Préstamos y manos a la obra: impulsan un programa para la mejora de viviendas

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Mejorar el lugar donde se vive es una tarea que en muchos casos tiene efectos que van más allá de lograr, por ejemplo, que haya un espacio en la casa para que los chicos se sienten tranquilos a estudiar, o puedan dormir en una habitación propia. Hay también, o puede haber, un impacto en la salud de las personas y en la autoestima de quien siente satisfacción por ver concretado un proyecto.

Desde hace más de tres décadas, la Fundación Vivienda Digna desarrolla programas para el acceso a la vivienda o para el mejoramiento de casas, dirigidos a sectores de la población con dificultades para obtener financiamiento de otro tipo.

La metodología del microcrédito con garantía solidaria –basada en la confianza interpersonal- es la utilizada para el otorgamiento de asistencia económica, a la que se suman las tareas de asesoramiento en temas sociales y en técnicas de construcción, y la gestión de corralones sociales para facilitar el acceso a insumos y materiales.

En línea con esa acción de microfinanzas, surgió una línea de préstamos de hasta $1,3 millones para empleados de empresas. Las firmas que aceptan participar de la iniciativa trabajan en alianza con Vivienda Digna y le donan el dinero necesario, que pasa a integrar un fondo rotatorio para microcréditos que toman los trabajadores. Cada persona puede acceder a hasta tres préstamos.

“La línea nació por iniciativa de Farmacity”, cuenta a LA NACION Fernando Collado, director de Microcréditos de la Fundación Vivienda Digna, que está activa desde 1979. Se sumaron, hasta ahora, la marmolería De Stéfano; Isolant, fabricante de productos de aislación, y Ser Tec, dedicada a servicios de limpieza. Y está abierta la puerta para que más empresas se sumen, según aclara Collado.

Quienes reciben los microcréditos se ocupan de hacer las tareas de mejoramiento de su vivienda

En esta línea de microcréditos, el empleado que recibe, por ejemplo, un crédito de $500.000, hace la devolución en 12 cuotas fijas mensuales, completando un monto de $625.000. “Cuando se devuelve, y al igual que en la línea de microcréditos con grupos solidarios [que se dan por fuera del programa en alianza con empresas], ese dinero vuelve a ser prestado”, aclara el referente de la fundación. Al tratarse de operaciones que involucran a las empresas que adhieren al programa, los recursos rotan dentro de la misma organización.

La participación de la fundación consiste en gestionar el préstamo desde el inicio, colaborando en la identificación de las situaciones más críticas para definir los proyectos prioritarios. Además, se ocupa de hacer entrevistas para conocer la situación de las personas y las viviendas y ofrecer, a partir de esa información, asesoramiento técnico con una arquitecta. La devolución no se hace a través de descuentos del salario, sino con transferencias, con el uso de billeteras virtuales, o presencialmente en sucursales de Pago Fácil.

Pasados tres meses desde los desembolsos, la fundación hace un informe sobre los proyectos. Y, a partir del recupero de fondos renueva créditos u otorga nuevos. Por los gastos operativos de sus tareas, Vivienda Digna recibe un determinado monto por parte de la empresa, que se define como un porcentaje del importe de los créditos.

Las condiciones son algo diferentes en el caso de los microcréditos que se dan por fuera de las alianzas con empleadores. En estos casos, la fundación hace su tarea en determinadas zonas –como Boulogne, José León Suárez y Pilar, por citar algunas- y los préstamos son, en promedio, de $435.000.

Los microcréditos son recibidos por empleados de las compañías que hacen una alianza con Vivienda Digna, o por quienes forman grupos solidarios

De acuerdo con las condiciones vigentes, por cada $500.000 se devuelven $610.000 en 6 cuotas fijas. “Esto permite cubrir los gastos de acompañamiento, operativos y de procesamiento del préstamo, y, con su devolución, volver a prestarles a otras familias que desean realizar mejoras en sus casas”, explica Collado.

En lugar de garantías materiales, en estas operaciones se utiliza el método impulsado por el economista de Bangladesh Muhammad Yunus, que consiste en crear grupos de personas que, al conocerse entre sí, toman pequeños créditos a la vez y se comprometen a pagar las cuotas unos de otros si hay dificultades.

En ambas modalidades –la dirigida a empleados de empresas y la destinada a personas que integran grupos de garantía solidaria- son por lo general los mismos tomadores del microcrédito y sus allegados quienes se ocupan de hacer los trabajos en la vivienda.

“Tenemos 15 arquitectos voluntarios, con vocación social, que bajan a tierra las ideas de lo que se quiere hacer”, explica Collado, que agrega que muchas veces las más interesadas en las mejoras son las mujeres, algo que está vinculado con el cuidado de la salud. Las obras tienen que ver en muchos casos con resolver problemas de humedad o de otras problemáticas que afectan el bienestar.

Fernando Collado, director de Microcréditos de la Fundación Vivienda Digna

“El efecto excede lo material; muchas personas ven que pueden llevar adelante un proyecto. Son las propias familias las que hacen el trabajo y hay un efecto contagio en los vecinos, en la comunidad”, cuenta el representante de la fundación.

“La morosidad hoy es de 10% y la incobrabilidad, de 3%; eso se puede controlar, pero actualmente estamos prestando mucha atención a este tema”, afirma Collado, en referencia al contexto económico y a los problemas en los niveles de ingresos de las familias. Y agrega: “Es importante siempre sostener el diálogo y evitar una frustración”, como la generada cuando se emprende algo que luego no puede desarrollarse de manera completa.

A la confianza interpersonal, en los cimientos de la tarea se agrega otro componente: el compromiso de la devolución sabiendo que eso les permite a otros acceder a los créditos. Esa modalidad, afirman en Vivienda Digna, genera un tipo de participación del destinatario del préstamo que lo saca de lugar de ser “el que recibe”, para ubicarlo como un eslabón activo de la cadena.

La Fundación Vivienda Digna tiene tres ejes de trabajo: autoconstrucción de viviendas, mejoramiento de las casas ya existentes y corralones sociales.

En el primer caso, las tareas son también, como en los microcréditos, con involucramiento directo en los trabajos por parte de las familias. Recientemente, comenzó la autoconstrucción de viviendas en 52 lotes con servicios en la zona de Derqui, provincia de Buenos Aires, una iniciativa que se va concretando por etapas y que en total tendrá 149 casas (97 ya están hechas y ya hay familias viviendo allí). En este programa, que se desarrolla sobre terrenos donados a Vivienda Digna, se otorgan créditos a más largo plazo a las familias, con cuotas cuyo monto se ajustan por inflación. En un primer momento se firma un boleto y, cuando concluye el pago, se realiza la escritura.

Los corralones, por su parte, se abastecen de productos para el hogar y materiales de construcción donados por personas y empresas, que se venden a precios bajos a quienes los necesitan. Es un programa que se autosustenta y permite generar fondos para otras iniciativas. Para ser parte del programa y comprar, las personas se registran y, al hacerlo, acceden a capacitaciones en autoconstrucción y asesoramiento técnico y social.

En la fundación trabajan 80 personas de manera rentada, en tanto que otras colaboran de manera voluntaria, donando parte de su tiempo.