WASHINGTON.— Estados Unidos logró finalmente abordar e incautar un petrolero con bandera rusa y vínculos con Venezuela tras una persecución de más de dos semanas a través del océano Atlántico, en una operación que elevó la tensión con Moscú pero que, según funcionarios estadounidenses, evitó un enfrentamiento directo entre fuerzas militares de ambos países.
El buque, conocido hasta hace poco como Bella 1 y rebautizado Marinera, había logrado eludir un “bloqueo” marítimo parcial impuesto a petroleros sancionados vinculados a Venezuela y se había negado reiteradamente a permitir el abordaje por parte de la Guardia Costera de Estados Unidos.
De acuerdo con un funcionario estadounidense con conocimiento directo del operativo, la Guardia Costera logró subir a bordo del petrolero en las últimas horas sin encontrar resistencia ni hostilidad por parte de la tripulación, poniendo fin a una persecución que se extendió por unos 14 días. Dos funcionarios estadounidenses precisaron además que no había buques rusos en las inmediaciones cuando se produjo el abordaje, lo que evitó un posible choque entre fuerzas de ambos países.
Poco antes de la maniobra, varias aeronaves militares estadounidenses despegaron de bases en Gran Bretaña y se dirigieron hacia el noroeste, en dirección al petrolero, según datos de sitios de seguimiento aéreo. Registros de navegación también mostraron que el Marinera realizó un giro brusco en el Atlántico Norte horas antes de ser interceptado.
El Comando Europeo de Estados Unidos confirmó la incautación en un comunicado publicado en la red social X, en el que señaló que el Departamento de Justicia, el Departamento de Seguridad Nacional y el Departamento de Defensa “incautaron” el petrolero en el Atlántico Norte por violaciones a las sanciones estadounidenses.
En paralelo, la Guardia Costera estadounidense interceptó otro petrolero en el Caribe, identificado como M Sophia, según confirmó un funcionario estadounidense. El buque enarbolaba falsamente bandera de Camerún, de acuerdo con esa fuente, y fue detenido en el marco de la misma ofensiva contra embarcaciones sancionadas.
El secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, reforzó el mensaje de Washington al subrayar que la ofensiva marítima no tiene límites geográficos. “El bloqueo del petróleo venezolano sancionado e ilícito sigue en plena vigencia —en cualquier parte del mundo”, escribió en la red social X, en una advertencia directa a navieras, intermediarios y países que faciliten el transporte de crudo de origen venezolano.
La secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, sumó un tono épico y de advertencia global al destacar que las operaciones se realizaron en dos abordajes consecutivos antes del amanecer, uno en el Atlántico Norte y otro en aguas internacionales del Caribe, contra petroleros de la llamada “flota fantasma” que habían operado recientemente en Venezuela o se dirigían hacia el país.
Noem elogió la coordinación “meticulosa” entre la Guardia Costera y los departamentos de Defensa, Justicia y Estado, y subrayó que uno de los buques, el Bella I, intentó durante semanas evadir a las autoridades cambiando de bandera y pintando un nuevo nombre en el casco, sin éxito. “El mundo criminal debe tomar nota: pueden huir, pero no pueden esconderse”, advirtió, al asegurar que Estados Unidos no cederá en su misión de cortar las fuentes de financiamiento del narcoterrorismo donde sea que operen.
Cerró su mensaje con una consigna alineada con la Casa Blanca: “Esto es America First en el mar”.
Gran Bretaña afirmó más tarde que ayudó a Estados Unidos a abordar el petrolero, al aportar vigilancia aérea, un buque de apoyo naval y bases para activos militares estadounidenses. En un comunicado, el Ministerio de Defensa británico señaló que actuó porque el buque estaba sancionado por Washington en el marco de sus medidas contra Irán.
La operación había despertado preocupación por una posible escalada con Rusia luego de que trascendiera que Moscú había despachado al menos un buque naval para escoltar al petrolero. Sin embargo, funcionarios estadounidenses indicaron que esas naves no se encontraban cerca del Bella 1 en el momento del abordaje.
Tras la incautación, el Ministerio de Transportes de Rusia denunció lo que calificó como una “intercepción ilegal” del petrolero Marinera, al sostener que navegaba bajo bandera rusa en aguas internacionales. En un comunicado difundido en Telegram, el organismo afirmó que la acción estadounidense viola la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982, que regula la navegación en alta mar.
Según la versión rusa, alrededor de las 15 (hora de Moscú), el buque fue interceptado por la Guardia Costera de Estados Unidos fuera de las aguas territoriales de cualquier país y se perdió contacto con la nave.
Por su parte, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia, en un comunicado difundido por la agencia estatal Tass, instó a Estados Unidos a “garantizar un trato humano y digno” a los ciudadanos rusos a bordo del petrolero incautado, y a respetar sus derechos e intereses. La cancillería rusa sostuvo además que Washington no debería obstaculizar el pronto regreso de los tripulantes rusos a su país.
El Marinera había sido interceptado inicialmente el 21 de diciembre en el mar Caribe. El petrolero, que había iniciado su travesía en Irán, se dirigía a recoger crudo en Venezuela. En ese momento, Washington afirmó que contaba con una orden de incautación debido a que el buque no enarbolaba una bandera nacional válida. Tras negarse al abordaje, el barco se internó en el Atlántico, mientras Estados Unidos mantenía la persecución.
En el transcurso de esos días, se sucedieron una serie de maniobras para disuadir a Washington: la tripulación pintó una bandera rusa en el casco, el buque fue rebautizado como Marinera y añadido a un registro oficial ruso de embarcaciones, y Moscú presentó una solicitud diplomática formal para que Estados Unidos abandonara la persecución.
El petrolero forma parte de la llamada “flota en la sombra”, utilizada para transportar crudo de Rusia, Irán y Venezuela en violación de sanciones impuestas por Estados Unidos y otros países. La presión sobre este tipo de buques se intensificó desde que el presidente Donald Trump lanzó una campaña de máxima presión contra Venezuela y ordenó un “bloqueo total” de los petroleros sancionados que entran y salen del país sudamericano.
Estos movimientos se producen en un contexto regional altamente sensible, apenas días después de que fuerzas especiales estadounidenses irrumpieran en Caracas antes del amanecer del sábado en una operación para capturar al presidente Nicolás Maduro y trasladarlo a Estados Unidos, donde fue entregado a las autoridades federales para su procesamiento por cargos vinculados con presunto narcotráfico.
Altos funcionarios venezolanos calificaron la captura de Maduro como un secuestro y acusaron a Estados Unidos de intentar apropiarse de las vastas reservas petroleras del país, estimadas como las mayores del mundo. Washington y Caracas, sin embargo, alcanzaron recientemente un acuerdo que podría permitir el envío de hasta 2000 millones de dólares en crudo venezolano a puertos estadounidenses.
Los petroleros se han convertido así en un nuevo foco de fricción entre Estados Unidos y Rusia, en un escenario marcado por sanciones, reabanderamientos y operaciones navales cada vez más visibles. En la misma semana en que el Bella 1 adoptó bandera rusa, otros buques que operaban en aguas venezolanas realizaron cambios similares, en un intento por eludir las restricciones internacionales impuestas por Washington.
Agencia Reuters y The New York Times