{"id":195243,"date":"2025-08-24T08:39:51","date_gmt":"2025-08-24T11:39:51","guid":{"rendered":"https:\/\/radioacuariofm.com.ar\/?p=195243"},"modified":"2025-08-24T08:39:55","modified_gmt":"2025-08-24T11:39:55","slug":"el-cirujano-que-tuvo-la-brillante-idea-de-desinfectarse-las-manos-e-inspiro-a-los-creadores-de-listerine-y-johnson-johnson","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/radioacuariofm.com.ar\/?p=195243","title":{"rendered":"El cirujano que tuvo la brillante idea de desinfectarse las manos (e inspir\u00f3 a los creadores de Listerine y Johnson &amp; Johnson)"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/radioacuariofm.com.ar\/wp-content\/uploads\/2025\/08\/la-cirugia-no-era-una-cuestion-de-precision-2F6F7AYKVVBJDC7A6FHB4FKPAM-1.jpg\"\/><\/p>\n<p><\/p>\n<p>Era absolutamente insultante pretender que los doctores se lavaran las manos.Despu\u00e9s de todo,<strong> eso era insinuar que las ten\u00edan sucias <\/strong>y, como dej\u00f3 claro un obstetra del siglo XIX,<strong> \u201clos m\u00e9dicos son caballeros y las manos de un caballero siempre est\u00e1n limpias<\/strong>\u201d. Ya el m\u00e9dico h\u00fangaro<strong> Ignaz Semmelweis<\/strong> se hab\u00eda dado un duro golpe contra esa pared en la d\u00e9cada de 1840 tras implementar un sistema de lavado de manos para reducir la mortalidad en las salas de maternidad. Esto \u00faltimo lo logr\u00f3 de una manera espectacular.<\/p>\n<p>En abril de 1847 instal\u00f3 una cuenca llena de soluci\u00f3n de cal clorada en una salas obst\u00e9tricas del Hospital General de Viena, Austria, y <strong>comenz\u00f3 a salvar vidas de mujeres con tres simples palabras: \u201cl\u00e1vese las manos\u201d<\/strong>. En cuesti\u00f3n de un mes, las tasas de mortalidad se redujeron de un 18,3% a 2%.<\/p>\n<p>Si los resultados de esa experiencia y las que siguieron hubieran convencido a todos sus colegas de los m\u00e9ritos de su teor\u00eda, quiz\u00e1s aquello de lavarse las manos se habr\u00eda extendido m\u00e1s all\u00e1 del campo de la obstetricia. Pero no fue as\u00ed.<\/p>\n<p>Semmelweis termin\u00f3 confinado en un manic\u00f3mio pues sus pares pensaron que su obsesiva insistencia en el lavado de las manos <strong>era una locura<\/strong>. La ciencia tendr\u00eda que avanzar m\u00e1s antes de que la higiene se empezara a considerar indispensable para la salud, dentro y fuera de los hospitales.<\/p>\n<p>Ese mismo abril de 1847, en el <em>University College Hospital <\/em>de Londres, John Phillips Potter, un joven experto en Anatom\u00eda, se ara\u00f1\u00f3 un nudillo durante la disecci\u00f3n de un cad\u00e1ver infectado. No le prest\u00f3 mucha atenci\u00f3n, pero <strong>la infecci\u00f3n se propag\u00f3 inexorablemente y, tres semanas despu\u00e9s, muri\u00f3 de septicemia<\/strong>.<\/p>\n<p>\u201cLas v\u00edctimas de la disecci\u00f3n deben ocupar un lugar distinguido entre los m\u00e1rtires de la ciencia y el conocimiento\u201d, coment\u00f3 la revista m\u00e9dica<em> The Lancet<\/em>. \u201cPodemos salvar a nuestros artesanos de las minas y los telares y las ruedas de muchos de los peligros incidentes a sus llamamientos, pero nuestro arte no ha podido, hasta ahora, liberar a nuestros propios trabajadores de este veneno destructivo\u201d, a\u00f1adi\u00f3.<\/p>\n<p>Entre la multitud que asisti\u00f3 al entierro estaba Joseph Lister, uno de los estudiantes de Medicina a los que Potter hab\u00eda instruido.