{"id":227063,"date":"2026-02-24T09:49:05","date_gmt":"2026-02-24T12:49:05","guid":{"rendered":"https:\/\/radioacuariofm.com.ar\/?p=227063"},"modified":"2026-02-24T09:49:06","modified_gmt":"2026-02-24T12:49:06","slug":"la-mision-del-hombre-que-vencio-a-la-leishmaniasis-y-hoy-lidera-una-lucha-contra-la-enfermedad-mortal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/radioacuariofm.com.ar\/?p=227063","title":{"rendered":"La misi\u00f3n del hombre que venci\u00f3 a la leishmaniasis y hoy lidera una lucha contra la enfermedad mortal"},"content":{"rendered":"<p> <br \/>\n<\/p>\n<div>\n<p class=\"com-paragraph   --s\"><strong>Andrew Ochieng<\/strong> se pone el casco y balancea las piernas sobre su fiel motocicleta. Va armado con<strong> kits de pruebas m\u00e9dicas y d\u00e9cadas de experiencia<\/strong>. Durante a\u00f1os, recorri\u00f3 el extenso paisaje rural de la regi\u00f3n fronteriza entre <strong>Kenia y Uganda<\/strong> con la misi\u00f3n de combatir una enfermedad terrible y potencialmente mortal. Pocas personas oyeron hablar de la <strong>leishmaniasis visceral<\/strong>, conocida localmente como Kala-azar, ni de la devastaci\u00f3n que puede causar.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">Pero Ochieng lo sabe muy bien: \u00e9l mismo la padeci\u00f3 y sobrevivi\u00f3. <strong>\u201cMe sent\u00eda fatal\u201d<\/strong>, dice Ochieng, recordando su propia experiencia con la enfermedad. La fiebre le dur\u00f3 semanas. Como si lo hubiera atropellado un cami\u00f3n de 18 ruedas, a\u00f1ade. <strong>Ten\u00eda unos 12 a\u00f1os por aquel entonces<\/strong>. Los padres y vecinos de Ochieng no ten\u00edan ni idea de qu\u00e9 le pasaba. Lo llevaron a un curandero tradicional para que lo tratara. Este le cort\u00f3 el est\u00f3mago con una cuchilla de afeitar y luego lo unt\u00f3 con esti\u00e9rcol de camello y vaca quemado en una hoguera. Tambi\u00e9n le dieron hierbas amargas. Finalmente, <strong>recibi\u00f3 atenci\u00f3n m\u00e9dica<\/strong>. Pero a\u00fan recuerda el dolor.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">El personal del hospital<strong> le aplic\u00f3 a Ochieng 60 inyecciones a lo largo de casi dos meses<\/strong>. Hasta el d\u00eda de hoy, Ochieng lleva cicatrices del ritual tradicional de curaci\u00f3n en su torso. Para evitar que otras personas pasen por la misma experiencia, Ochieng trabaja ahora como movilizador comunitario para la Iniciativa de Medicamentos para Enfermedades Olvidadas (DNDi, por sus siglas en ingl\u00e9s), una organizaci\u00f3n sin fines de lucro.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\"><strong>M\u00e1s de 600 millones de personas en todo el mundo corren el riesgo de contraer leishmaniasis visceral<\/strong>, y la gran mayor\u00eda (73% en 2022) de los casos se concentra en \u00c1frica Oriental. La enfermedad sigue siendo poco estudiada y relativamente desconocida fuera de las comunidades empobrecidas que la afectan. Es una enfermedad parasitaria que, de hecho, mata a m\u00e1s personas que cualquier otra, a excepci\u00f3n de la malaria.<\/p>\n<div class=\"content-media\">\n<section role=\"button\" class=\"mod-media   \">\n<figure role=\"button\" class=\"mod-figure \"><figcaption class=\"mod-figcaption\"><span class=\"com-text --caption --twoxs\">Andrew Ochieng se pone el casco y balancea las piernas sobre su fiel motocicleta<\/span><span class=\"com-text --credit --twoxs\">Kang-Chun Cheng<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<\/section>\n<\/div>\n<p class=\"com-paragraph   --s\"><strong>Se estima que cada a\u00f1o se producen entre 50.000 y 90.000 casos de leishmaniasis visceral en todo el mundo<\/strong>, pero solo se notifican entre el 25% y el 45%. La enfermedad, que se transmite por la picadura de fleb\u00f3tomos (o mosca de la arena), causa fiebre, p\u00e9rdida de peso, inflamaci\u00f3n del h\u00edgado y el bazo, y puede progresar a psicosis e incluso la muerte. El nombre \u201cvisceral\u201d se refiere a sus efectos en \u00f3rganos internos como el h\u00edgado.