{"id":218188,"date":"2025-11-30T08:22:22","date_gmt":"2025-11-30T11:22:22","guid":{"rendered":"https:\/\/radioacuariofm.com.ar\/?p=218188"},"modified":"2025-11-30T08:22:23","modified_gmt":"2025-11-30T11:22:23","slug":"los-mensajes-ocultos-en-una-de-las-escenas-del-crimen-mas-famosas-de-la-historia-del-arte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/radioacuariofm.com.ar\/?p=218188","title":{"rendered":"Los mensajes ocultos en una de las escenas del crimen m\u00e1s famosas de la historia del arte"},"content":{"rendered":"<p> <br \/>\n<\/p>\n<div>\n<p class=\"com-paragraph  --capital --s\">El gran arte nos hace mirar y luego volver a mirar. Tomemos como ejemplo \u201c<strong>La muerte de Marat<\/strong>\u201d (1793), de <strong>Jacques-Louis David<\/strong>, quiz\u00e1s la representaci\u00f3n pict\u00f3rica de una <strong>escena del crimen<\/strong> m\u00e1s famosa de los \u00faltimos<strong> 250 a\u00f1os<\/strong>. A primera vista, la representaci\u00f3n del cuerpo sin vida del revolucionario franc\u00e9s <strong>Jean-Paul Marat<\/strong>, apu\u00f1alado en su ba\u00f1era el 13 de julio de 1793, no podr\u00eda ser m\u00e1s simple.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">El <strong>periodista asesinado<\/strong>, que hab\u00eda abogado por la ejecuci\u00f3n del rey Luis XVI, se desploma hacia nosotros. Su cuerpo est\u00e1 enmarcado por un vasto vac\u00edo que se extiende sobre \u00e9l. Sin embargo, si observamos con atenci\u00f3n, la ic\u00f3nica pintura de David comienza a revelar un <strong>inquietante rompecabezas de detalles dobles<\/strong> en la mitad inferior del lienzo: <strong>dos plumas, dos fechas, dos cartas, dos mujeres ausentes, dos cajas, dos firmas, dos cad\u00e1veres<\/strong>.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">La cacofon\u00eda de pistas contradictorias nos atrapa, haciendo que pasemos de observadores pasivos de una simple instant\u00e1nea de la historia a convertirnos en detectives forenses inmersos en la resoluci\u00f3n de un <strong>misterio m\u00e1s profundo<\/strong>, uno en el que se sospecha que el propio artista manipul\u00f3 las pruebas.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">En cada rinc\u00f3n de \u201cLa muerte de Marat\u201d, una de las obras maestras de la importante <strong>exposici\u00f3n de David en el Louvre de Par\u00eds<\/strong>, se aprecia la doble intenci\u00f3n del artista: crear, a la vez, una eleg\u00eda \u00edntima y personal en memoria de un amigo asesinado, con quien compart\u00eda ideas pol\u00edticas radicales, y una potente pieza de propaganda p\u00fablica.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">En manos de David, Marat es mucho m\u00e1s que un simple periodista jacobino al que <strong>una francesa, Charlotte Corday, apu\u00f1al\u00f3 en el pecho con un cuchillo de cocina<\/strong>, convencida de que \u00e9l estaba envenenando el debate p\u00fablico. Marat aqu\u00ed es glorificado, como un segundo Cristo.<\/p>\n<div class=\"content-media\">\n<section role=\"button\" class=\"mod-media   \">\n<figure role=\"button\" class=\"mod-figure \"><figcaption class=\"mod-figcaption\"><span class=\"com-text --caption --twoxs\">La obra de David forma parte de una importante exposici\u00f3n en el Louvre de Par\u00eds que estar\u00e1 hasta el 26 de enero de 2026.<\/span><span class=\"com-text --credit --twoxs\">Mus\u00e9es royaux des Beaux-Arts de Belgique (Bruxelles)\/J Geleyns<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<\/section>\n<\/div>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">El retrato de David exalta a Marat, quien pasa de ser una persona enfermiza, que requer\u00eda largos ba\u00f1os medicinales para aliviar una enfermedad cut\u00e1nea cr\u00f3nica, a un transformarse en un mes\u00edas secular sacrificado. Para amplificar esa elevaci\u00f3n de mortal inv\u00e1lido a m\u00e1rtir m\u00edstico, David entreteje su pintura con s\u00edmbolos descifrables y ecos de la historia del arte que mantienen nuestra mirada fija en el mito que teje ante nosotros.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">Tan implicado est\u00e1 el artista en la coreograf\u00eda de la escena, que resulta f\u00e1cil comprender c\u00f3mo <strong>S\u00e9bastien Allard<\/strong>, comisario de la exposici\u00f3n del Louvre, pudo llegar a la conclusi\u00f3n en su ensayo para el cat\u00e1logo de que \u201cel monumento que David erige a Marat es tambi\u00e9n un monumento que construye para s\u00ed mismo\u2026 Marat act\u00faa con su pluma y el pintor, con sus pinceles\u201d.