<\/p>\n<figure><figcaption>En 1847 Lister ten\u00eda 20 a\u00f1os, una licenciatura en Arte, y estaba estudiando Medicina. Pero tuvo que suspender sus estudios por un a\u00f1o pues, tras enfermarse de viruela, cay\u00f3 en una depresi\u00f3n.Getty Images<\/figcaption><\/figure>\n<p>Lister hab\u00eda crecido en un ambiente en el que la vida de los organismos m\u00e1s peque\u00f1os estaba muy presente. Su padre, Joseph Jackson, adem\u00e1s de ser un pr\u00f3spero mercader de vino, dedicaba su tiempo libre a la investigaci\u00f3n y <strong>hab\u00eda inventado la lente acrom\u00e1tica<\/strong>, que transform\u00f3 al microscopio de ser un juguete cient\u00edfico a herramienta de descubrimiento.<\/p>\n<p>Algunos de esos organismos peque\u00f1os que los microscopios estaban poniendo en evidencia hab\u00edan matado a su instructor, y tambi\u00e9n, como confirmar\u00eda luego, <strong>a millones de personas en los hospitales de todo el mundo<\/strong>.<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n era tan desesperada que llev\u00f3 al doctor James Y. Simpson, uno de los cirujanos que <strong>contribuy\u00f3 a la introducci\u00f3n de la anestesia<\/strong>, a afirmar que \u201cun hombre acostado en la mesa de operaciones en uno de nuestros hospitales quir\u00fargicos est\u00e1 expuesto a m\u00e1s posibilidades de muerte que un soldado ingl\u00e9s en el campo de batalla de Waterloo\u201d.<\/p>\n<p>Efectivamente, en las salas quir\u00fargicas y de recuperaci\u00f3n, las infecciones se propagaban de paciente a paciente como incendios forestales. Ning\u00fan cirujano pod\u00eda estar seguro de que su paciente sobrevivir\u00eda tras una intervenci\u00f3n. <strong>La tasa de mortalidad por operaciones quir\u00fargicas mayores o amputaci\u00f3n de extremidades llegaba a rondar el 40%<\/strong>, y a alcanzar el 60% en hospitales franceses. Incluso las operaciones m\u00e1s simples conllevaban un alto riesgo de muerte por infecci\u00f3n.<\/p>\n<p>De hecho, las infecciones en los hospitales eran tan comunes que el fen\u00f3meno lleg\u00f3 a tener dos nombres: <strong>fiebre de sala y hospitalismo<\/strong> (este \u00faltimo a\u00fan se usa, pero para describir otro problema).<\/p>\n<figure><figcaption>Un soldado de la Guerra Civil estadounidense con gangrena hospitalaria en el brazo (1861-65).Wellcome Collection<\/figcaption><\/figure>\n<p>Se culp\u00f3 a los hospitales por esto, y se habl\u00f3 mucho de cerrarlos y de que los pacientes fueran atendidos en casa. Pero aunque hubiera algo de raz\u00f3n en ello, sin encontrar la causa no se pod\u00eda encontrar una soluci\u00f3n realmente efectiva. Y esa causa era todo un misterio: hab\u00eda teor\u00edas pero la ciencia m\u00e9dica segu\u00eda <strong>desconcertada por las infecciones persistentes <\/strong>que manten\u00edan las tasas de mortalidad obstinadamente altas.<\/p>\n<p>Lister, quien tras graduarse de m\u00e9dico se enamor\u00f3 de la cirug\u00eda y se fue a trabajar a Edimburgo, Escocia, sufr\u00eda al ver c\u00f3mo muchos de sus pacientes desarrollaban <strong>complicaciones posoperatorias serias o incluso fatales<\/strong>. En 1855, le mostr\u00f3 una herida que se estaba curando sin supurarse a Batty Tuke, en ese entonces el psiquiatra m\u00e1s influyente de Escocia, y le dijo: \u201cEl objetivo principal de mi vida es descubrir c\u00f3mo conseguir este resultado en todas las heridas\u201d.