{"id":210994,"date":"2025-10-20T05:59:38","date_gmt":"2025-10-20T08:59:38","guid":{"rendered":"https:\/\/radioacuariofm.com.ar\/?p=210994"},"modified":"2025-10-20T05:59:41","modified_gmt":"2025-10-20T08:59:41","slug":"el-dilema-imposible-de-una-madre-de-gemelas-en-medio-de-la-hambruna-provocada-por-la-guerra-de-sudan-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/radioacuariofm.com.ar\/?p=210994","title":{"rendered":"El dilema imposible de una madre de gemelas en medio de la hambruna provocada por la guerra de Sud\u00e1n"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/radioacuariofm.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/touma-con-su-hija-de-tres-anos-masajed-la-vida-de-BS7VS5TYGRD4JOAJZDMQ4KOFHM-2.jpg\"\/><\/p>\n<p><\/p>\n<p>Touma lleva d\u00edas sin comer. Permanece sentada en silencio, con los ojos vidriosos, mientras mira sin rumbo a la sala del hospital. En sus brazos, inm\u00f3vil y gravemente desnutrida, yace su hija de tres a\u00f1os, Masajed.<\/p>\n<p>Touma parece insensible al llanto de los otros ni\u00f1os peque\u00f1os que la rodean.<strong> \u201cOjal\u00e1 llorara\u201d<\/strong>, nos dice la madre de 25 a\u00f1os, mirando a su hija. \u201cLleva d\u00edas sin llorar\u201d, agrega.<\/p>\n<p>El <strong>Hospital Bashaer<\/strong> es uno de los \u00faltimos hospitales en funcionamiento en Jartum, la capital de Sud\u00e1n, <strong>devastada por la guerra civil <\/strong>que se extiende desde abril de 2023. Muchos han viajado horas para llegar hasta aqu\u00ed y recibir atenci\u00f3n especializada.<\/p>\n<p><strong>La sala de desnutrici\u00f3n<\/strong> est\u00e1 llena de ni\u00f1os demasiado d\u00e9biles para combatir cualquier enfermedad. Sus madres est\u00e1n sentadas junto a ellos, impotentes. No es posible calmar los llantos, y cada uno de ellos duele profundamente.<\/p>\n<p>Touma y su familia se vieron obligados a huir cuando los combates entre el <strong>ej\u00e9rcito sudan\u00e9s y las Fuerzas de Apoyo R\u00e1pido <\/strong>(RSF en ingl\u00e9s), un grupo paramilitar, llegaron hasta su hogar a unos 200 km al suroeste de Jartum.<\/p>\n<p>\u201cLas RSF nos arrebataron todo lo que ten\u00edamos: nuestro dinero y nuestro ganado\u201d, relata y a\u00f1ade: \u201cEscapamos con solo nuestras vidas\u201d.<\/p>\n<p><strong>Sin dinero ni comida<\/strong>, los hijos de Touma comenzaron a sufrir. La madre parece at\u00f3nita al recordar su antigua vida. \u201cAntes, nuestra casa estaba llena de bendiciones. Ten\u00edamos ganado, leche y d\u00e1tiles. Pero ahora no tenemos nada\u201d, detalla.<\/p>\n<p>Sud\u00e1n atraviesa actualmente una de las <strong>peores emergencias humanitarias del mundo<\/strong>.<\/p>\n<p>Seg\u00fan Naciones Unidas,<strong> tres millones de ni\u00f1os<\/strong> menores de cinco a\u00f1os padecen desnutrici\u00f3n aguda. Los hospitales que quedan est\u00e1n desbordados.<\/p>\n<p>El Hospital Bashaer ofrece atenci\u00f3n y tratamiento b\u00e1sico gratuitos. Sin embargo, las <strong>medicinas vitales<\/strong> que necesitan los ni\u00f1os en la sala de desnutrici\u00f3n <strong>deben ser pagadas por sus familias<\/strong>.<\/p>\n<p>Masajed es una gemela; ella y su hermana Manahil fueron llevadas juntas al hospital. Pero <strong>la familia solo pod\u00eda pagar antibi\u00f3ticos para una hija<\/strong>.<\/p>\n<p>Touma tuvo que tomar una decisi\u00f3n imposible: <strong>eligi\u00f3 a Manahil<\/strong>.<\/p>\n<p>\u201cOjal\u00e1 ambas pudieran recuperarse y crecer\u201d, dice con voz entrecortada. \u201cOjal\u00e1 pudiera verlas caminar y jugar juntas como antes\u201d.