{"id":97399,"date":"2024-11-25T07:42:14","date_gmt":"2024-11-25T10:42:14","guid":{"rendered":"https:\/\/radioacuariofm.com.ar\/?p=97399"},"modified":"2024-11-25T07:42:24","modified_gmt":"2024-11-25T10:42:24","slug":"las-ciudades-subterraneas-en-las-que-transcurre-el-despiadado-negocio-de-la-mineria-ilegal-en-sudafrica-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/radioacuariofm.com.ar\/?p=97399","title":{"rendered":"Las ciudades subterr\u00e1neas en las que transcurre el despiadado negocio de la miner\u00eda ilegal en Sud\u00e1frica"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/radioacuariofm.com.ar\/wp-content\/uploads\/2024\/11\/el-ministro-senzo-mchunu-visita-un-sitio-de-JZA6UU56XNEDFD24ATXOMNUEZY-2.jpg\"\/><\/p>\n<p><\/p>\n<p><strong>Junto con otros 600 hombres, Ndumiso vive y trabaja en una peque\u00f1a \u201cciudad\u201d controlada por una banda -con mercados y hasta una zona roja- que ha crecido en las profundidades de una mina de oro en desuso de Sud\u00e1frica.<\/strong><\/p>\n<p>Ndumiso le cont\u00f3 a la BBC que, tras ser despedido por una gran empresa minera, decidi\u00f3 unirse a la banda en su mundo subterr\u00e1neo para convertirse en lo que se conoce como un <strong>\u201czama zama\u201d<\/strong>, un minero ilegal.<\/p>\n<p>\u00c9l excava en busca del preciado metal y sale a la superficie aproximadamente cada <strong>tres meses <\/strong>para venderlo en el mercado negro con enormes beneficios. Ahora gana m\u00e1s que antes, aunque los riesgos son mucho mayores. \u201cLa vida clandestina es despiadada. Muchos no salen vivos\u201d, explica este hombre de 52 a\u00f1os, que habl\u00f3 con la BBC a condici\u00f3n de que no se utilizara su nombre real por temor a represalias.<\/p>\n<figure><figcaption>El presidente sudafricano Cyril Ramaphosa dijo que la mina es una escena del crimenJerome Delay \u2013 AP<\/figcaption><\/figure>\n<p>\u201cEn un nivel del pozo <strong>hay cad\u00e1veres y esqueletos<\/strong>. Lo llamamos el cementerio zama-zama\u201d, explica. Pero para los que sobreviven, como Ndumiso, el trabajo puede ser lucrativo. Mientras \u00e9l duerme sobre sacos de arena tras agotadoras jornadas bajo tierra, su familia vive en una casa que compr\u00f3 en un municipio de la ciudad de Johannesburgo.<\/p>\n<p>Pag\u00f3 en efectivo unos US$7000 por la casa de un dormitorio, que ampli\u00f3 para incluir otros tres dormitorios, explica. Minero ilegal desde hace unos ocho a\u00f1os, Ndumiso logr\u00f3 enviar a sus tres hijos a colegios de pago, uno de los cuales va ahora a la universidad. <\/p>\n<p>\u201cTengo que mantener a mi mujer y a mis hijos, y \u00e9sta es la \u00fanica forma que conozco\u201d, afirma, y a\u00f1ade que prefiere trabajar en la clandestinidad antes que aumentar el alto \u00edndice de delincuencia convirti\u00e9ndose en ladr\u00f3n de coches o atracador, despu\u00e9s de pasar muchos a\u00f1os intentando encontrar un trabajo leg\u00edtimo.<\/p>\n<p>Su trabajo actual es en una mina de la peque\u00f1a localidad de Stilfontein, a unos 145 km al suroeste de Johannesburgo, que est\u00e1 en el centro de la atenci\u00f3n mundial despu\u00e9s de que un ministro del gobierno, Khumbudzo Ntshavheni, prometiera \u201cechar humo\u201d a los cientos de mineros que se encontraban bajo tierra para obligarlos a salir, e impidiera con ayuda de las fuerzas de seguridad el suministro de alimentos y agua.