<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde, como Profesor Regius de Cirug\u00eda y a cargo de las salas de operaciones en la Universidad de Glasgow, el problema estaba constantemente presente, en su d\u00eda a d\u00eda y en su mente.<\/p>\n<p>Desde hac\u00eda a\u00f1os hab\u00eda notado una marcada diferencia en el resultado entre fracturas simples, cuando la piel quedaba intacta, y fracturas compuestas, en las que la superficie de la piel se romp\u00eda y a menudo terminaban en \u201cgangrena hospitalaria\u201d y amputaci\u00f3n.<\/p>\n<figure><figcaption>Pasteur aport\u00f3 la teor\u00eda para lo que Lister puso en pr\u00e1ctica. Ambos eran venerados por reducir enfermedades e infecciones. Aqu\u00ed Lister (subiendo los escalones) felicita a Pasteur en su 70\u00ba cumplea\u00f1os, Par\u00eds, 1892.Wellcome Collection<\/figcaption><\/figure>\n<p>Un d\u00eda estaba charlando con un colega, el profesor Thomas Anderson, y este mencion\u00f3 que en Francia el famoso qu\u00edmico <strong>Louis Pasteur <\/strong>hab\u00eda demostrado que si fluidos susceptibles a la fermentaci\u00f3n y la putrefacci\u00f3n se manten\u00edan libres de contacto con el aire, se manten\u00edan frescos.<\/p>\n<p>M\u00e1s relevante a\u00fan, el bi\u00f3logo franc\u00e9s hab\u00eda revelado que la leche se agriaba y el jugo de uva se fermentaba debido al crecimiento y la acci\u00f3n de diminutas part\u00edculas vivas (microbios) que pod\u00edan transportarse en el aire.<\/p>\n<p>A Lister se le ocurri\u00f3 de inmediato probar si al interponer un escudo antis\u00e9ptico entre una herida -como las que quedaban tras una operaci\u00f3n- y el entorno, se pod\u00edan prevenir las complicaciones s\u00e9pticas. Era 1865 y poco despu\u00e9s de esa afortunada conversaci\u00f3n, un ni\u00f1o de Glasgow de 11 a\u00f1os de edad <strong>contribuy\u00f3 involuntariamente a hacer historia<\/strong>.<\/p>\n<p>Se llamaba James Greenlees y lo hab\u00eda atropellado un carruaje en la calle, as\u00ed que lo llevaron a la sala de emergencias de la Glasgow Royal Infirmary. El ni\u00f1o ten\u00eda una <strong>fractura compuesta<\/strong> -la pesadilla de los cirujanos- en la pierna izquierda. Lister decidi\u00f3 experimentar.<\/p>\n<p>Hab\u00eda pensado que para matar a los microbios pod\u00eda usar un qu\u00edmico; despu\u00e9s de todo, las sustancias \u201cantis\u00e9pticas\u201d hab\u00edan sido utilizadas desde tiempos inmemoriales. Opt\u00f3 por una sustancia que sol\u00eda usarse para limpiar el alcantarillado en la ciudad de Carlisle y estaba disponible como una soluci\u00f3n de <strong>\u00e1cido carb\u00f3lico al 5%<\/strong>.<\/p>\n<p>Dispuso que <strong>las manos, la ropa, los instrumentos quir\u00fargicos y las heridas deb\u00edan lavarse con ese qu\u00edmico<\/strong>. Al terminar la operaci\u00f3n, aplic\u00f3 un vendaje ba\u00f1ado en \u00e1cido carb\u00f3lico y, crucialmente, orden\u00f3 que el ap\u00f3sito fuera renovado varias veces a medida que pasaban los d\u00edas.<\/p>\n<figure><figcaption>Joseph Lister dirigiendo el uso de \u00e1cido carb\u00f3lico en aerosol en una de sus primeras intervenciones quir\u00fargicas antis\u00e9pticas, circa 1865.Getty Images<\/figcaption><\/figure>\n<p>La herida comenz\u00f3 a<strong> formar costras y sanar<\/strong>. Despu\u00e9s de seis semanas, Greenlees fue dado de alta, completamente recuperado. Fue el primer \u00e9xito de Lister con esta t\u00e9cnica.