<\/p>\n<p>\u201cSolo quiero que ambas mejoren\u201d, dice Touma, acunando a su hija moribunda.\u201cEstoy sola. No tengo nada. Solo tengo a Dios\u201d.<\/p>\n<p><strong>Las tasas de supervivencia<\/strong> aqu\u00ed son <strong>bajas<\/strong>. Para las familias de esta sala, la guerra se lo ha llevado todo. Se han quedado sin nada ni medios para comprar las medicinas que salvar\u00edan a sus hijos.<\/p>\n<p>Al irnos, el m\u00e9dico a cargo dice que ninguno de los ni\u00f1os de esta sala sobrevivir\u00e1. En todo Jartum, la guerra civil ha reescrito las vidas de los ni\u00f1os.<\/p>\n<figure><figcaption>Recuerdos del conflicto yacen por todas partes en Jartum.<\/figcaption><\/figure>\n<p>Lo que comenz\u00f3 como un estallido de combates entre fuerzas leales a dos generales -el jefe del ej\u00e9rcito, general Abdel Fattah al-Burhan, y el l\u00edder de las RSF, Mohamed Hamdan Dagalo, conocido como Hemedti- pronto invadi\u00f3 la ciudad.<\/p>\n<p>Durante dos a\u00f1os -hasta marzo pasado, cuando el ej\u00e9rcito retom\u00f3 el control-, la ciudad estuvo sumida en la guerra mientras se enfrentaban combatientes rivales.<\/p>\n<p><strong>Jartum<\/strong>, anta\u00f1o un centro cultural y comercial a orillas del r\u00edo Nilo, <strong>se convirti\u00f3 en un campo de batalla<\/strong>. Los tanques irrumpieron en los barrios. Los aviones de combate rug\u00edan sobre las cabezas de sus habitantes. Los civiles estaban atrapados entre fuego cruzado, bombardeos de artiller\u00eda y ataques con drones.<\/p>\n<p>Es en este paisaje devastado, en medio del silencio de la destrucci\u00f3n, donde la fr\u00e1gil voz de un ni\u00f1o se alza entre los escombros.<\/p>\n<p>Zaher, de 12 a\u00f1os, se desplaza en silla de ruedas entre los escombros, pasando junto a coches quemados, tanques, casas destrozadas y balas olvidadas.<\/p>\n<p>\u201cVuelvo a casa\u201d, canta suavemente para s\u00ed mismo mientras su silla rueda sobre vidrios rotos y metralla. \u201cYa no puedo ver mi hogar. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 mi hogar?\u201d.<\/p>\n<figure><figcaption>A Zaher todav\u00eda le encanta jugar al f\u00fatbol. Es hincha del Real Madrid y su jugador favorito es Vinicius.<\/figcaption><\/figure>\n<p>Su voz, fr\u00e1gil pero decidida, contiene tanto un lamento por lo perdido como una silenciosa esperanza de que alg\u00fan d\u00eda pueda finalmente volver a casa.<\/p>\n<p>En un edificio que ahora se usa como refugio, Habibah, la madre de Zaher, relata c\u00f3mo era la vida bajo el control de las RSF.<\/p>\n<p>\u201cLa situaci\u00f3n era muy dif\u00edcil\u201d, dice y sigue: \u201cNo pod\u00edamos encender las luces por la noche; era como si fu\u00e9ramos ladrones. No encend\u00edamos fuego. No nos mov\u00edamos para nada por la noche\u201d.<\/p>\n<p>La madre se sienta junto a su hijo en una habitaci\u00f3n con camas individuales.<\/p>\n<p>\u201cEn cualquier momento, ya sea cuando estabas durmiendo o duch\u00e1ndote, de pie o sentada, te encontrabas a los paramilitares pis\u00e1ndote los talones\u201d, repasa.<\/p>\n<p><strong>Muchos civiles huyeron de la capital<\/strong>, pero Zaher y su madre no ten\u00edan los medios para huir. Para sobrevivir, vend\u00edan lentejas en las calles.<\/p>\n<p>Entonces, una ma\u00f1ana, mientras trabajaban juntos, un dron los atac\u00f3.<\/p>\n<p>\u201cLo mir\u00e9 y estaba sangrando. Hab\u00eda sangre por todas partes\u201d, dice Habibah. \u201cYo estaba perdiendo el conocimiento. Pero me obligu\u00e9 a permanecer despierta porque sab\u00eda que si me desmayaba, perder\u00eda a mi hijo para siempre\u201d.