Si estos días se sabe de las protestas masivas, huelgas y arrestos que está habiendo en Irán es por la información que difunden ONGs iraníes con cientos de informantes en el terreno.
El neurocientista Mahmoud Amiry-Moghaddam -académico de la Universidad de Oslo, donde fue premiado por el rey Harald por sus investigaciones científicas- fundó hace veinte años Iran Human Rights, ONG que dirige actualmente, y que informa a diario a los medios de todo el mundo sobre la situación de conmoción que atraviesa la República Islámica luego de más de 13 días de protestas en las calles por la grave situación económica.
Las manifestaciones ya se extendieron a las 31 provincias, 120 ciudades, y “al menos 51 manifestantes, entre ellos nueve niños de menos de 18 años, murieron y cientos resultaron heridos en los primeros 13 días de una nueva ola de protestas nacionales”, dijo Amiry-Moghaddam.
El líder supremo, Ali Khamenei, advirtió este viernes que la república islámica no cederá ante los “saboteadores”, mientras el jefe del poder judicial, Gholamhossein Mohseni-Ejei, advirtió que “algunos revoltosos corren el riesgo de la horca”.
Pese a esas amenazas, en diálogo por videollamada con LA NACION desde la capital noruega, Amiry-Moghaddam recordó las diferentes revueltas que enfrentó el régimen islámico en sus 47 años de existencia y aseguró que “el gobierno nunca fue tan débil como ahora”. Agregó que “si no se produce una represión brutal, el régimen no va a poder sobrevivir a las marchas y la actual paralización del país”.
Amiry-Moghaddam, nacido en 1972 en Kerman, al sureste del país, salió de Irán con sus padres en 1983, cuatro años después del triunfo de la Revolución Islámica, y vive en Noruega desde los 13 años. Sueña con volver a su tierra natal con su esposa iraní y sus dos hijos nacidos en el exilio, a quienes les habla en farsi. A diario tiene contacto con sus colaboradores en Irán y otros países y asegura que “esta vez la revuelta es diferente”.
-¿Qué diferencia estas protestas de las anteriores?
-Cronológicamente, el primer punto de inflexión desde 1979 fue el llamado Movimiento Verde en 2009 contra el fraude electoral que le dio la reelección a Mahmoud Ahmadinejad (2005-2013). La revuelta fue aplastada pero marcó una profunda división entre el Estado y gran parte de la sociedad. Luego hubo varias protestas por las alzas de precios. Y el siguiente gran hito fue la reacción por la muerte de Mahsa Amini, la joven torturada y asesinada en 2022 por violaciones al código de vestimenta. Paralelamente, el régimen fue aumentando el número de ejecuciones por pena de muerte para generar miedo. Aún no hemos terminado el conteo, pero el año pasado fueron ejecutadas unas 1500 personas, un récord desde 1989. Por eso es totalmente diferente el contexto de esta revuelta.
-¿En qué sentido?
-Hasta ahora los reclamos iniciales surgieron fundamentalmente entre los jóvenes y en las universidades. Pero esta vez, luego de la represión feroz con ejecuciones masivas el año pasado, la revuelta se originó en el Gran Bazar de Teherán y en los bazares de otras ciudades. Los comerciantes de los bazares siempre fueron un sector muy conservador que jugó un rol fundamental en apoyo de la Revolución de 1979. En Irán el bazar no es solo un gran mercado sino un punto de vida social, intercambio de información e influencia política. Y esta vez no solo hay protestas en las calles, sino cierre de negocios. Me llega el reporte que todos los negocios del Bazar de Kerman, mi ciudad natal, están totalmente cerrados. Eso es insólito. Hay un hartazgo generalizado por el régimen. Y el gobierno ya no tiene nada que ofrecer más que ineficiencia y corrupción. Por eso el reclamo es por un cambio de régimen.
-¿Y existe alguna grieta o fractura en el poder como para avizorar alguien que pueda liderar el cambio? El presidente Masud Pezeshkian, por ejemplo, dijo que no hay que reprimir la protesta y anunció una nueva ayuda económica para la población.