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s te sorprenda que algo tan sencillo -y hoy en d\u00eda obvio- fuera tan revolucionario. Pero es que hasta entonces los cirujanos <strong>reutilizaban vendajes o dejaban las heridas sin protecci\u00f3n<\/strong>. De hecho, la higiene en los hospitales era deplorable. Hab\u00eda trapos viejos, esponjas e instrumentos sucios esparcidos por la sala de operaciones.<\/p>\n<p>Los doctores, practicantes y auxiliares circulaban libremente entre los pacientes vivos que trataban y los muertos que diseccionaban o a los que les hac\u00edan la autopsia. En el aire flotaba siempre un inquietante <strong>olor ligeramente nauseabundo de putrefacci\u00f3n<\/strong> que se aferraba a la ropa del personal y los pacientes. Los cirujanos rara vez limpiaban el equipo quir\u00fargico <strong>ni se lavaban las manos antes de las operaciones<\/strong>.<\/p>\n<figure><figcaption>Lister durante su ronda de pacientes en el Hospital Real de Glasgow, circa 1867 cuando anunci\u00f3 que sus pacientes llevaban 9 meses sin sepsis.Getty Images<\/figcaption><\/figure>\n<p>A pesar de sus incontrovertibles pruebas,<strong> las observaciones de Semmelweiss no hab\u00edan tenido ning\u00fan impacto<\/strong> en las autoridades m\u00e9dicas conservadoras de la \u00e9poca.<\/p>\n<p>Tr\u00e1gicamente, el d\u00eda despu\u00e9s de que Lister prob\u00f3 con \u00e9xito el tratamiento antis\u00e9ptico en el ni\u00f1o en Glasgow, Semmelweis muri\u00f3, precisamente de una infecci\u00f3n quir\u00fargica en Budapest, Hungr\u00eda. Lister no supo del trabajo de Semmelweis hasta 1883; cuando se enter\u00f3 de los detalles <strong>lo declar\u00f3 su precursor<\/strong>. Para ese entonces, la esterilizaci\u00f3n de instrumentos y el lavado de manos se practicaban ampliamente, <strong>a pesar de la resistencia inicial de muchos eminentes cirujanos<\/strong>.<\/p>\n<p>Tras tratar 11 casos como el de Greenlees, de los cuales <strong>nueve se curaron sin infecci\u00f3n<\/strong>, el 16 de marzo de 1867 Lister public\u00f3 en <em>The Lancet <\/em>un art\u00edculo titulado \u201cUn nuevo m\u00e9todo para tratar fracturas compuestas\u201d. Marc\u00f3 el <strong>nacimiento de la cirug\u00eda moderna<\/strong>, seg\u00fan el eminente doctor e historiador Zachary Cope (1881-1974).<\/p>\n<p>Lister describi\u00f3 los resultados positivos para sus pacientes: extremidades \u201cque sin duda habr\u00edan estado condenadas a amputaci\u00f3n\u201d debido a la probabilidad de infecci\u00f3n \u201cpueden conservarse con la confianza de obtener los mejores resultados\u201d. Y eso, que ya de por s\u00ed era invaluable, apenas era el principio.<\/p>\n<p>Por temor a las infecciones y sus estragos, los cirujanos casi nunca se arriesgaban a hacer operaciones que involucraran hacer incisiones, <strong>ni siquiera a drenar abscesos<\/strong>. Con su m\u00e9todo, los abscesos pod\u00edan drenarse; las incisiones, sanarse, y los hospitales, tornarse en lugares m\u00e1s saludables. \u201cComo parece no haber dudas sobre la causa de este cambio, la importancia del hecho dif\u00edcilmente puede exagerarse\u201d, escribi\u00f3 Cope.