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">Nuestra mirada se divide en dos direcciones, intentando seguir los curiosos y contradictorios movimientos de las manos moribundas del hombre. En la mano derecha de Marat encontramos <strong>la pluma con la que escrib\u00eda cuando fue apu\u00f1alado <\/strong>con el cuchillo de mango de n\u00e1car que yace a escasos cent\u00edmetros.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">Con los nudillos apoyados en el suelo, esa mano cuelga inerte, evocando los brazos ca\u00eddos de Cristo tanto en la monumental escultura de m\u00e1rmol de<strong> Miguel \u00c1ngel<\/strong>, \u201cLa Piedad\u201d, como en el conmovedor cuadro de <strong>Caravaggio <\/strong>\u201cEl Entierro de Cristo\u201d.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">Mientras tanto, la mano izquierda de Marat, r\u00edgida por el rigor mortis, sostiene <strong>una carta manchada de sangre<\/strong>, sugiriendo un foco de atenci\u00f3n completamente distinto. Una mano se aferra a la vida, la otra sucumbe a la muerte. Entre estos dos gestos divergentes, el esp\u00edritu de la pintura oscila eternamente entre el mundo de los vivos y el de los muertos.<\/p>\n<div class=\"content-media\">\n<section role=\"button\" class=\"mod-media   \">\n<figure role=\"button\" class=\"mod-figure \"><figcaption class=\"mod-figcaption\"><span class=\"com-text --caption --twoxs\">En su mano derecha, una pluma; en la izquierda, una carta. Hay otra pluma junto al tintero.<\/span><span class=\"com-text --credit --twoxs\">Mus\u00e9es royaux des Beaux-Arts de Belgique (Bruxelles)\/J Geleyns<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<\/section>\n<\/div>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">A la tensi\u00f3n entre el flujo inquieto y la sombr\u00eda quietud de las manos contradictorias de Marat se suma la decisi\u00f3n, aparentemente redundante, de David de insertar en la escena despojada no una, sino <strong>dos plumas entintadas<\/strong>. Entre los dedos inertes de su mano derecha, Marat sujeta una pluma de escribir, a\u00fan h\u00fameda de tinta.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">Siguiendo su trayectoria desde el suelo, m\u00e1s all\u00e1 del penacho blanco, hasta la caja volcada que Marat usaba como escritorio, descubrimos una segunda pluma junto al tintero agachado. <\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">La punta oscura de esta pluma apunta amenazadoramente hacia la herida de arma blanca fatal y plantea una pregunta incisiva: <strong>\u00bffue un cuchillo o las palabras lo que mat\u00f3 a Marat?<\/strong> En tiempos de pol\u00edtica acalorada, nunca est\u00e1 claro qu\u00e9 es m\u00e1s poderoso, si la pluma o la espada. Como veremos, en la pintura de David, la pluma y la espada son, en s\u00ed mismas, dobles. Se afilan mutuamente.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">Una vez detectada, la duplicaci\u00f3n de la evidencia en la pintura se multiplica repentinamente. En el centro del lienzo, encontramos no una, <strong>sino dos cartas, cada una escrita por una mano diferente<\/strong>. Entre estos dos documentos se desarrolla toda la trama de la pintura.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">La nota que Marat sostiene en su mano izquierda est\u00e1 colocada por el artista de tal manera que podemos leer f\u00e1cilmente la manera en la que Corday engatus\u00f3 a Marat sin que \u00e9ste lo supiera para que la invitara a entrar y as\u00ed aprovecharse de su naturaleza benevolente. <\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">\u201cBasta con que yo sea muy infeliz\u201d, suplica Corday con hipocres\u00eda en su carta, \u201c<strong>para tener derecho a tu amabilidad<\/strong>\u201d. El mensaje es claro:<strong> fue la bondad de Marat lo que lo mat\u00f3<\/strong>.<\/p>\n<div class=\"content-media\">\n<section role=\"button\" class=\"mod-media   \">\n<figure role=\"button\" class=\"mod-figure \"><figcaption class=\"mod-figcaption\"><span class=\"com-text --caption --twoxs\">Entre los documentos est\u00e1 escrita la trama del cuadro.