WASHINGTON.– La publicación masiva de documentos vinculados a Jeffrey Epstein ha provocado una reacción de profundo escepticismo en la sociedad estadounidense.
Una encuesta reciente de Reuters/Ipsos arroja luz sobre un panorama de desconfianza frente a las instituciones y el sistema de justicia. El sentimiento general es claro: la riqueza y el poder funcionan como un escudo eficaz para evitar las consecuencias legales.
Los datos del estudio son contundentes y muestran una herida abierta en la percepción pública de la equidad. Un 69% de los ciudadanos consultados afirma que estos archivos demuestran que las figuras influyentes en Estados Unidos rara vez enfrentan castigos por sus actos.
Este consenso supera las fronteras ideológicas que suelen dividir al país. Tanto republicanos como demócratas coinciden, en una proporción superior al 80%, en que el caso Epstein es el reflejo de una justicia que otorga pases libres a la élite.
El Departamento de Justicia, bajo mandato del Congreso, ha entregado numerosos registros que conectan al financista con figuras de las finanzas, la política y la academia.
En estos documentos aparecen nombres de alto perfil, desde el fallecido presentador Walter Cronkite hasta funcionarios actuales como Howard Lutnick y el doctor Mehmet Oz.
Aunque los archivos no contienen acusaciones de delitos contra estos últimos, su sola mención alimenta la idea de una red de contactos inaccesible para el ciudadano común.
La encuesta también revela una fractura partidaria significativa sobre el futuro de estas revelaciones. El 67% de los seguidores republicanos considera que es momento de que el país deje atrás el tema Epstein. En contraste, apenas un 21% de los demócratas comparte esa voluntad de cierre.
Esta discrepancia surge en un clima donde la figura del presidente Donald Trump ha estado bajo escrutinio. Se lo critica por la supuesta falta de transparencia de su administración en la divulgación de los archivos del gobierno sobre el caso.
Esta desconfianza tiene un sustento real en los hechos recientes, ya que el escándalo ha provocado efectos tangibles en el mundo corporativo.
Hubo dimisiones de altos ejecutivos en entidades de peso como Goldman Sachs y los hoteles Hyatt. Para la opinión pública, la sensación de que el sistema protege a los suyos solo cede cuando la presión de la evidencia resulta insoportable.
Mientras en Estados Unidos el debate se centra en la impunidad, otros países inician procesos judiciales de gran escala. Francia ha puesto en marcha dos investigaciones por trata de personas y fraude fiscal entre los contactos de Epstein.
La fiscal de París, Laure Beccuau, busca ahora víctimas que se atrevan a declarar para avanzar en una labor que ella misma califica de titánica.
El foco de la justicia francesa está puesto en las propiedades de lujo que el financista poseía en la capital, el único lugar fuera de suelo estadounidense donde era dueño de bienes raíces.
De igual modo, en el Reino Unido, la policía realiza una evaluación sobre el uso de los aeropuertos de Stansted y Luton para el traslado de mujeres en vuelos privados.
El escrutinio alcanza a figuras como Peter Mandelson y el príncipe Andrés, bajo sospecha de mal desempeño en cargos públicos por el presunto envío de documentos gubernamentales confidenciales a Epstein. Ambos han negado cualquier irregularidad, aunque el malestar social persiste.
El estudio de Reuters/Ipsos, que contó con la participación de 1117 adultos a nivel nacional, refleja el estado de ánimo de una nación que observa cómo las fronteras de la legalidad se vuelven difusas para unos pocos.
Con un margen de error de tres puntos, la conclusión principal del sondeo es inapelable: para la mayoría, los archivos de Epstein no son solo el registro de un criminal, sino la prueba de un sistema que permite que los poderosos eviten la rendición de cuentas de manera habitual. La desconfianza ciudadana parece ser hoy el legado más persistente de este caso.
Agencia Reuters