<\/p>\n<p>Con todo y eso, al principio, el enfoque antis\u00e9ptico de Lister tuvo una <strong>recepci\u00f3n mixta que iba desde la aclamaci\u00f3n hasta la feroz oposici\u00f3n<\/strong>, esta \u00faltima particularmente en Reino Unido y Estados Unidos. Pero Lister se mantuvo firme, perfeccionando su m\u00e9todo constantemente, y para 1871 su r\u00e9gimen antis\u00e9ptico hab\u00eda ganado tal aceptaci\u00f3n que la reina Victoria lo convoc\u00f3 para extirparle un tumor del brazo.<\/p>\n<p>Con el tiempo, fue nombrado cirujano personal de la reina y honrado con un t\u00edtulo nobiliario. Su m\u00e9todo <strong>se extendi\u00f3 por toda Europa a lo largo de la d\u00e9cada de 1870<\/strong>. En 1876, el infatigable Lister cruz\u00f3 el oc\u00e9ano para llevar sus t\u00e9cnicas pioneras a Estados Unidos, logrando no s\u00f3lo que las adoptaran sino inspirando a otros a crear productos que siguen siendo familiares.<\/p>\n<p>Uno de los asistentes a una de sus conferencias en EE.UU. fue el doctor Joseph Joshua Lawrence, quien desarrollar\u00eda una <strong>f\u00f3rmula de un antis\u00e9ptico para m\u00faltiples usos<\/strong>. Lo nombr\u00f3 en honor al hombre que lo inspir\u00f3: <strong>Listerine<\/strong>.<\/p>\n<p>Otro asistente a la misma conferencia, Robert Wood Johnson, se sinti\u00f3 igualmente inspirado y con sus dos hermanos <strong>cre\u00f3 una empresa para fabricar los primeros ap\u00f3sitos y suturas quir\u00fargicas est\u00e9riles<\/strong> producidos en masa seg\u00fan los m\u00e9todos de Lister. Esa empresa era <strong>Johnson &amp; Johnson<\/strong>.<\/p>\n<p>Para 1890, el mundo entero hab\u00eda aceptado la gran innovaci\u00f3n de Lister, y los microbios que causaban la sepsis hab\u00edan sido identificados y cultivados. A fines de esa d\u00e9cada, los m\u00e9todos antis\u00e9pticos de Lister llevaron a una<strong> cirug\u00eda as\u00e9ptica y a la introducci\u00f3n de instrumentos est\u00e9riles en quir\u00f3fanos<\/strong>. En 1898 el uso de guantes de goma y el lavado de manos del cirujano eran de rigor. A finales de siglo, los cirujanos realizaban regularmente m\u00e1s tipos y cantidades de operaciones internas exitosas.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de haber sido el primero en aplicar los principios de Pasteur a los humanos, Lister hizo varias otras <strong>contribuciones a la ciencia m\u00e9dica<\/strong>, desde aislar por primera vez bacterias en cultivo puro (<em>Bacillus lactis<\/em>) hasta ser pionero en el uso de catgut y tubos de goma para el drenaje de heridas, entre otras. Sin embargo, es recordado primordialmente como el <strong>innovador que revolucion\u00f3 la historia de la cirug\u00eda<\/strong>, dividi\u00e9ndola en dos eras: la que vino antes y la que vino despu\u00e9s de \u00e9l.<\/p>\n<p><em>Por Dalia Ventura<\/em><\/p>\n<p>La entrada El cirujano que tuvo la brillante idea de desinfectarse las manos (e inspir\u00f3 a los creadores de Listerine y Johnson &amp; Johnson) se public\u00f3 primero en DIARIO DIGITAL MORENO MEDIOS.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Era absolutamente insultante pretender que los doctores se lavaran las manos.Despu\u00e9s de todo, eso era insinuar que las ten\u00edan sucias y, como dej\u00f3 claro un obstetra del siglo XIX, \u201clos m\u00e9dicos son caballeros y las manos de un caballero siempre est\u00e1n limpias\u201d. 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