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\"><strong>La leishmaniasis visceral tiene una tasa de mortalidad del 95% si no se trata<\/strong>. Adem\u00e1s, es una enfermedad que afecta especialmente a los ni\u00f1os. La mitad de los casos en 2022 se dieron en menores de 15 a\u00f1os, seg\u00fan la Organizaci\u00f3n Mundial de la Salud. Cabe destacar que los tratamientos actuales para la leishmaniasis visceral son dolorosos y t\u00f3xicos, similares a la quimioterapia para pacientes con c\u00e1ncer.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">Los pacientes generalmente reciben inyecciones dos veces al d\u00eda durante al menos 17 d\u00edas en un entorno hospitalario. Esto supone un total de 34 inyecciones. <strong>Los cient\u00edficos buscan soluciones menos dr\u00e1sticas y formas de informar a las comunidades sobre la enfermedad<\/strong>, con la esperanza de reducir el n\u00famero de personas infectadas.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\"><strong>FORMAS Y REGIONES<\/strong><\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">La leishmaniasis se manifiesta en tres formas principales:<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">Fuente: OMS<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\"><strong>Ochieng forma parte de la iniciativa<\/strong>. En la aldea de Akorikeya, a 20 minutos en coche al norte de Amudat, en el noreste de Uganda, instala su puesto de trabajo bajo una acacia donde los hombres se re\u00fanen a tomar t\u00e9 con leche todos los d\u00edas.<strong> Akorikeya alberga a unos cientos de personas<\/strong>. Ochieng comienza por evaluar el aspecto y el nivel de energ\u00eda de los aldeanos, prestando especial atenci\u00f3n a los ni\u00f1os. Luego, examina la parte inferior izquierda del torso de todos para detectar inflamaci\u00f3n del bazo, uno de los s\u00edntomas reveladores de la leishmaniasis visceral.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\"><strong>Quienes presentan s\u00edntomas<\/strong>, como dolor articular, fiebre intermitente y hemorragia nasal, <strong>se someten a una prueba r\u00e1pida RK39<\/strong>, que reacciona con anticuerpos de una gota de sangre y proporciona un resultado en 10 minutos. Ochieng tambi\u00e9n lleva consigo pruebas r\u00e1pidas de VIH, ya que las personas inmunodeprimidas son particularmente susceptibles a la enfermedad. Un paciente con VIH tiene 100 veces m\u00e1s probabilidades de desarrollar leishmaniasis visceral.<strong> \u201cDe septiembre a febrero, se observan m\u00e1s casos de leishmaniasis visceral\u201d<\/strong>, dice Ochieng. Las escasas lluvias durante este per\u00edodo favorecen la anidaci\u00f3n y eclosi\u00f3n de fleb\u00f3tomos, explica.<\/p>\n<div class=\"content-media\">\n<section role=\"button\" class=\"mod-media   \">\n<figure role=\"button\" class=\"mod-figure \"><figcaption class=\"mod-figcaption\"><span class=\"com-text --caption --twoxs\">Durante sus visitas, Ochieng palpa los bazos de los aldeanos durante los ex\u00e1menes, ya que esto puede dar una indicaci\u00f3n temprana de leishmaniasis visceral<\/span><span class=\"com-text --credit --twoxs\">Kang-Chun Cheng<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<\/section>\n<\/div>\n<p class=\"com-paragraph   --s\"><strong>En un mes normal, puede viajar hasta 16 aldeas<\/strong>. Visita a antiguos pacientes, con la esperanza de que no hayan sufrido una reca\u00edda, o investiga los informes de nuevos casos. Las tierras \u00e1ridas de esta zona son el hogar ancestral del grupo \u00e9tnico pokot, que viaja de Kenia a Uganda para alimentar y darle agua a sus animales. A veces recorren m\u00e1s de 50 km a pie en un d\u00eda. Esto dificulta el seguimiento de los pacientes de Kala-azar. <strong>\u201cA veces, cuando vuelvo para ver c\u00f3mo est\u00e1 un paciente, me doy cuenta de que se mud\u00f3\u201d<\/strong>, dice.