<\/span><span class=\"com-text --credit --twoxs\">Mus\u00e9es royaux des Beaux-Arts de Belgique (Bruxelles)\/J Geleyns<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<\/section>\n<\/div>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">Justo debajo de la carta de Corday, al borde de la caja, se encuentra otra misiva escrita por el propio Marat: el documento que, al parecer, estaba redactando cuando ella se declar\u00f3 en huelga. Esta nota est\u00e1 sujeta por un asignado (o moneda revolucionaria), considerado por los estudiosos como la primera representaci\u00f3n de papel moneda en el arte occidental.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">En su carta, Marat promete desinteresadamente cinco libras a una amiga de la Revoluci\u00f3n que sufre: \u201cEsa madre de cinco hijos cuyo esposo muri\u00f3 en defensa de la patria\u201d. Incluso en la muerte, se nos dice, <strong>Marat sigue siendo generoso<\/strong>.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">Las dos cartas no solo trazan los ejes del enga\u00f1o y la mentira, la bondad y la redenci\u00f3n, sobre los que se desarrolla la historia del cuadro. <strong>Las dos cartas evocan fantasmas<\/strong>: dos, para ser exactos. El primero es el de <strong>Corday<\/strong>, la intrigante asesina que se col\u00f3 en casa de Marat con un largo cuchillo oculto bajo su chal. El segundo, tambi\u00e9n invisible, <strong>es el de la viuda afligida a quien Marat deseaba ayudar<\/strong>, cuyo esposo muri\u00f3 luchando por la Rep\u00fablica.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">El enfrentamiento entre fuerzas femeninas, una que personifica el bien y la otra el mal, tiene una larga tradici\u00f3n en la historia del arte. Durante siglos, los artistas han representado la lucha entre la santidad y el pecado como una amarga contienda entre mujeres fuertes.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">La famosa \u201cAlegor\u00eda de la Virtud y el Vicio\u201d del artista renacentista Paolo Veronese, de alrededor de 1565, muestra a una mujer que invita a H\u00e9rcules al honor, mientras que otra, con un largo cuchillo oculto a la espalda, lo tienta hacia el placer. David actualiza la alegor\u00eda para la era de la Revoluci\u00f3n. En \u201cLa muerte de Marat\u201d, lo que est\u00e1 en juego es el alma de una naci\u00f3n.<\/p>\n<div class=\"content-media\">\n<section role=\"button\" class=\"mod-media   \">\n<figure role=\"button\" class=\"mod-figure \"><figcaption class=\"mod-figcaption\"><span class=\"com-text --caption --twoxs\">El enfrentamiento entre las fuerzas femeninas en la obra de David recuerda a la \u00abAlegor\u00eda de la Virtud y el Vicio\u00bb.<\/span><span class=\"com-text --credit --twoxs\">Alamy<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<\/section>\n<\/div>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">Cada cuadro termina con una firma: ese toque final con el que el artista da su consentimiento a la historia que cont\u00f3. \u201cLa muerte de Marat tiene dos\u201d, lo que garantiza que la obra nunca est\u00e9 completa, sino que se trata de un <strong>desconcertante caso sin resolver que siempre nos intrigar\u00e1<\/strong>.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">Una, garabateada de lado en el centro del lienzo, pertenece a Corday y es una falsificaci\u00f3n de David al recrear la carta que ella le escribi\u00f3 a Marat. En otro lugar, cerca del borde inferior del cuadro y aparentemente cincelada en la caja de madera como si hubiera sido tallada en piedra, se encuentra la <strong>firma del propio artista, dedicando formalmente la obra a su amigo asesinado<\/strong>, cuyo nombre magnifica m\u00e1s all\u00e1 de la escala del suyo: \u201c<strong>Para Marat, David<\/strong>\u201d.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">Al grabar su nombre en la propia estructura de la obra, David se inserta en la escena del crimen. Una vez m\u00e1s, evoca la historia del arte. En el \u00fanico cuadro que Caravaggio firm\u00f3, hizo lo mismo.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">En la parte inferior de su colosal lienzo \u201cLa decapitaci\u00f3n de San Juan Bautista\u201d, Caravaggio re\u00fane las s\u00edlabas de su nombre, \u201c<em>f. Michelang.o<\/em>\u201d, a partir de un charco de sangre que brota del cuello cercenado del sacerdote.