<\/p>\n<p>Las piernas de Zaher estaban gravemente da\u00f1adas. Tras horas de agon\u00eda, lograron llegar al hospital.<\/p>\n<p>\u201cNo dejaba de rezar: \u2018Por favor, Dios, qu\u00edtame la vida en lugar de sus piernas\u2019\u201d, relata Habibah con l\u00e1grimas en su rostro. Pero los m\u00e9dicos no pudieron salvar las piernas de Zaher. Tuvieron que amput\u00e1rselas justo por debajo de la rodilla.<\/p>\n<p>\u201c\u00c9l se despertaba y preguntaba: \u2018\u00bfPor qu\u00e9 dejaste que me cortaran las piernas?\u2019\u201d. Habibah baja la mirada, con el rostro lleno de remordimiento. \u201cNo pod\u00eda responder\u201d.<\/p>\n<p>Tanto Habibah como su hijo lloran, atormentados por el recuerdo de lo que les ocurri\u00f3.<\/p>\n<p>Y la situaci\u00f3n es peor a\u00fan porque Habibah sabe que un par de pr\u00f3tesis podr\u00edan dar a Zaher la oportunidad de volver a la infancia, pero ella no puede pagarlas. Para el ni\u00f1o, el recuerdo de lo ocurrido es demasiado dif\u00edcil de relatar.<\/p>\n<p>Solo comparte un sue\u00f1o. \u201cOjal\u00e1 pudiera tener pr\u00f3tesis para poder jugar al f\u00fatbol con mis amigos como antes. Eso es todo\u201d.<\/p>\n<p>A los ni\u00f1os de Jartum no solo les <strong>han usurpado su infancia<\/strong>, sino tambi\u00e9n lugares seguros donde jugar y ser j\u00f3venes.<\/p>\n<p>Escuelas, campos de f\u00fatbol y parques infantiles est\u00e1n ahora destrozados, entre recuerdos rotos de una vida robada por el conflicto.<\/p>\n<h3>Escombros<\/h3>\n<p>\u201cEra muy bonito aqu\u00ed\u201d, dice Ahmed, de 16 a\u00f1os, mientras observa un parque de atracciones y un parque infantil destruidos.<\/p>\n<figure><figcaption>Ahmed hall\u00f3 restos humanos en un parque infantil donde le pagan por limpiar.<\/figcaption><\/figure>\n<p>Impresa en su camiseta gris y andrajosa hay una enorme carita sonriente, con la palabra \u201csonrisa\u201d estampada debajo. Pero su realidad no podr\u00eda estar m\u00e1s lejos de ese sentimiento.<\/p>\n<p>\u201cMis hermanos y yo sol\u00edamos venir aqu\u00ed. Jug\u00e1bamos todo el d\u00eda y nos re\u00edamos much\u00edsimo. Pero cuando regres\u00e9 despu\u00e9s de la guerra, no pod\u00eda creer que fuera el mismo lugar\u201d.<\/p>\n<p>Ahmed ahora vive y trabaja aqu\u00ed<strong> limpiando los escombros de la guerra<\/strong>, ganando US$ 50 por 30 d\u00edas de trabajo continuo.<\/p>\n<p>El dinero le ayuda a mantenerse a \u00e9l, a su madre, a su abuela y a uno de sus hermanos.<\/p>\n<p>Hab\u00eda otros seis hermanos, pero, como tantas personas en Sud\u00e1n que tienen familiares desaparecidos, ha perdido el contacto con ellos. El adolescente se mira los pies mientras nos dice que no sabe d\u00f3nde est\u00e1n ni si alguno sigue con vida <strong>La guerra ha destrozado a familias como la suya<\/strong>.<\/p>\n<p>El trabajo de Ahmed se lo recuerda casi a diario. \u201cHe encontrado aqu\u00ed los restos de 15 cuerpos hasta ahora\u201d, dice.<\/p>\n<p>Muchos de los restos encontrados han sido enterrados, pero a\u00fan quedan algunos huesos esparcidos. Ahmed atraviesa el parque y recoge una mand\u00edbula humana. \u201cEs aterrador. Me hace temblar\u201d.<\/p>\n<p>Nos muestra otro hueso y, sosteni\u00e9ndolo con inocencia junto a su pierna, dice: \u201cEste es el hueso de una pierna, como la m\u00eda\u201d. Ahmed confiesa que <strong>ya no se atreve a so\u00f1ar con un futuro<\/strong>.<\/p>\n<p>\u201cDesde que empez\u00f3 la guerra he tenido la certeza de que estaba destinado a morir. As\u00ed que dej\u00e9 de pensar en lo que har\u00eda en el futuro\u201d.