señaló.
El escenario interno iraní se ve agravado por la creciente tensión con Estados Unidos. La reacción internacional ante las movilizaciones de enero no se hizo esperar: el presidente estadounidense, Donald Trump, instó públicamente a los manifestantes a tomar el control de las instituciones y a registrar los nombres de sus “asesinos” para que rindan cuentas en el futuro. “La ayuda está en camino”, afirmó en un mensaje que muchos analistas interpretaron como una señal explícita de una posible intervención directa.
En las últimas semanas, Trump volvió a amenazar con bombardear Irán, apenas unos meses después de la guerra de junio de 2025 iniciada por Israel, durante la cual Washington atacó instalaciones nucleares iraníes. En ese marco, ordenó un refuerzo del despliegue militar estadounidense en la región, una decisión que elevó aún más la tensión.
Actualmente, el portaviones USS Abraham Lincoln se encuentra desplegado en Medio Oriente, mientras que el USS Gerald R. Ford, el portaviones más grande del mundo, navega por el Mediterráneo y permanece en una base de Creta, en Grecia. La presencia simultánea de dos portaaviones —con decenas de aviones de combate y miles de efectivos— es un hecho poco frecuente y suele interpretarse como una señal de disuasión o la antesala de operaciones militares de mayor envergadura.
Ante este escenario, Teherán endureció su postura. Irán advirtió que responderá “con fuerza” a cualquier ataque estadounidense, incluso si es limitado, y alertó sobre el riesgo de una “escalada” regional. Como demostración concreta de esa advertencia, los Guardianes de la Revolución —el cuerpo militar ideológico del régimen— iniciaron maniobras militares en las costas del Golfo, en un contexto de máxima tensión.
En paralelo, y pese al clima de confrontación, continúan los esfuerzos diplomáticos.
Está previsto un nuevo ciclo de negociaciones en Ginebra con la mediación de Omán. Estados Unidos exige un acuerdo que impida que Irán obtenga armas nucleares, una acusación que Teherán rechaza y frente a la cual insiste en que su programa tiene fines exclusivamente civiles.
En ese contexto, el canciller iraní, Abás Araqchi, aseguró este martes que un acuerdo con Washington está “al alcance de la mano” si ambas partes priorizan la vía diplomática.
“Tenemos una oportunidad histórica de lograr un acuerdo sin precedentes que aborde las preocupaciones de ambas partes y los intereses mutuos”, dijo.
Agencias ANSA, Reuters y AFP