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">Es un gesto sombr\u00edo que parece asumir cierta responsabilidad por el asesinato. Al recordar la firma autoinculpatoria de Caravaggio, David no confiesa el asesinato de Marat, sino que declara su adhesi\u00f3n a su agenda pol\u00edtica. Afirma: \u201cAhora todos somos Marat\u201d.<\/p>\n<div class=\"content-media\">\n<section role=\"button\" class=\"mod-media   \">\n<figure role=\"button\" class=\"mod-figure \"><figcaption class=\"mod-figcaption\"><span class=\"com-text --caption --twoxs\">La obra de David tambi\u00e9n recuerda a Caravaggio, quien escribi\u00f3 \u00abf. Michelang.o\u00bb al pie de \u00abLa decapitaci\u00f3n de San Juan Bautista\u00bb.<\/span><span class=\"com-text --credit --twoxs\">Alamy<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<\/section>\n<\/div>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">Si observ\u00e1s con atenci\u00f3n debajo de la firma de David, ver\u00e1s una lucha silenciosa no solo entre dos fechas distintas, sino entre <strong>dos concepciones opuestas del tiempo<\/strong>. Bajo su nombre, David cincel\u00f3 \u201c<em>L\u2019an deux<\/em>\u201d, que denota el segundo a\u00f1o del Calendario Revolucionario, que comenz\u00f3 en 1792, a\u00f1o de la fundaci\u00f3n de la Rep\u00fablica.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">Esa fecha n\u00edtida y legible se sit\u00faa entre los d\u00edgitos, separados y parcialmente borrados, de la calibraci\u00f3n del calendario cristiano para el a\u00f1o de creaci\u00f3n de la obra: \u201c1793\u201d.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">En las dos esquinas inferiores del recuadro, David insert\u00f3 y borrado \u201c17\u201d y \u201c93\u201d, lo que indica una <strong>abolici\u00f3n total del tiempo cristiano <\/strong>en favor de las medidas revolucionarias. Una vez m\u00e1s, Marat podr\u00eda estar haciendo una sutil alusi\u00f3n en su curiosa fusi\u00f3n de sistemas de tiempo contrapuestos.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">Al igual que Caravaggio, Botticelli tambi\u00e9n firm\u00f3 un solo cuadro, \u201cNatividad m\u00edstica\u201d, en el que inserta una inscripci\u00f3n enigm\u00e1tica que yuxtapone el calendario cristiano con otro sincronizado con el Libro del Apocalipsis: \u201cEste cuadro, a finales del a\u00f1o 1500, en medio de las convulsiones de Italia, yo, Alessandro, lo pint\u00e9 en el tiempo transcurrido, seg\u00fan el cap\u00edtulo 11 de San Juan, en la segunda penuria del Apocalipsis\u2026\u201d. En \u201cLa muerte de Marat\u201d, David invoca a Botticelli y a la vez lo supera, pues las prioridades de la revelaci\u00f3n son usurpadas por las de la revoluci\u00f3n.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">\u00bfQu\u00e9 significa, en definitiva, toda esta dualidad en la famosa pintura de David, una obra que, al fusionar pasi\u00f3n y principio, redefinir\u00eda la textura e intensidad de la pintura hist\u00f3rica e influir\u00eda en obras que van desde \u201cLa balsa de la Medusa\u201d de Delacroix hasta el <strong>\u201cGuernica\u201d de Picasso<\/strong>? Al refractar implacablemente las pruebas halladas en la escena del crimen de Marat a trav\u00e9s del denso prisma de su imaginaci\u00f3n, David proyecta un <strong>doble retrato<\/strong>.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\">Ante nuestros ojos, <strong>el artista transforma el asesinato en mito<\/strong>, mientras que el cuerpo f\u00edsico del polemista asesinado se alquimiza en una segunda figura m\u00edstica que sentimos m\u00e1s que vemos. <strong>La inquietante presencia de Marat, perturb\u00f3 la imaginaci\u00f3n del poeta franc\u00e9s Baudelaire<\/strong>, quien observ\u00f3 sobre la pintura: \u201cEn el aire fr\u00edo de esta habitaci\u00f3n, sobre estas fr\u00edas paredes, alrededor de esta fr\u00eda y l\u00fagubre ba\u00f1era, un alma se cierne\u201d.<\/p>\n<p class=\"com-paragraph   --s\"><em>Por Kelly Grovier<\/em><\/p>\n<section class=\"container-center-100 mb-40 border border-bottom border-thin border-neutral-light-700\">\n<hr\/>\n<\/section>\n<\/div>\n\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El gran arte nos hace mirar y luego volver a mirar. 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