<\/p>\n<figure><figcaption>\u201cOjal\u00e1 me dieran pr\u00f3tesis para poder volver a casa caminando e ir a la escuela\u201d, dice Zaher.<\/figcaption><\/figure>\n<p>La destrucci\u00f3n de las escuelas ha puesto a\u00fan m\u00e1s en peligro el futuro de los ni\u00f1os. Millones de personas ya no reciben educaci\u00f3n. Pero Zaher es uno de los pocos afortunados. \u00c9l y sus amigos asisten a la escuela en un aula improvisada, instalada por voluntarios en una casa abandonada.<\/p>\n<p>Los ni\u00f1os responden en voz alta, escriben en la pizarra, cantan canciones e incluso hay algunos ni\u00f1os traviesos haciendo tonter\u00edas al fondo de la clase.<\/p>\n<p>Escuchar el sonido de los ni\u00f1os aprendiendo y riendo, en un pa\u00eds donde las oportunidades para ser ni\u00f1o son tan limitadas, es como un n\u00e9ctar. Cuando les preguntamos c\u00f3mo deber\u00eda ser la infancia, los compa\u00f1eros de Zaher responden con la inocencia intacta: \u201cDeber\u00edamos estar jugando, estudiando, leyendo\u201d.<\/p>\n<p>Pero el recuerdo de la guerra nunca est\u00e1 lejos. \u201cNo deber\u00edamos tener miedo de las bombas ni de las balas\u201d, interrumpe Zaher. <strong>\u201cDeber\u00edamos ser valientes\u201d<\/strong>.<\/p>\n<p>Su maestra, Amal, lleva 45 a\u00f1os ense\u00f1ando. Nunca hab\u00eda visto ni\u00f1os tan traumatizados. \u201cLa guerra los ha afectado mucho\u201d, afirma.<\/p>\n<p>\u201cSu salud mental, su vocabulario. Hablan el lenguaje de las milicias. Maldiciones violentas, incluso violencia f\u00edsica. Llevan palos y l\u00e1tigos, con ganas de golpear a alguien. Se han vuelto muy ansiosos\u201d.<\/p>\n<p>El da\u00f1o causado por la guerra va m\u00e1s all\u00e1 del comportamiento. Con la mayor\u00eda de las familias desprovistas de ingresos, la escasez de alimentos es aguda.<\/p>\n<p>\u201cAlgunos estudiantes vienen de hogares sin pan, sin harina, sin leche, sin aceite, sin nada en absoluto\u201d, se\u00f1ala la maestra.<\/p>\n<p>Y, sin embargo, en medio de la desesperaci\u00f3n, los ni\u00f1os de Sud\u00e1n se aferran a fugaces momentos de alegr\u00eda. En un campo de f\u00fatbol deteriorado, Zaher se arrastra de rodillas por el suelo, decidido a jugar al deporte que m\u00e1s ama. Sus amigos lo animan mientras patea el bal\u00f3n.<\/p>\n<p>\u201cLo que m\u00e1s me gusta hacer es jugar al f\u00fatbol\u201d, dice sonriendo por primera vez. Cuando le preguntan de qu\u00e9 equipo es hincha, la respuesta es inmediata: \u201cEl Real Madrid\u201d. \u00bfSu jugador favorito? \u201cVinicius\u201d.<\/p>\n<p>Jugar de rodillas es extremadamente doloroso y podr\u00eda provocar m\u00e1s infecciones. Pero no le importa. El f\u00fatbol y sus amistades lo han salvado. Le han dado alegr\u00eda y una v\u00eda de escape de su realidad. Sin embargo, sue\u00f1a con las pr\u00f3tesis.<\/p>\n<p>\u201cOjal\u00e1 me las dieran para poder volver a casa caminando e ir al colegio\u201d, dice Zaher.<\/p>\n<p><em><strong>Por Nawal Al-Maghafi<\/strong><\/em><\/p>\n<p>La entrada El dilema imposible de una madre de gemelas en medio de la hambruna provocada por la guerra de Sud\u00e1n se public\u00f3 primero en DIARIO DIGITAL MORENO MEDIOS.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Touma lleva d\u00edas sin comer. Permanece sentada en silencio, con los ojos vidriosos, mientras mira sin rumbo a la sala del hospital. En sus brazos, inm\u00f3vil y gravemente desnutrida, yace su hija de tres a\u00f1os, Masajed. 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