-Cuando hablamos del establishment político en Irán, nos referimos al círculo que rodea al guía supremo y a la Guardia Revolucionaria. Y en ese establishment, cualquier señal de disidencia fue desapareciendo en los últimos años. Ya no están los clérigos que proponían un cambio dentro del sistema islámico. Y los ayatollahs que piensan diferente saben que son vistos por la gente como parte del sistema y que no los consideran una alternativa.
-¿Cree entonces que la República Islámica, como tal, está realmente en riesgo esta vez?
-Sí. Creo que sí. Sin embargo, uno nunca sabe cómo puede funcionar la represión. El régimen podría llegar a sofocar la revuelta por algún tiempo. Recién estamos en los primeros trece días. Pero si esta protesta continúa algunas semanas se verá qué facciones asumen el liderazgo, y en los próximos meses sabremos si alguien toma el control, si hay fuerzas dentro del país o si hay oposición en el exterior que pueda canalizar la inquietud popular.
-El hijo del último sha, Mohammad Reza Pahlavi, de 65 años, que vive en Estados Unidos, dijo que él y su equipo están listos para asumir el gobierno, y que tiene respaldo entre la población iraní. Además, pidió al presidente Donald Trump que “intervenga urgentemente”. ¿Cree que hay alguna posibilidad de retorno a la monarquía?
-Las opiniones están divididas dentro de Irán. Hay gente que canta consignas a favor de la monarquía, hay otros que se oponen y gente que no tiene una posición tomada. Hay muchos que sienten nostalgia de la buena situación económica y libertades sociales en los tiempos del sha. Pero no se puede negar que fue un dictador y que había presos políticos en aquella época. Lo que es seguro hoy es que la consigna unificadora de las protestas es: “¡Abajo el régimen!”. Por ejemplo, en la provincia de Sistán y Baluchistán, la traducción de una de las consignas es “¡No a los ayatollahs! ¡No a la monarquía! ¡Queremos libertad e igualdad!»
-¿Imagina que en Irán puede haber una transición pacífica como fue la caída del Muro de Berlín en 1989?
-Bueno… Solo el último día de la caída del muro fue pacífico. Antes corrió mucha sangre. Pero yo creo que si el gobierno iraní no pone en marcha un aplastamiento, se puede desencadenar un levantamiento incontenible como fue la Revolución Islámica de 1979, que triunfó luego de más de un año de enfrentamientos.
-¿Qué otros escenarios podría haber para la transición?
-Una opción que no es improbable es un golpe interno de la Guardia Revolucionaria, por parte de algún jefe militar que tome el control y transforme la república islámica en algo más secular, suavizando algunas normas, pero aferrándose al poder y al dinero que juntaron ellos y sus familias en estos años.
-¿Cómo verían los iraníes una intervención más directa del gobierno de Estados Unidos, tal como pide el príncipe heredero? Trump ya advirtió a Teherán que no reprima las protestas. ¿Eso puede alentar a la gente o, por el contrario, generar rechazo por la injerencia en asuntos internos?
-La gran mayoría de los iraníes está contenta de que haya un presidente estadounidense que envíe un mensaje claro a la República Islámica porque eso pone frenos a una eventual represión, sobre todo recordando la impactante derrota militar que sufrieron con la intervención israelí-norteamericana de 12 días en junio pasado. Pero siempre prefieren que desde el exterior llegue un apoyo político más que una intervención militar directa.
-En conclusión, ¿podría ser el momento final de 47 años de Revolución Islámica?
-Creo que puede serlo. Desde 1979, el gobierno nunca estuvo en una posición tan débil como ahora. Y yo creo que los propios agentes que tendrían que reprimir van a comenzar a dudar. Por ahora las protestas no son tan multitudinarias, pero si realmente siguen creciendo en número, entonces podría ser el final del régimen de los ayatollahs.