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">As\u00ed comienza su trabajo detectivesco, preguntando a los vecinos si saben d\u00f3nde ha ido cierta persona y cu\u00e1ndo se fue. Con unas cuantas pistas, se subir\u00e1 de nuevo a su motocicleta y emprender\u00e1 la b\u00fasqueda de un ser humano errante en alg\u00fan lugar de este extraordinario y \u00e1rido paisaje. Si bien la transmisi\u00f3n de la leishmaniasis visceral puede atribuirse a las picaduras de fleb\u00f3tomos, tambi\u00e9n existen factores socioecon\u00f3micos que influyen en su propagaci\u00f3n e impacto.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">\u201c<strong>La leishmaniasis visceral afecta \u00fanicamente a los m\u00e1s pobres entre los pobres<\/strong>: quienes padecen desnutrici\u00f3n cr\u00f3nica y duermen en lugares sin suelo de cemento\u201d, afirma Joy Malongo, gerente de acceso de DNDi. La falta de acceso a la atenci\u00f3n m\u00e9dica, la nutrici\u00f3n, el saneamiento adecuado y el desplazamiento de la poblaci\u00f3n influyen en los casos de leishmaniasis visceral.<\/p>\n<div class=\"content-media\">\n<section role=\"button\" class=\"mod-media   \">\n<figure role=\"button\" class=\"mod-figure \"><figcaption class=\"mod-figcaption\"><span class=\"com-text --caption --twoxs\">Pricilla Chebiira administra inyecciones diarias de medicamentos a pacientes con leishmaniasis visceral en el Hospital Amudat<\/span><span class=\"com-text --credit --twoxs\">Kang-Chun Cheng<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<\/section>\n<\/div>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">Las investigaciones indican que factores ambientales, como los sistemas de riego, la deforestaci\u00f3n y el cambio clim\u00e1tico, aumentan la humedad relativa y la temperatura, lo que <strong>favorece la reproducci\u00f3n y los lugares de descanso de los fleb\u00f3tomos<\/strong>. Cuando Ochieng encuentra a alguien con leishmaniasis visceral, suele llevarlo en su motocicleta al Hospital Amudat, en el norte de Uganda, cerca de la frontera con Kenia.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">Cuando visito el hospital, lo hago temprano. Apenas son las 5:00 de la ma\u00f1ana, pero Priscilla Chebjira, enfermera jefe del Hospital Amudat, ya ha preparado los tratamientos diarios para los 34 pacientes del Centro de Tratamiento Kala-azar. Con un uniforme rosa chicle, Chebjira y su colega llevan una camilla cargada de inyecciones \u2014principalmente c\u00f3cteles de estibogluconato de sodio (SSG) y paromomicina (PM)\u2014 a la primera de dos salas. Los pacientes, desde beb\u00e9s hasta adultos,<strong> se revuelven bajo las mosquiteras que cubren cada cama<\/strong>.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">La necesidad de mejorar las intervenciones es evidente. Muchos de los pacientes m\u00e1s j\u00f3venes y enfermos est\u00e1n acompa\u00f1ados por sus madres, aunque algunos de los tutores de los ni\u00f1os son apenas adolescentes. Mientras las enfermeras recorren las camas, inyectando a los pacientes en las nalgas expuestas,<strong> los m\u00e1s peque\u00f1os no pueden evitar gemir de dolor<\/strong>. Patrick Sagaki, doctor y superintendente m\u00e9dico de Jinja, en la desembocadura del r\u00edo Nilo, trat\u00f3 a pacientes con leishmaniasis visceral desde que lleg\u00f3 al Hospital Amudat en 2007. En aquel entonces, era el \u00fanico m\u00e9dico de la regi\u00f3n especializado en leishmaniasis visceral.<strong> \u201cVi que realmente hab\u00eda una necesidad\u201d<\/strong>, afirma.<\/p>\n<div class=\"content-media\">\n<section role=\"button\" class=\"mod-media   \">\n<figure role=\"button\" class=\"mod-figure \"><figcaption class=\"mod-figcaption\"><span class=\"com-text --caption --twoxs\">Las inyecciones pueden tener efectos adversos<\/span><span class=\"com-text --credit --twoxs\">Kang-Chun Cheng<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<\/section>\n<\/div>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">Pero sabe que hay muchos m\u00e1s casos que nunca reciben el tratamiento adecuado. La lejan\u00eda del condado de West Pokot, en Kenia, y de la regi\u00f3n de Karamoja, en Uganda, dificulta la identificaci\u00f3n de casos. Adem\u00e1s, las b\u00fasquedas activas son costosas. \u201cSi no fuera por la DNDi, probablemente no podr\u00edamos llegar a la mayor\u00eda de estos pokot\u201d, afirma Sagaki.