En diciembre pasado, en los días previos a la Navidad, dos gigantes mineros internacionales realizaron presentaciones ante sus accionistas para detallar sus planes de negocios y coincidieron en un punto clave: la Argentina ocupará un rol central en sus estrategias de inversión. Casi un mes después, Rio Tinto y Glencore anunciaron que retomaron conversaciones para una posible fusión.
Rio Tinto es la segunda minera más grande del mundo y la principal productora de litio en la Argentina. La compañía opera dos de los seis proyectos actualmente en producción en el país: Fénix, en Catamarca, y el Salar de Olaroz, en Jujuy.
En 2025, además, el Gobierno aprobó la adhesión al Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI) del proyecto Rincón Litio, en Salta, donde la empresa se comprometió a invertir US$2700 millones. También evalúa ampliar sus inversiones en el proyecto Sal de Vida, en Catamarca.
Su CEO global, Simon Trott —quien asumió al frente de la compañía en agosto pasado—, visitó la Argentina en diciembre y realizó un gesto poco habitual: invitó a unos 30 inversores y analistas a recorrer algunos de los proyectos de litio que Rio Tinto desarrolla en el país y a reunirse con los principales actores del sector, incluidos los gobernadores de las provincias donde opera.
“La Argentina es la piedra angular de nuestra estrategia de litio”, señalaba una de las diapositivas de la presentación ante inversores.
En paralelo, durante esa misma semana, Glencore organizó en Londres una conferencia para el mercado de capitales en la que dedicó un capítulo especial a sus inversiones mineras en Catamarca y San Juan. “La Argentina tiene el potencial de ubicarse entre los mayores productores de cobre del mundo”, indicaba una de las diapositivas que introducía un análisis detallado sobre las ventajas de producir en el país.
La compañía con sede en Suiza anunció el mes pasado que reactivará el que fue el mayor proyecto de cobre de la Argentina: Bajo de la Alumbrera, en Catamarca, cuya producción está prevista para el primer semestre de 2028. Se trata de la última mina que produjo cobre en grandes volúmenes en el país, y que cerró en 2018 tras 21 años de operación. Su pico productivo se alcanzó en 2002, con 203.700 toneladas anuales.
Además de la reactivación de Bajo de la Alumbrera, Glencore tiene otros dos proyectos en carpeta en la Argentina, ambos presentados para adherirse al RIGI. Se trata de MARA —ubicado junto a Alumbrera—, que demandará una inversión de US$4500 millones, y El Pachón, en San Juan, con una inversión estimada en US$9000 millones.
MARA, sigla de Minera Alumbrera Agua Rica, integra ambos yacimientos. El plan de Glencore es extender la vida útil de Alumbrera entre 2028 y 2031 y, a partir de entonces, comenzar la producción del yacimiento Agua Rica.
A primera hora de la mañana, ambas compañías confirmaron que mantienen conversaciones preliminares para una posible combinación de algunos o todos sus negocios, lo que podría derivar en una fusión accionaria entre Rio Tinto y Glencore.
“Las partes esperan que cualquier fusión se lleve a cabo mediante la adquisición de Glencore por parte de Rio Tinto, a través de un acuerdo de compraventa de acciones bajo un esquema de asociación judicial”, señalaron.
Las conversaciones se producen casi un año después de que fracasaran negociaciones previas entre ambas mineras. “De concretarse un acuerdo, se crearía una empresa minera global con un valor empresarial superior a los US$260.000 millones”, publicó el medio británico The Guardian. Solo Rio Tinto tiene actualmente una capitalización bursátil de US$162.000 millones.
Otra minera interesada
El presidente Javier Milei recibió ayer en la Casa Rosada a directivos del proyecto de cobre Vicuña, cuyos principales accionistas son la australiana BHP y la canadiense Lundin Mining, que contó con la visita de su CEO global, Jack Lundin.
Rosada
Vicuña es un activo de desarrollo de cobre, oro y plata que integra los yacimientos Josemaría y Filo del Sol, ubicados en territorio sanjuanino, sobre la cordillera de los Andes y en la frontera con Chile. “Si bien Vicuña es un proyecto binacional, todas las inversiones bajo el RIGI se realizan dentro de la Argentina”, señaló la compañía en un comunicado. El desarrollo podría demandar inversiones de al menos US$15.000 millones.
“Durante el encuentro se destacó la importancia de continuar avanzando con la agenda de reformas para acelerar inversiones de gran escala, con previsibilidad y reglas claras. También se abordó el rol de instrumentos como el RIGI para generar condiciones de estabilidad en proyectos de largo plazo. Esto se alinea con una visión de desarrollo responsable y de creación de valor para el país y las regiones donde opera la compañía”, indicó la empresa.
De la reunión con el presidente Milei y el canciller Pablo Quirno participaron Lundin; Carlos Ramírez, vicepresidente de BHP en la joint venture Vicuña y presidente del Directorio; Ron Hochstein, CEO de Vicuña Corp., y José Morea, director país para la Argentina y Chile de Vicuña Corp.