<\/p>\n<p>\u201cNo hay que ayudar a los criminales. <strong>A los criminales hay que perseguirlos<\/strong>\u201d, afirm\u00f3 Ntshavheni.<\/p>\n<p>Un grupo activista, la Sociedad para la Protecci\u00f3n de Nuestra Constituci\u00f3n, inici\u00f3 un proceso judicial para exigir el acceso al pozo, que seg\u00fan la polic\u00eda tiene unos 2 km de profundidad. El tribunal dict\u00f3 una sentencia provisional, en la que se establece que se pueden entregar alimentos y otros art\u00edculos de primera necesidad a los mineros.<\/p>\n<p>Ndumiso trabaja en otro pozo de la mina y sali\u00f3 a la superficie el mes pasado, antes del actual enfrentamiento. Ahora est\u00e1 esperando a ver c\u00f3mo evoluciona la situaci\u00f3n antes de decidir si regresa.<\/p>\n<p>El enfrentamiento se produce tras la decisi\u00f3n del gobierno de tomar medidas en\u00e9rgicas contra una industria que se descontrol\u00f3, con <strong>bandas mafiosas<\/strong> que la dirigen.<\/p>\n<figure><figcaption>Un sudafricano de la regi\u00f3n de Venda sostiene un lingote de oro que se vender\u00e1 a compradores intermediarios. (Photo by Graeme Williams for The Washington Post via Getty Images)The Washington Post \u2013 The Washington Post<\/figcaption><\/figure>\n<p>\u201cEl pa\u00eds lleva muchos a\u00f1os lidiando con la lacra de la miner\u00eda ilegal, y las comunidades mineras se llevaban la peor parte de actividades delictivas perif\u00e9ricas como violaciones, robos y da\u00f1os a infraestructuras p\u00fablicas, entre otras cosas\u201d, declar\u00f3 Mikateko Mahlaule, presidente de la comisi\u00f3n parlamentaria de recursos minerales.<\/p>\n<p>El presidente de Sud\u00e1frica, Cyril Ramaphosa, dijo que la mina era una \u201cescena del crimen\u201d, pero que la polic\u00eda estaba negociando con los mineros para poner fin al enfrentamiento, en lugar de bajar a detenerlos.<\/p>\n<p>Ndumiso es uno de los cientos de miles de trabajadores -tanto locales como de pa\u00edses vecinos como Lesoto- que han sido despedidos a medida que la industria minera sudafricana ha ido decayendo en las \u00faltimas tres d\u00e9cadas. Muchos de ellos se han convertido en \u201czama zamas\u201d en las minas abandonadas.<\/p>\n<p>El investigador David van Wyk, de la Fundaci\u00f3n Benchmark, con sede en Sud\u00e1frica, ha estudiado el sector y afirma que hay unas<strong> 6000 minas abandonadas<\/strong> en el pa\u00eds. \u201cAunque no son rentables para la miner\u00eda industrial a gran escala, s\u00ed lo son para la miner\u00eda a peque\u00f1a escala\u201d, declar\u00f3 al podcast de la <em>BBC Focus on Africa.<\/em><\/p>\n<p>Ndumiso explic\u00f3 que trabajaba como perforador para una empresa minera de oro, donde ganaba menos de US$220 al mes, hasta que lo despidieron en 1996. Tras luchar durante los 20 a\u00f1os siguientes por encontrar un trabajo a tiempo completo debido a la aplastante tasa de desempleo de Sud\u00e1frica, decidi\u00f3 convertirse en minero ilegal.<\/p>\n<p>Hay <strong>decenas de miles de mineros ilegales<\/strong> en Sud\u00e1frica. Seg\u00fan Van Wyk, s\u00f3lo en la provincia de Gauteng, el coraz\u00f3n econ\u00f3mico del pa\u00eds, donde se descubri\u00f3 oro por primera vez en el siglo XIX, hay unos 36.000.