<strong> Los hombres pokot prefieren dormir al aire libre, pero eso los hace m\u00e1s vulnerables a las picaduras de fleb\u00f3tomos<\/strong>. Adem\u00e1s, los aldeanos tienden a resistirse a destruir los hormigueros donde se reproducen, ya que se alimentan de hormigas blancas durante la temporada de lluvias.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\"><strong>Sagaki no tiene acceso a todas las opciones de tratamiento que preferir\u00eda<\/strong>. La anfotericina B liposomal (L-AmB), tratamiento de primera l\u00ednea para la leishmaniasis visceral en India, presenta dificultades log\u00edsticas para almacenar y administrar en muchas partes de \u00c1frica Oriental, ya que debe mantenerse refrigerada. Adem\u00e1s, debe administrarse por v\u00eda intravenosa.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\"><strong>La L-AmB es un tratamiento de segunda l\u00ednea en la regi\u00f3n<\/strong>, suministrado a trav\u00e9s de un programa de donaciones de Gilead, una compa\u00f1\u00eda biofarmac\u00e9utica estadounidense, a la OMS; los pa\u00edses no la adquieren directamente para el tratamiento de la leishmaniasis visceral. En Kenia y Uganda, el tratamiento est\u00e1ndar actual consiste en una combinaci\u00f3n de SSG y paromomicina (PM) durante 17 d\u00edas, que sustituy\u00f3 al antiguo tratamiento con SSG de 30 d\u00edas en 2010.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">Si bien este r\u00e9gimen m\u00e1s corto representa un avance (la terapia combinada suele ser m\u00e1s rentable y presenta un menor riesgo de que el par\u00e1sito desarrolle resistencia), a\u00fan incluye SSG, lo que significa que persisten<strong> los efectos secundarios potencialmente mortales en el coraz\u00f3n, el h\u00edgado y el p\u00e1ncreas<\/strong>.<\/p>\n<div class=\"content-media\">\n<section role=\"button\" class=\"mod-media   \">\n<figure role=\"button\" class=\"mod-figure \"><figcaption class=\"mod-figcaption\"><span class=\"com-text --caption --twoxs\">Los pacientes a menudo se someten a pr\u00e1cticas curativas tradicionales antes de llegar al hospital, seg\u00fan los m\u00e9dicos<\/span><span class=\"com-text --credit --twoxs\">Kang-Chun Cheng<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<\/section>\n<\/div>\n<p class=\"com-paragraph   --s\"><strong>Los ni\u00f1os generalmente son excluidos de los ensayos cl\u00ednicos de tratamientos para enfermedades desatendidas, como la leishmaniasis visceral<\/strong>. Un estudio de 2019 revel\u00f3 que, de 360 ensayos cl\u00ednicos para enfermedades desatendidas, solo el 17% incluy\u00f3 a personas menores de 18 a\u00f1os. Sin embargo, en 2018, DNDi lanz\u00f3 un ensayo cl\u00ednico abierto de un nuevo tratamiento: miltefosina (MF) con paromomicina (PM). Durante el ensayo, de aproximadamente dos a\u00f1os de duraci\u00f3n, 408 pacientes de siete centros en Kenia, Uganda, Sud\u00e1n y Etiop\u00eda recibieron SSG y PM, o MF y PM. Se incluy\u00f3 a muchos ni\u00f1os en el ensayo; la edad media de los participantes fue de 11 a\u00f1os.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">Despu\u00e9s de seis meses, se observ\u00f3 una alta eficacia de ambas combinaciones de tratamientos, superior al 91%. Sin embargo, la opci\u00f3n de MF y PM se consider\u00f3 m\u00e1s beneficiosa para el paciente, ya que requer\u00eda una inyecci\u00f3n menos al d\u00eda, un tratamiento tres d\u00edas m\u00e1s corto y presentaba menos riesgos asociados a la SSG, como da\u00f1o card\u00edaco. Pero incluso con tratamientos mejorados, <strong>la cruda realidad es que las reinfecciones pueden ser inevitables<\/strong>, seg\u00fan Malongo. \u201cDepende de d\u00f3nde regresen los pacientes y de si hay mejoras en su estilo de vida. Si regresan a la misma situaci\u00f3n [de vida], nada va a cambiar\u201d.