Perez Companc le compró a YPF un activo emblemático de Chubut

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La frustrada venta de Manantiales Behr al grupo Rovella reordenó el tablero en tiempo récord. Con la operación inicial caída por falta de financiamiento, el directorio de YPF resolvió avanzar con la oferta alternativa y adjudicar el histórico yacimiento a Pecom, en una transacción que marca un punto de inflexión para la compañía y para la cuenca del Golfo San Jorge.

La decisión se formalizó luego de que Limay Energía —firma vinculada a Rovella Capital— no lograra cumplir con las condiciones financieras necesarias para cerrar la compra, que había acordado en US$575 millones.

Ese revés obligó a YPF a revisar el proceso y optar por la propuesta que había quedado en segundo lugar. El monto acordado ronda los US$400 millones, según reconstruyen fuentes del mercado, e incluye el 100% de la concesión de explotación del bloque y la infraestructura asociada.

El traspaso se instrumentará de manera directa y a través de una afiliada de la compradora, en un esquema habitual en este tipo de adquisiciones. Restan aún los pasos regulatorios para el cierre definitivo.

La operación se inscribe en una estrategia más amplia de YPF: reconfigurar su portafolio y concentrar recursos en activos no convencionales, particularmente en Vaca Muerta. En los últimos años, la petrolera aceleró un proceso de revisión de áreas maduras con el objetivo de optimizar capital, reducir exposición a campos de declino natural y priorizar proyectos de mayor productividad y retorno.

Manantiales Behr no es un activo menor en ese esquema. Ubicado en Chubut, es uno de los mayores yacimientos convencionales del país y un símbolo histórico de la producción en la cuenca del Golfo San Jorge.

Cerró 2025 con niveles estables, en torno a los 25.000 barriles diarios de petróleo y aproximadamente 0,4 millones de metros cúbicos diarios de gas. Su valor bruto estimado se ubicaba alrededor de los US$650 millones, cifra que refleja tanto su escala como la infraestructura desarrollada a lo largo de décadas.

En YPF sostienen que la decisión responde a criterios de foco estratégico y viabilidad operativa. La prioridad, explican, es acelerar la expansión en shale oil y shale gas, donde la compañía concentra su mayor potencial de crecimiento. En ese contexto, desprenderse de un activo convencional intensivo en mantenimiento y con declinación natural aparece alineado con su plan de negocios.

Para Pecom, en cambio, la adquisición representa un salto de escala. Con presencia consolidada en la cuenca y experiencia en crudo pesado, la empresa se posiciona como uno de los principales jugadores del segmento en la Argentina. La incorporación de Manantiales Behr le permitirá alcanzar un volumen combinado cercano a los 35.000 barriles diarios, al sumar esta producción a la de otras áreas que ya opera en Chubut.

El desafío para la nueva operadora será sostener e incluso mejorar los niveles actuales mediante eficiencia operativa, optimización de pozos e inversiones selectivas.

El nuevo mapa energético

En campos maduros, la rentabilidad depende en buena medida de la gestión de costos y de la capacidad para extender la vida útil de los yacimientos. Pecom apuesta a ese know how para capturar valor en un activo que, aunque lejos de la frontera tecnológica del no convencional, conserva un peso específico relevante en la matriz petrolera nacional.

Para Chubut, la transición abre un nuevo capítulo. La provincia, fuertemente dependiente de la actividad hidrocarburífera, sigue de cerca cualquier movimiento en sus principales bloques productivos. El cambio de operador implica revisar contratos de servicios, renegociar compromisos de inversión y revalidar acuerdos laborales. También reaviva el debate sobre el rol de empresas nacionales en la explotación de áreas maduras, frente a una YPF cada vez más concentrada en Vaca Muerta.

La caída de la operación con Rovella dejó, además, una señal sobre la complejidad financiera del sector. El acceso al crédito, las garantías exigidas y la volatilidad macroeconómica condicionan transacciones de esta magnitud. Al inclinarse finalmente por Pecom, el directorio de YPF “privilegió la certeza de ejecución en un contexto donde cerrar operaciones se volvió tan relevante como negociarlas”, aseguraron fuentes vinculadas a la operación.

Con este movimiento, la petrolera estatal profundiza su perfil como compañía orientada al no convencional, mientras Pecom amplía su huella en el convencional pesado.

Manantiales Behr, con décadas de historia en la producción argentina, queda en el centro de esa transición. Más que una simple compraventa, la operación sintetiza el reordenamiento estratégico que atraviesa a la industria: menos dispersión, más foco y una redefinición silenciosa del mapa energético nacional.

Según informó Pecom Servicios Energía, a través de su afiliada San Benito Upstream, el acuerdo alcanzado ayer contempla la compra del segundo yacimiento convencional más grande de la Argentina, con una producción del orden de los 25.000 barriles diarios, lo que representa más de 4.000 metros cúbicos por día.

La operación incluye además la concesión de transporte sobre tres oleoductos estratégicos: El Trébol–Caleta Córdova, Km. 9–Caleta Córdova y Manantiales Behr–Cañadón Perdido, lo que amplía el control operativo de la compañía sobre la logística de evacuación de crudo en la zona sur de la Cuenca del Golfo San Jorge.

La firma encuadró la adquisición como “un paso estratégico clave”, en el marco de su retorno al rol de operadora y productora de petróleo y gas en noviembre de 2024. Ese relanzamiento, indicó, tuvo como objetivo construir “una plataforma de crecimiento en upstream, con foco en yacimientos maduros y en el despliegue de capacidades de optimización de activos, eficiencia operativa y recuperación terciaria”.

En esa línea, la compañía afirmó que en este período “ha demostrado su capacidad para crear valor a partir de una gestión eficiente de superficie y un profundo conocimiento del subsuelo”, apalancada en su experiencia histórica en la industria y en el desarrollo de técnicas para extender la vida útil de los campos maduros.