<\/p>\n<p>\u201cLos zama zamas pasan a menudo meses bajo tierra sin salir a la superficie y dependen en gran medida de la ayuda exterior para alimentarse y cubrir otras necesidades. Es un trabajo arduo y peligroso\u201d, afirma un informe de la Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Transnacional.<\/p>\n<p>\u201cAlgunos llevan pistolas, escopetas y armas semiautom\u00e1ticas para protegerse de las bandas rivales de mineros\u201d, agrega el informe. Ndumiso declar\u00f3 a la BBC que s\u00ed pose\u00eda una pistola, pero que tambi\u00e9n pagaba a su banda una \u201ccuota de protecci\u00f3n\u201d mensual de unos US$8.<\/p>\n<p>Sus guardias, fuertemente armados, se defienden de las amenazas, sobre todo de las bandas de Lesoto, que tienen fama de disponer de una potencia de fuego m\u00e1s letal, afirm\u00f3.<\/p>\n<p>Bajo la protecci\u00f3n las 24 horas del d\u00eda de la banda, Ndumiso dijo que utilizaba dinamita para volar rocas y herramientas rudimentarias como un pico, una pala y un cincel para encontrar oro.<\/p>\n<p>La mayor parte de lo que encuentra se lo da al jefe de la banda, que le paga un m\u00ednimo de <strong>US$1100 cada dos semanas<\/strong>. Dice que puede<strong> quedarse con parte del oro<\/strong>, que vende en el mercado negro para completar sus ingresos.<\/p>\n<p>\u00c9l es uno de los mineros afortunados que han llegado a un acuerdo de este tipo, y explica que a otros los secuestran y los llevan al pozo para que trabajen como esclavos, sin recibir ning\u00fan pago ni oro.<\/p>\n<p>Ndumiso dijo que normalmente <strong>permanec\u00eda bajo tierra unos tres meses seguidos<\/strong>, y luego sub\u00eda de dos a cuatro semanas para pasar tiempo con su familia y vender su oro, antes de volver a los profundos pozos. \u201cEstoy deseando dormir en mi cama y comer comida casera. Respirar aire fresco es una sensaci\u00f3n incre\u00edblemente poderosa\u201d.<\/p>\n<p>Ndumiso no sale m\u00e1s a menudo por si pierde su lugar de excavaci\u00f3n, pero al cabo de tres meses se le hace demasiado pesado permanecer bajo tierra. Recuerda que una vez, cuando lleg\u00f3 a la superficie, \u201cestaba tan cegado por la luz del sol que <strong>pens\u00f3 que se hab\u00eda quedado ciego<\/strong>\u201d.<\/p>\n<p>Su piel tambi\u00e9n se hab\u00eda vuelto tan p\u00e1lida que su mujer lo llev\u00f3 a una revisi\u00f3n m\u00e9dica: \u201cFui sincero con el m\u00e9dico sobre d\u00f3nde viv\u00eda. No me dijo nada y se limit\u00f3 a tratarme. Me dio vitaminas\u201d.<\/p>\n<p>En la superficie, Ndumiso no s\u00f3lo se relaja. Tambi\u00e9n trabaja con otros mineros ilegales en la voladura y trituraci\u00f3n de las rocas que contienen mineral. A continuaci\u00f3n, su grupo lo \u201clava\u201d en una planta improvisada para separar el oro utilizando sustancias qu\u00edmicas peligrosas como el mercurio y el cianuro s\u00f3dico.<\/p>\n<p>Ndumiso explica que luego vende su parte del oro: un gramo cuesta US$55, menos que el precio oficial de unos US$77. Dice que ya tiene un comprador, con el que se contacta por WhatsApp.<\/p>\n<p>\u201cLa primera vez que me encontr\u00e9 con \u00e9l no me fiaba, as\u00ed que le dije que nos vi\u00e9ramos en el aparcamiento de una comisar\u00eda. Sab\u00eda que all\u00ed estar\u00eda seguro. \u201cAhora nos vemos en cualquier estacionamiento. Tenemos una b\u00e1scula. Pesamos el oro en el lugar. Yo se lo entrego y \u00e9l me paga en efectivo\u201d, explica, se\u00f1alando que se lleva entre US$3800 y US$5.500.