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">Sagaki todav\u00eda ve pacientes que llegan demasiado tarde o con marcas de pr\u00e1cticas curativas tradicionales. Pero tambi\u00e9n es consciente de que <strong>algunos antiguos pacientes de Kala-azar reconocieron s\u00edntomas en personas de la misma comunidad<\/strong> y posteriormente los han derivado al Hospital Amudat. Hubo brotes graves de leishmaniasis visceral en Kenia en 2020 y 2022, y se estima que casi cuatro millones de kenianos corren el riesgo de contraer la enfermedad durante repuntes como estos.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">Sagaki afirma, sin embargo, que la eliminaci\u00f3n de la leishmaniasis visceral es alcanzable<strong> si se realizan las intervenciones adecuadas<\/strong>. \u201cMiren el caso de Bangladesh. Identifican los casos con gran rapidez y el acceso [al tratamiento] es f\u00e1cil. Los lugare\u00f1os saben mucho m\u00e1s sobre la leishmaniasis visceral que los ugandeses y kenianos\u201d, concluye.<\/p>\n<div class=\"content-media\">\n<section role=\"button\" class=\"mod-media   \">\n<figure role=\"button\" class=\"mod-figure \"><figcaption class=\"mod-figcaption\"><span class=\"com-text --caption --twoxs\">Ochieng utiliza una prueba r\u00e1pida de ant\u00edgenos para ayudarle a diagnosticar a personas con leishmaniasis visceral<\/span><span class=\"com-text --credit --twoxs\">Kang-Chun Cheng<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<\/section>\n<\/div>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">Entre las personas que conoc\u00ed en mi viaje con Ochieng se encuentra Chemket Selina, ahora madre de cuatro hijos. De ni\u00f1a, tuvo malaria y fiebre tifoidea, pero cuando sufri\u00f3 fatiga y fiebre alta durante m\u00e1s de un mes, nadie supo qu\u00e9 le pasaba hasta que lleg\u00f3 Ochieng y la diagnostic\u00f3. La llev\u00f3 en la parte trasera de su motocicleta al Hospital Amudat, a unos 20km de distancia.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">Ahora, <strong>se preocupa por la salud de sus propios hijos<\/strong>. Tiene veintitantos a\u00f1os, pero no est\u00e1 segura de su edad exacta. En esta parte del mundo, la gente suele medir el paso del tiempo por las lluvias, en lugar de por los a\u00f1os del calendario. Sea como sea, aparenta m\u00e1s edad de la que realmente tiene. En la cultura pokot, las mujeres soportan todas las cargas esenciales de la vida, desde dar a luz y buscar agua hasta construir casas y cocinar.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">Ochieng descubre que, afortunadamente, sus cuatro hijos peque\u00f1os parecen estar libres de la enfermedad. Pero <strong>el riesgo de leishmaniasis visceral y la mala salud, agravada por la pobreza, son constantes<\/strong>.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">La familia de Selina come solo una vez al d\u00eda, por la ma\u00f1ana: t\u00e9, ugali (harina de ma\u00edz hervida) y hojas de sokoria, que ella arranca de un \u00e1rbol. Selina las hierve, las tritura y luego las fr\u00ede.<strong> \u201cLo que encontramos es lo que comemos\u201d<\/strong>, dice, con su hijo peque\u00f1o aferrado a su pecho. Todav\u00eda recuerda las dolorosas inyecciones que recibi\u00f3 hace tantos a\u00f1os. Pero, para ella, eso las hac\u00eda m\u00e1s efectivas que cualquier otro tipo de medicamento. Es una creencia com\u00fan aqu\u00ed, seg\u00fan Sagaki: que el dolor es la mejor manera de lidiar con la enfermedad.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\"><em><strong>*Por <\/strong><\/em><em><strong>Kang-Chun Cheng<\/strong><\/em><\/p>\n<section class=\"container-center-100 mb-40 border border-bottom border-thin border-neutral-light-700\">\n<hr\/>\n<\/section>\n<\/div>\n\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Andrew Ochieng se pone el casco y balancea las piernas sobre su fiel motocicleta. Va armado con kits de pruebas m\u00e9dicas y d\u00e9cadas de experiencia. Durante a\u00f1os, recorri\u00f3 el extenso paisaje rural de la regi\u00f3n fronteriza entre Kenia y Uganda con la misi\u00f3n de combatir una enfermedad terrible y potencialmente mortal. 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