<\/p>\n<p>Recibe esta cantidad cada tres meses, lo que significa que sus ingresos medios anuales oscilan entre US$15.500 y US$22.000, mucho m\u00e1s que los US$2700 que ganaba como minero contratado legalmente. Ndumiso afirm\u00f3 que los l\u00edderes de la banda ganaban mucho m\u00e1s, pero no sab\u00eda cu\u00e1nto.<\/p>\n<p>En cuanto al comprador de su oro, Ndumiso dijo que no sab\u00eda nada de \u00e9l, salvo que era un hombre blanco en una industria ilegal en la que participan personas de diferentes razas y clases.<\/p>\n<p>Esto dificulta la represi\u00f3n de las redes criminales, y Van Wyk afirm\u00f3 que el gobierno se centraba en los mineros, pero no en los \u201ccapos que viven en los frondosos suburbios de Johannesburgo y Ciudad del Cabo\u201d.<\/p>\n<p>El presidente Ramaphosa afirm\u00f3 que la miner\u00eda ilegal estaba costando \u201ca nuestra econom\u00eda miles de millones de rands (la moneda local) en ingresos perdidos por exportaciones, c\u00e1nones e impuestos\u201d, y que el gobierno seguir\u00eda trabajando con las empresas mineras \u201cpara garantizar que asumen la responsabilidad de rehabilitar o cerrar las minas que ya no est\u00e1n operativas\u201d.<\/p>\n<p>Van Wyk le dijo al podcast de la BBC Focus on Africa que el gobierno agravar\u00eda la crisis econ\u00f3mica sudafricana si tomara medidas dr\u00e1sticas contra los \u201czama zamas\u201d. \u201cDeber\u00eda haber una pol\u00edtica para despenalizar sus operaciones, organizarlas mejor y regularlas\u201d, a\u00f1adi\u00f3.<\/p>\n<p>Cuando Ndumiso vuelve a la clandestinidad para trabajar, se lleva comida enlatada para evitar pagar los desorbitados precios de los \u201cmercados\u201d que existen all\u00ed. Adem\u00e1s de comida, all\u00ed se venden art\u00edculos b\u00e1sicos -como cigarrillos, linternas, pilas- y herramientas para la miner\u00eda, afirma.<\/p>\n<p>Esto sugiere que una comunidad -o una peque\u00f1a ciudad- se ha desarrollado bajo tierra a lo largo de los a\u00f1os, y Ndumiso dijo que incluso hab\u00eda un barrio rojo, con <strong>trabajadoras sexuales llevadas bajo tierra por las bandas<\/strong>.<\/p>\n<p>Ndumiso explic\u00f3 que la mina en la que trabajaba constaba de varios niveles y un laberinto de t\u00faneles conectados entre s\u00ed. \u201cSon como autopistas, con se\u00f1ales pintadas que indican c\u00f3mo llegar a los distintos lugares y niveles, como el nivel que utilizamos como aseo, o el nivel que llamamos el cementerio zama-zama\u201d, explica.<\/p>\n<p>\u201cAlgunos mueren a manos de miembros de bandas rivales; otros mueren durante desprendimientos de rocas y son aplastados por enormes pe\u00f1ascos. Perd\u00ed a un amigo cuando le robaron el oro y le dispararon en la cabeza\u201d<\/p>\n<p>Aunque la vida bajo tierra es peligrosa, es un riesgo que miles de mineros como Ndumiso est\u00e1n dispuestos a correr, pues dicen que la alternativa es vivir y morir pobre en una naci\u00f3n donde la tasa de desempleo supera el 30%.<\/p>\n<p>BBC Mundo<\/p>\n<p>  Conforme a <strong> los criterios de<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Junto con otros 600 hombres, Ndumiso vive y trabaja en una peque\u00f1a \u201cciudad\u201d controlada por una banda -con mercados y hasta una zona roja- que ha crecido en las profundidades de una mina de oro en desuso de Sud\u00e1frica. 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